Ya relajado y con los pensamientos en su lugar, Adán condujo de regreso a casa. Le parecía increíble que, a solo minutos de dejar a Luna, ya la estaba extrañando. Su compañía y toda ella eran atrapantes y muy necesarias para él.
La brisa despeinaba su cabello y su cuerpo se movía al ritmo de la música, pero su felicidad duró muy poco, ya que en la entrada de su mansión había un alboroto. Lo primero que hizo fue mirar su reloj. 12:50 AM.
—¿Qué diablos sucede aquí?
Se desmontó del auto después de enterarse de que la persona que mantenía el escándalo era Eva. Quien además traía con ella una maleta y, en cuánto lo vio llegar, se acercó a toda velocidad.
—Les supliqué que me dejarán pasar, pues tenemos una conversación pendiente.
—¿De qué podemos hablar? Creo que todo quedó muy claro meses atrás.
Ella miró a José y a todos los demás. —Entremos y hablemos en la habitación, tengo frío. —se quejó acariciando su vientre.
—No es hora de hablar, tengo que dormir para mañana, poder trabajar descansado.
—Podemos hacer el amor y conversar mañana —terminó con una sonrisa coqueta.
—Lleven a la señora a su casa —ordenó y volvió al auto para entrar a su casa y poder descansar.
Pero ella no tenía pensado dejarlo ir y se puso frente al auto gritando como loca —¡NO ME VAS A HUMILLAR DE ESTA MANERA ADÁN!
Los escoltas la hicieron a un lado y Adán entró a su casa. Por primera vez no sintió más que rabia por la desfachatez de esa mujer y entró a casa sin tener ningún remordimiento. Ella actuaba como si en el pasado fuera la víctima y era lo que él más odiaba.
José se encargó de llevarla a su casa y no pudo descansar hasta dejarla segura. Aunque ya no era la señora Thompson, estaba consciente de que cualquier cosa que le sucediera bajo su cuidado podría causarle un problema muy serio.
—Él estaba con alguien más ¿Cierto?
Gritó cuando José la dejó en la entrada de su apartamento.
—No lo sé, él salió sin avisar y, como pudo ver con sus propios ojos, lo hizo solo. Señora, esto no le hace bien a su embarazo.
—Dime algo José. ¿Él ya no me ama?
—Mi jefe es una nueva persona y puedo incluso asegurar que usted no podría reconocerlo. Se volvió frío, malhumorado, irritable e inestable…
—¿Por mi culpa?
—Todo es culpa del destino, señora Eva. —respondió con evidente sarcasmo.
En ese momento él se sorprendió mucho al ver a Clara. Ella había bajado por su jefa sin imaginar que se encontraría de frente con José.
—Buenas noches —se despidió después de una mirada interrogativa.
—¿Qué sucedió, señora?
—Estaba con otra y por eso me desprecio como a algo sin valor…
—¿Él le dijo eso?
—No tiene que decírmelo, pero no me va a avergonzar. Él me pertenece y me volveré la piedra en su zapato de ser necesario. Nosotros tenemos una promesa inconclusa y no pienso dejarle mi hombre a nadie…
Esa noche los pensamientos entraron a la cabeza de Eva y no entendía por qué después del divorcio surgió ese amor. Desde adolescente lo tuvo para ella y nunca le importó, pues su amor platónico y quien abría sus piernas con solo una palabra era Carlos, pero ahora las cosas se habían tornado diferente y solo quería a su hombre de vuelta…
Esa noche Sol salió de la casa a caminar un rato, pues se sentía ahogada con el encierro y la paranoia que Estrella había adoptado. Todo era un caos, pues había perdido su trabajo y después del viaje a Hawái su madre la echó a la calle.
Sus pensamientos eran tan agobiantes que se lanzó a cruzar la calle sin mirar y solo vio la luz de un auto sobre ella. Cubrió su rostro esperando el gran golpe, pero al abrir los ojos todo estaba bien, o por lo menos ella estaba bien, porque el auto para evitar chocarla, frenó y chocó con el poste de luz.
—¿Acaso estás loca?
—¡Disculpa, no vi el auto!
Ella temblaba de miedo, ya que pensaba lo peor. En ese momento la puerta trasera del auto se abrió y salió un hombre que desde lejos se veía que era importante.
—¿Disculpas? ¡Eso no pagará los daños ocasionados a mi auto!
Él se veía muy enojado y Sol solo quería que la tierra se abriera y se la tragara en ese momento, pues cuando subió la mirada y se encontró con su rostro enojado, sintió que su corazón saldría de su pecho en ese mismo instante.
—No lo vi, señor, yo, yo…
—¡De rodillas! —ordenó con mirada severa y dura.
