Había iniciado un nuevo día con excelentes noticias y la felicidad se llevó todo el estrés y el dolor del cuerpo de Eva, ella estaba preparada para presentarse frente Adán una vez más e iniciar con lo que se había propuesto.
Esa mañana estaba lista esperando que terminará una reunión para poder verlo, así que aprovechó la salida de todos y de inmediato entró y abrazó fuerte a Adán, sintiendo la felicidad de saber que estaba bien y con vida.
—No sabes lo feliz que me haces al verte de regreso.
Él la alejó mientras no podía dejar de observar su embarazo. Todo indicaba que en cualquier momento nacería la criatura.
—¿Qué haces aquí? —reclamó mientras sentía diferentes emociones.
—No pude controlar mi felicidad al saber que estás bien y que no te pasó nada de lo que estaban especulando en las noticias.
—No creo que estés feliz, pues seguro estuviste en complicidad con tu amante y juntos planearon sabotear mi jet privado.
—¿Qué?
—No te hagas la víctima Eva, si en la investigación sales culpable, te haré pagar como lo está haciendo el maldito traidor de Carlos.
—Yo soy inocente. Ni siquiera sabía que habían saboteado tu avión…
Él se sentó en su escritorio —No te creo nada. Ahora dime ¿Qué quieres? ¿A qué has venido hasta aquí?
—Tengo muchos deseos de hablar contigo, como en los viejos tiempos ¿Lo recuerdas?
Él la observó y era difícil olvidar la dedicación y todo el amor que le entregó, amor que sin ningún remordimiento ella pisoteó.
—Yo te dejé claro meses atrás que no quería verte nunca más.
—Nuestro amor es real, desde adolescentes ¿Lo recuerdas? Un amor bonito, algo que no podemos dejar perder.
—Algo que solo yo sentí y en este momento no me interesa.
—¿De verdad no te interesa?
Adán miraba a Eva y cuando pensaba que no tenía cómo responder, llegó un mensaje que encendió su pantalla. Era una imagen de los pompis de Luna marcada con la mano de Adán.
Mensaje: Me dejaste tu huella, me duele y ahora te toca ayudarme a sanar.
Sin poder controlarlo, una sonrisa llegó a sus labios y ese mensaje lo devolvió a la realidad. Una realidad en la que ya no existía Eva.
—No, no me interesa.
Ella no podía creer lo que escuchaba, pero tampoco planeaba perder a la primera. Así que se arriesgó y tocó su vientre mientras lloraba.
—¿Esto? ¿Tampoco te interesa?
Los latidos del corazón de Adán se pusieron en marcha a toda velocidad, pues un hijo era algo que ambos deseaban y en ese momento ella estaba a punto de dar a luz.
Aprovechando su debilidad, ella se acercó y lo tomó con ternura por el cuello y luego hizo que pusiera sus manos sobre su vientre.
—Esto lo planeamos juntos ¿Lo recuerdas?
Él suspiró mientras sus pensamientos viajaron hasta ese día, dónde lo pidió en repetidas ocasiones y ella aceptó.
«Tock, Tock, Tock»
—Permiso, señor Thompson, pero afuera lo esperan y esto es algo muy importante.
José quedó asombrado ante la escena que encontró al entrar a la oficina.
—Gracias, José. En unos minutos estaré allí.
—Disculpe, señor. Entré de esa manera porque pensé que estaba solo.
—No te preocupes José —Quien respondió fue Eva. —Ya me voy, pero la conversación no ha terminado ¿Cierto, amor?
Adán bajó la mirada —Estoy ocupado y ya te dije…
—Bien, te espero esta noche para que sigamos hablando. Aquí te dejo mi dirección.
Ella no dejó que terminaran de hablar y tampoco esperó una respuesta. Se acercó a él, le dio un beso en los labios y luego se marchó muy feliz.
José no miró a su jefe para no intentar cuestionarlo, pero lo que vio no fue de su agrado.
—¿Ya está usted listo?
—¿La has visto? Ella está embarazada y acaba de decir que su hijo también es mío.
—Le aconsejo que recuerde dónde estuvo 7 u 8 meses atrás…
—¡Hijo mío! —entró la señora Adela con lágrimas en sus ojos y se lanzó sobre Adán. —¡Estás vivo! No imaginas la incertidumbre que vivimos imaginando lo peor.
—Estoy bien madre, cómo puedes ver no sufrí ningún daño.
Ella no dejaba de abrazar a su hijo y agradecerle al destino por mantenerlo con ella. —¿Qué sucedió?
—No te puedo contar en este momento, ya que tengo un asunto importante que atender y me esperan en la sala de juntas.
—Adán Thompson —reclamó mientras secaba sus lágrimas —Eres mi hijo y no seguiré soportando este tipo de trato. He venido hasta aquí para celebrar tu vida y no pretendo irme.
—Gracias madre, pero tengo una junta y voy retrasado.
