Anastasia observó de reojo a su prima Darya. La muchacha roncaba como un cerdo atragantado. En otras circunstancias Anastasia podría reírse de ella, pero en esos momentos no tenía el más mínimo interés en reír. Su mente divagaba en todo y a la vez en nada. Estaba acostada al lado de Darya. La fresca primavera se veía a través de la pequeña r*****a, que Anastasia había dejado a propósito cuando volvió a tapar el ventanal roto. El suspiro que salió de sus labios fue sonoro y se mezcló con los ronquidos de Darya. Anastasia frunció el ceño antes de girar el cuerpo y quedar de frente con la pared, dándole la espalda a su prima. —¿Cómo le explicarás al teniente esos ronquidos cuando se dé cuenta, que lo que duerme a su lado no es una mujer sino un cerdo? —susurró en protesta. Era muy tempran