Ella temblando y esperando lo peor se arrodilló de inmediato y agachó su cabeza sin omitir una sola palabra.
—Obediente, eso me gusta. ¿Cómo te llamas? —ella intentó hablar y él la interrumpió —¡Shhh! Cuando te dirijas a mí, siempre lo harás con respeto ¿Lo entendiste?
—¡Sí, señor!
—Así me gusta. ¿Cómo es tu nombre?
—Mi nombre es Sol, señor.
Ella seguía de rodillas, un auto pasó reduciendo la velocidad y fue cuando él la ayudó a poner de pie.
—¿Ves mi auto?
Ella lo miró aterrada. —S, sí, señor.
—Por tu culpa ha quedado de esa manera y eso solo quiere decir que tienes una deuda conmigo.
—Ese auto es muy costoso, yo jamás podría pagar esto —ella lo miró y solo su mirada le causaba terror —Señor.
—Sí, puedes. Yo te voy a indicar cómo lo harás.
No pasó mucho tiempo para que el chófer se fuera solo en el auto accidentado y otro auto idéntico tomará su lugar. Sol quedó boquiabierta con lo que estaba observando.
—Yo no estoy trabajando y quizás es lo que me tenía turbada al punto de causar un caos.
—¡No me interesa! ¿Sabes bailar?
—Sí —él se giró y la miró —S, sí, señor…
—Eso si me interesa. Ahora acompáñame…
Él caminó, abrió la puerta de su auto y la invitó a entrar. A ese punto ella no sabía si quería hacerla enloquecer o pensaba secuestrarla para hacerla pagar por los daños causados a su lujoso auto.
—¿A dónde iremos?
—Tranquila, no pasará nada, que tú no desees que suceda. —ella solo lo miraba aterrada —¿No quieres pagar tu deuda?
—S, sí señor.
Ella sentía su lengua pesada cuando tenía que dirigirse a él, pues su sola presencia la intimidaba. Pero como no tenía más opciones, abordó el auto.
«Ring, Ring, Ring»
—Hello, lo siento, pero la reunión de esta noche no será posible —él volteó y la miró directo a los ojos —Alguien hizo que mi auto se accidentara y eso me imposibilita para llegar a la reunión.
Él seguía al teléfono y Sol estaba sudando los pies a pesar de lo fuerte que estaba el aire acondicionado.
—Estoy bien, no pasó nada grave, mañana nos encontramos. Buenas noches.
El auto salió de la ciudad y entró a una casa en la playa muy lujosa, donde el chofer le abrió la puerta a Sol y siguió los pasos del hombre desconocido.
Entraron y de inmediato la guío a una habitación preparada para el pole dance, tenía un tubo, algunos vestidos sexis, extravagantes y un asiento de espectador.
—¿Qué es esto?
—Baila para mí.
—P, pero yo no soy un prost…
—Te pregunté si sabías bailar y tu respuesta fue positiva. Ahora es como me vas a pagar por los daños a mi auto.
Ella estaba muy asustada —Ni siquiera lo conozco, señor.
Él se puso de pie y caminó hacia ella —Mi nombre es Diego Salazar.
Hasta ese momento recordó haberlo visto en campañas políticas y confirmó sus sospechas de que su rostro le parecía conocido.
—Bien.
—Genial, ahora te cambias con algo que creas que me vas a sorprender y bailarás para mí… ¡Ah! Antes de que olvide mencionarlo, no, no tendremos sexo.
Él salió de la habitación y ella aprovechó para buscar algo, pero el miedo no la dejaba concentrarse y para no quedar mal, eligió un brasier de girasol con pantimedias transparentes y una diminuta tanga, que de frente era un girasol.
—¡Qué diablos es todo esto!
Pensaba para ella misma, ya que se sentía prisionera y en un momento desesperado.
El tiempo pasaba muy rápido y cuando menos lo esperaba ya él estaba de regreso.
—¡Bella! Ahora baila para mí… —escuchó los pasos de aquel hombre, quien de inmediato puso a sonar la música.
En ese momento decidió apartar el miedo y empezó a dar lo mejor de ella, pues no tenía más salida y si era la forma de pagar por su deuda debía hacerlo bien, ya que no tenía dinero.
Así que empezó a mover sus caderas al ritmo de la música, mientras que con mirada coqueta seducía a su espectador. El tubo no iba a pasar desapercibido y eso ella lo dejó muy claro, ya que al finalizar la música se deslizó por el tubo haciendo un número perfecto.
—¡Genia! —él se puso de pie y aplaudió —Con ese excelente número la deuda está paga y me motivas a darte un regalo.