Anastasia salió de la habitación mientras seguía los grandes pasos que daba Nikolái sobre el suelo. Ella se sentía débil y demasiado pequeña frente a él. Quería sentarse y hablar un rato, pero las palabras simplemente no querían salir de su boca. Parecía que nada de lo que podían hablar era lo suficientemente interesante. Anastasia se encontraba desanimada por la situación. —Anastasia, ¿cómo te sientes? —preguntó Nikolái después de un rato—. Te veo un poco pálida, ¿estás bien? Anastasia le restó importancia a lo que decía Nikolái —No me pasa nada —negó—. Es lo mismo de siempre… el hambre, el frío. Ya sabes. —Anastasia, debes tener mucho cuidado, ¿de acuerdo? Tatiana está enferma y puede complicarse. —¿Por qué lo dices? ¿No dices que tiene cura? —Sí, hay un tratamiento, pero los hosp

