Vamos a aplastarlo

1670 Palabras
Luna realizó el trabajo pendiente y, después de percatarse de algunos puntos importantes, mandó a llamar a José para mostrarle de qué se trataba. Ella estaba en la oficina y la puerta se abrió. Continuó en el laptop pensando que había llegado José y reaccionó cuando un aroma femenino golpeó su nariz, haciendo que su mirada preste atención a la mujer que se había presentado sin antes tocar a la puerta y se mantenía frente a ella sin pronunciar una sola palabra. Esa mujer era alta, de cabellos rubios, piel fina y ojos azules. De lejos, Luna pudo reconocer que se trataba de la misma mujer que aparecía en la foto junto a Adán. Esa mujer sacó unos lentes de sol gigantes de su rostro y miraba detenidamente a Luna. Ella, en todo momento, se mantuvo en su escritorio asombrada, pero luego de reaccionar, no sabía qué decir, así que la saludó. —Buenas tardes. —¿Buenas? No creo que sean tan buenas después de un accidente tan horrible que cobró la vida de mi esposo. Luna cada vez estaba más confundida ¿Su esposa? Ella se volvió a quedar en pausa y después de volver a encontrarse con su mirada aclaró su garganta. —Solo, solo es un saludo. ¿Deseas algo, señora? —Así es… Luna escasamente hablaba al percatarse del embarazo avanzado de la mujer. Ella se sentía confundida y esta condición la hizo quedarse sin palabras. —¡Estoy hablando sola o eres una maleducada! —gritó tratándola con evidente desprecio. —¿Qué son esos gritos? —se presentó José y miró a Eva. —Estoy siendo maltratada y solo le exijo respeto a esta maleducada secretaria. —No es momento de berrinches, señora. En este momento tendremos una reunión y no podremos atenderla. —¿Tú si me vas a responder qué clase de relación es la que tiene Adán con su secretaria? —Le acabo de decir que en este momento no tenemos tiempo, y por todo lo que acaba de ocurrir creo que no es prudente este tipo de comportamiento. Ella de inmediato cambió de papel y se hizo la más triste por lo que estaba ocurriendo —¿Ninguna noticia? ¿Ya es un hecho su muerte? —Aún no hay nada confirmado, señora. José la sacó de la oficina e insistió en que tenía una reunión importante. Le tomó un buen rato, que para él fue muy desagradable antes de hacerla salir de la empresa. A su regreso encontró a Luna con los ojos vidriosos y ella no se quedó en silencio. —Él sí estaba casado ¿Cierto? —él negó con la cabeza —Acabo de ver su vientre, José. —Hace meses salió su divorcio. Ella se fue sin nada y con miedo a ser destruida por las cámaras de los paparazzi y revistas de farándula. El divorcio salió de inmediato gracias a las pruebas de infidelidad que presentó mi jefe en su contra. Ellos no son un matrimonio, bueno. No eran un matrimonio —Pero… ¿Tendrá un hijo? —Aquí lo importante es llegar a las pistas necesarias. Ahora que la veo, también la pondré como sospechosa. —Tengo dos cosas importantes que decirte con respecto a eso, pero ¿puedes responder a mi pregunta? —Ese mismo tema tenía a Adán algo nervioso, y en cuanto se enteró de su embarazo inició las investigaciones, pero con lo que acaba de ocurrir todo quedó pausado y creo que ella puede tener algo que ver. —Acércate, tengo algo para mostrarte. —Dame unos minutos e iniciaremos la reunión. —Él se colocó de pie para ir por los abogados y ella lo detuvo. —Quiero que primero me ayudes a descifrarlo y luego iniciamos la reunión. Él de inmediato se devolvió y, aunque entendía a medias lo que veía en el laptop, pudo saber quién era el principal sospechoso. —¡Es un maldito! —exclamó José apretando su puño. —Yo lo conocí cuando se presentó en la empresa, alegando que necesitaba una reunión con Adán para proponerle algo importante. —¿Estaba enterado del yacimiento de petróleo y por eso quería comprar el terreno? —Estoy completamente segura de eso. Anoche llamé a la señora Danna y me aclaró la única duda que tenía. —¿Danna? —Sí. Ella es una señora que ganó la lotería iniciando el año y presentó tres propuestas de compras. No entendí nada de porqué tanta insistencia y, como no conseguí mucha información sobre ella, la contacté y ella misma me dijo que un hombre le ofrecía mucho dinero si lograba efectuar la compra. Yo le insistí en conocer a la persona tan poderosa e interesada en las tierras y ella me envió la foto de la persona pidiendo discreción absoluta. Ella le mostró la imagen a José y él de inmediato pudo conocer el rostro de Carlos. Esto provocó en él un