—No me importa —ella tomó asiento —Aquí te voy a esperar hasta la madrugada de ser necesario.
Era un hecho que ese día debía atender a su madre y tal como lo dijo, esperó por él y se marcharon juntos a la mansión de Adán. Ella no quería apartarse ni un instante de su hijo, pues el susto que había pasado fue enorme.
—No pude presentarme y conocer a mi cuñado. De verdad olvidé ir completo a la cena.
Adán miraba su reloj en diferentes ocasiones y eso su madre se lo hizo saber de inmediato.
—¿Tienes una cita?
—No.
—No lo parece, ya que miras tu reloj cada minuto.
Él miró a su madre y como ella era muy astuta y acertada, decidió hablarle sobre la visita de Eva y su embarazo.
—Ya sabía sobre su embarazo, pero hoy me ha dicho que es mi hijo.
La señora Adela empezó a reír a carcajadas —¿Le vas a creer eso después de su traición? Yo no le creo y ella lo sabe muy bien. Fue una lástima que no la encontré en la empresa a mi llegada.
—¿Has hablado con ella?
—Me pidió ayuda para arreglar las cosas contigo y de inmediato me negué. En la vida hay muchas mujeres que te pueden hacer lo mismo o algo peor, pero ya el turno de ella ha pasado.
—Puede ser mi hijo.
—¿Por qué no mencionó nada cuando la echaste? ¿Por qué regresó meses después? Yo le dije muy claro que para aceptarlo como un Thompson debe haber una prueba de ADN que me lo confirme.
Él cerró fuerte su puño, ya que una vez más había caído en sus mentiras y por un momento sintió vulnerabilidad, solo que su madre lo devolvió a la realidad.
—Tienes razón.
—Le calculé unos 8 meses y recuerdo perfectamente que 7 u 8 meses atrás estuviste fuera durante un mes, en una conferencia importante, dónde te quedaste porque te enamoraste del lugar.
—¡Qué estúpido! —cerró su puño. —Ya no hablemos sobre el tema.
Ella no quería soltar a su hijo y allí se quedó brindándole cariño hasta las 10:00 PM. Cuando se fue a dormir porque sus pastillas le hicieron efecto.
Él se aseguró de que durmiera y luego sin chófer ni escoltas se marchó. Necesitaba tomar aire y caminar descalzo por la playa, pero no lo haría solo y le escribió a Luna. Ella aceptó y lo acompañó sin pronunciar una palabra.
Música suave, un hombre apuesto y aún auto convertible a toda velocidad, era suficiente para dejar el estrés, la ansiedad y conocer el lado bueno de la vida. Unos metros más adelante el auto se detuvo.
—Deja los zapatos en el auto.
Ella miró en todas direcciones algo nerviosa —¿Estamos seguros aquí?
—No lo estamos en ningún lugar, te lo digo yo, que siempre ando escoltado y he recibido fuertes traiciones.
Con esas palabras empezó a caminar y ella lo siguió. Él caminaba a la orilla de la playa y ella se quedó en una cama balinesa y cuando notó desesperación en su rostro, sacó toda su ropa, se acercó desnuda y se puso de rodillas frente a él.
—¿Lo hacemos a mi manera?
—Sí.
Él de inmediato la cargó y devoró sus pechos. La llevó a la cama balinesa y amarró sus manos y pies, dejándola a su entera disposición. Esa mujer era hermosa, delicada y lo que mejor hizo la noche fue su total disponibilidad.
¿Un desahogo a sus frustraciones? No lo sabía, pero en su arranque desesperado nunca perdió la sutileza y en todo momento trató de no lastimarla. Lo más impactante era la tranquilidad que le regalaba y fusionado a lo apretado de interior era mágico.
—¡Ahhh! —terminó en ella para no detener ese caudal que surgía desde sus pies como cascadas. Así recibió un relajante y necesitado orgasmo.
Ella se veía débil y fue cuando él la desató y acostado en la cama la acomodó en su pecho. —¿Te sientes bien? Eres hermosa.
—Sí, pero es hora de ir a casa. No quiero preocupar a mi madre y mañana sí me toca trabajar.
—Solo te voy a complacer, porque mi madre también me buscará en cuanto salga de la cama, pero mañana te quedas conmigo, no quiero un rato, te necesito toda la noche —terminó con un sofocante beso.
Ella se había acostumbrado a lo perverso de ese hombre y era algo raro y enfermo, pero adictivo y muy delicioso.
De regreso él tomó su mano y no la soltó hasta detenerse frente al apartamento y besar sus labios.
—Te espero mañana en la oficina, no me dejes solo otra vez.
—Como lo órdenes.
Él acarició su rostro y amó el rosado de sus mejillas, no se cansaba de besar sus suaves y delicados labios, ella era tan tierna, que solo su presencia le regala tranquilidad y era todo lo que Adán estaba necesitando en ese momento.