Su calma.

1526 Palabras
De regreso a su apartamento, Eva se quedó pensativa y su expresión era de tristeza, pues la vida le había negado la segunda oportunidad que había regresado a buscar. —Permiso, señora. ¿Se encuentra bien? Desde su regreso de la empresa la siento distraída y pensativa. —Me duele, Clara. Todo lo sucedido con mi Adán y ahora su posible fallecimiento me tienen muy triste. —Es una lástima la pérdida del señor Thompson. Todos están tristes por su pérdida; hoy, cuando vi a José, lo noté en su rostro. —¿Fuiste a la empresa a buscarlo? —No. Fui por su abrigo, ya que lo había dejado en la empresa, y lo vi salir. Fue cuando me acerqué, aunque no hablamos mucho, debido a que llevaba afán, pero igual logré obtener su número. —¿Iba de salida? —Clara, asintió —Él me aseguró que tenía una reunión muy importante. Me parece extraño que haya salido después. —El domingo le daré más detalles, pues quedamos en reunirnos. —Sí. Siento que me ocultan algo y me servirá de mucho tenerte cerca de él. Clara, como primer objetivo, deseaba acercarse a José, porque lo vio muy apuesto. Le parecía extraño que la señora quisiera más información después del fallecimiento del señor Thompson, pero no le importaba, ya que estaba muy segura de disfrutar de aquella investigación. Mientras José organizaba todo y a medianoche se encontró con su jefe. Durante el camino le habló del descubrimiento de Luna y esto lo hizo molestarse demasiado. —Llama a Luna y qué confirme que todos duermen. —Acaba de enviar un mensaje, al parecer vio el auto. —Bien, ahora puedes ir a dormir y mañana arreglaremos los pormenores. —¿Hasta mañana? —preguntó sorprendido, pues Adán no habló sobre nada. —Es lo que he dicho. Ahora no tengo deseos de nada. —En ese momento Luna salió a recibirlo y él la miró —Bueno, solo de ella. Con las palabras escuchadas, José entendió y, después de dejar a su jefe, se marchó. Luna se sorprendió bastante y su mirada se quedó pegada en el auto que iba en movimiento, pero cuando Adán se acercó, la tomó con firmeza y arrebató sus labios. En ese momento no lo sintió tan sutil, e incluso sintió sus labios arder después de un beso. —¡Auch! —sé quejó y lo miró algo asustada debido a su actitud. —¡Te quiero follar! —¡Estás aquí! No imaginas la alegría que siento al verte. Él juntó sus frentes y la miró a los ojos ardiendo en deseo. Mientras ella sentía mucha facilidad de poder volver a verlo y estar completamente segura de que no había muerto. —¡Estás aquí! —susurró con su pecho latiendo de felicidad. —Aqui estoy, ahora entremos. La tomó de la mano y dejó sus zapatos en la entrada para no hacer ruido, luego se fueron a la habitación de Luna y él inició a besarla, lo hacía diferente, la suavidad se había marchado y ella sentía algo de incomodidad. Él sacó su vestido y con su corbata cubrió su boca. Luego rompió su ropa interior y la azotó con una fuerte nalgada, dejando su mano marcada en aquella delicada y blanca piel. —¡No! —se quejaba. Pero él no le hizo caso y continuó rudo. Después de lamer su cuerpo la lanzó sobre la cama de perrito y cuando entró en ella la sintió quejarse. —¡Auch, duele! Las lágrimas corrían por sus mejillas y al verla tan exaltada, él quitó la corbata de su boca, acomodó su pantalón y se sentó sobre la cama. No dijo una palabra más y solo se quedó allí sentado con su respiración agitada. Pasaron unos minutos y, como él no dijo nada, Luna tomó sus cosas para marcharse. —¿No te vas a quedar conmigo? —la detuvo su voz. Ella negó con la cabeza y luego lo miró con sus ojos húmedos —No. Él se puso de pie y caminó muy rápido hacia ella, luego la abrazó fuerte. En esa ocasión ella pudo sentir la sutileza, pero ya no podía dejar de llorar. —No me dejes solo, por favor… —Bien, pero no me lastimes. Él suspiró pesadamente y se retiró. —Tienes razón, tú no mereces un desgraciado como yo en tu vida. Te pido una disculpa por lo de hace rato. —Lo entiendo. Ella se sintió maltrata y ya había tomado la decisión de marcharse, pero él no quería