Anastasia salió de su casa, bajó las escaleras con lentitud y tomó el tranvía. La sensación fue lo más emotivo que su corazón llegó a sentir en los últimos meses de guerra. De alguna forma era como si ya los años oscuros hubiesen terminado. Anastasia sintió el sol abrasador en su piel. El picor la hizo sentirse viva. El tiempo pasaba, las estaciones se iban consumiendo y ella aun seguía en pie. Ella cerró los ojos en cuento sintió la brisa veraniega. Los cabellos rojos, que le habían crecido debajo de los hombros ondearon en el aire, como cometas libres que se alzaban al cielo. Era un increíble día decorado por un borde n***o; la guerra que se libraba. Anastasia volvió a abrir los ojos cuando el tranvía se detuvo en la estación. Con rapidez se bajó del vehículo y corrió a lo largo de