fuego que amenazaba con quemarlo después de tanta rabia hacia una persona ingrata y desleal. —Voy por los abogados y demás asesores. Ellos tienen que escuchar toda esta información. ¡Vamos a aplastarlo! Él quería salir corriendo, pero ella lo detuvo —Tengo algo más. —Nada puede ser más importante que lo que acabas de descubrir. —Creo que sí —ella le mostró su celular con algunas llamadas perdidas. —No entiendo. —El accidente se produjo ayer después del mediodía ¿Cierto? —A las 1:45 PM para ser exacto. —Estas llamadas me las hicieron en la noche y en el momento que esa mujer estuvo aquí. —No lo entiendo. —José. Este es el número con el que Adán se comunicaba conmigo, desde ese número manteníamos contacto. —¡No puede ser! —Estoy muy nerviosa, pues llevaba su celular junto él y dicen que en el accidente todo se perdió. ¿Cómo está encendido ese celular entonces? —¡Llama! —¿Sí? —¡Devuelve la llamada! —José sintió una esperanza que no había sentido desde que recibió la mala noticia. Ella de inmediato tomó el celular y esperó a que respondiera a la llamada. —Hello. Escuchó esa voz y de inmediato por sus mejillas corrían sus lágrimas. —¡Eres tú! —No quiero que nadie más sepa que estoy vivo hasta que se llegue al culpable. —¿Estás bien? —Sí, estoy muy bien, pero no quiero que nadie se entere. Esta noche iré a tu apartamento y allá voy a quedarme por unos días. —José está aquí conmigo, le conté de la llamada… —Necesito hablar con él. Con mucha emoción, los ojos húmedos y sintiendo felicidad en su corazón, tomó el celular y escuchó la voz de su jefe. Ellos hablaron por un rato y quedaron en encontrarse en la noche para ir hasta el apartamento de Luna. Así estaría más tranquilo y hablarían de lo sucedido en total anonimato. —Ahí estaré, señor. —No... —Él ya había terminado la llamada y Luna parecía tener algo más para decir, pero ya no estaba. —Esta noche lo llevaré a su apartamento en la madrugada, por favor no hable sobre esto con nadie. —Me iré más temprano para tener todo preparado para su llegada. Usted debería ayudarme y llevar las cosas que consideré más útiles para él, ya que lo conoces mejor y debe estar cómodo. —¿Y la reunión? ¿Qué haremos con las personas que esperan por nosotros? —No podemos decir nada hasta conocer lo que desea hablar con nosotros Adán. —¡Shhh! El señor fue muy claro cuando dijo que nadie se podía enterar de nada. Y lo peor es que no sé cómo podré excúsame después de tenerlos por tanto rato esperando. —Déjamelo a mí. Tú encárgate de tener en el auto lo que consideres esencial para él, por lo menos por esta noche. Yo le voy a presentar las pruebas que apuntan a ese Carlos como principal sospechoso. —Excelente, con eso lo podemos dejar tranquilos. Luna tomó su laptop y un poco de energía, luego se dirigió a la oficina con la esperanza de que lo poco que tenía a mano funcionara y diera tiempo a dar el siguiente paso. Mientras José fue abordado a la salida de la empresa por Clara (el ama de llaves de Eva), ella no había planeado el encuentro, pero de alguna manera el destino hizo que se encontraran. —¡José! —se acercó asombrada de volver a verlo. —Un placer verte después de mucho tiempo. ¿Cómo estás? —Estoy muy emocionada de volver a verte. —Yo también, pero en este momento tengo cosas que hacer y no te puedo atender como lo mereces. Ella hizo un rostro de tristeza para llamar su atención —¿Ya no es igual que antes? En cambio, él estaba muy decidido a terminar la conversación e iniciar a preparar todo como se lo había pedido Luna. —Espero volver a encontrarte en otra ocasión. —¿De verdad te irás así? —Ya te he dicho que estoy algo apurado, pero prometo buscarte más adelante. —¿Es por lo sucedido con tu jefe, cierto? Es algo muy lamentable. ¡Lo siento mucho! —Así es. —Él intentó seguir caminando y ella sostuvo su mano. —Debo irme Clara, por favor. —Una fecha para reunirnos. —El domingo sacaré un espacio para encontrarnos. Aquí te dejo mi número. —terminó pasándole una tarjeta. Sus deseos de marcharse eran más que evidentes y Clara no pudo detenerlo por más tiempo. Ella lo observó y en ese momento lo encontró más atractivo. No pensó en lo que había planeado debido al tema del accidente, pero reencontrarse con él y verlo tan apuesto como siempre, era una oportunidad que no tenía planeado dejar pasar. No después de recordar todo lo que hicieron juntos y lo mucho que lo disfrutaron.
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