quedarse solo. —No quiero estar solo, tengo miedo. Ella se dio vuelta y lo miró, fue allí cuando notó su mirada perdida —¿Miedo? —Llegué al aeropuerto tarde, pues amanecí contigo y no quería dejarte ir. Cuando me presenté aún tenía tiempo, pero decidí comer algo y dejé que ellos se adelantarán solo para regresar aquí y volver a sentirte mía. Él se acercó y la abrazó. Le parecía mentira que de solo tenerla cerca sentía tranquilidad, era como magia. —Por eso estás aquí, no llegaste abordar el avión. —Desde un principio me negué a ir hacia Venezuela. Ahora entiendo por qué. Al parecer, mi cuerpo me alertaba sobre el peligro. —¿José te ha contado sobre los compradores y posibles interesados? —Me adelantó algo. Ella tomó su laptop y le mostró todo lo que había descubierto, así él lo pudo observar con sus propios ojos. —¡Maldito! —Todas las propuestas de compras fueron hechas por él desde varios perfiles y esto lo pude descubrir porque le hice llamadas a cada uno. —Necesito tener esta información. No podemos dejar que ese maldito se salga con la suya. —Te he enviado la información a tu correo, también adjunto envié fotos y pruebas. —Bien, en la mañana se la enviaré a mis hombres para que me transmitan una orden de arresto. —¿Cómo piensas regresar a la vida y que todos sepan que no estás muerto? —Primero debo usar la confianza que tiene mi amigo pensando que estoy muerto, así lo arrestan y yo regreso a mis asuntos. Luna estaba muy preocupada por todo el tema y él acarició su cabello hasta que ella se durmió como una niña pequeña. En cambio, él no logró conciliar el sueño y de inmediato empezó a trabajar con la orden de arresto. No sé podía ir a dormir sabiendo que el hombre que intentó acabar con su vida estaba en algún lugar muy tranquilo. A la mañana siguiente cuando Luna abrió los ojos, él ya no estaba y ella solo pudo llorar, pues no sabía en qué se había metido y en ese punto de lo que sea que ellos tenían, solo podía sentir miedo. —Hija, ¿ya viste las noticias? En la madrugada encontraron a tu jefe con vida. Dijo que no abordó el avión. —Sí, qué alegría. Sarah se sorprendió al ver el rostro inexpresivo de su hija y de inmediato se preocupó —¿Ya lo sabías? —Así es. Él anoche estuvo aquí y me contó lo que sucedió. Ella se acercó a su hija, quién seguía con las piernas cruzadas sobre la cama y los ojos hinchados de tanto llorar. —Si es así, ¿por qué tanta tristeza? —¡Ay, madre! Ella lloró en los hombros de su madre y guardó silencio, pues no podía decir lo que en verdad sucedía con respeto al contrato y la locura que los unía. —Las relaciones son difíciles y más cuando son con hombres influyentes e importantes. Yo solo te puedo decir que las cosas llegan hasta donde tú quieres que lleguen. Nadie puede convertirse en nuestros dueños, por muy importantes y poderosos que sean. —Gracias por no cuestionarme y estar aquí para mí. ¡Muchas gracias, madre! Ella le dio un beso en la frente a su hija —Ya sé que no tienes deseos de hablarlo y eso lo pienso respetar, pero levántate y toma café, el desayuno ya está listo. —No pienso ir a trabajar. «Ring, Ring, Ring» Ambas observaron la pantalla encendida mientras repicaba insistentemente. Llamada entrante: Mi Adán. —No creo que eso sea posible. Te espero en la cocina con el desayuno listo. Su madre acarició su cabello y se marchó para que ella tomara la llamada. —Hola —¿Estás lista? Yo mismo iré a recogerte a tu casa. —¿Me puedo quedar en la casa? No tengo deseos de salir. —No me dejes solo, tu compañía me hace sentir tranquilo y me regalas la calma. —No me puedo sentar bien —ella se ruborizó aunque estaba sola —Me duele. —Bien, entonces te puedes quedar y descansar, pero lleva presente que te voy a extrañar. Besos. La llamada terminó y Luna empezó a llorar una vez más, pues lo que estaba sucediendo en su vida en ese momento era extraño, nada normal. Se cuestionaba y exigía cambiar de vida o estaba segura de que caería en un profundo abismo.
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