Elena salió de cafetería donde había entregado una hoja de vida, están tan cansadas de ir de comercio en comercio entregando un currículum y dando una buena imagen de ella, aunque mucha gente sabía quién era ella y su familia, pero trajeron de ignorar las miradas de lástima que solía recibir todo el tiempo. La lástima de las personas de la Isla fue parte de su vida por mucho tiempo, pues, la gente al saber el gran “suceso” que marco la vida de los pobres niños que quedaron sin padres el mismo día.
Bajo su mirada a las hojas de vida que tenía en sus manos y las apretó con mucha fuerza en sus puños, maldito sea Rafael, había ordenado a todas las empresas y comercio de la isla que no podía darle empleo, había hasta foto de ella en algunos comercios. Lo supo una tarde que había ido a la pastelería a comprar algo de comer y el joven que atiende le dijo se parecía a la chica de la foto cuando se la enseñó SORPRESA era ella.
Ese día solo puedo reír como estúpida para ocultar el dolor y las lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos, Rafael le había rallado como si fuera una criminal y estuviera siendo buscada por las autoridades policiales, cómo si fuera una asesina o ladrona. Había pasado un tiempo desde la última vez que intentó buscar un empleo, pues, le había cerrado la puerta en la cara o le había dicho que temían por sus negocios y si la empleaban perderían todo y que serían expulsados de la isla. Era estúpido que Rafael se comportara de esta forma tan estúpida infantil por el simple hecho de no querer regresar al palacio ni como una sirviente ni como nada.
De solo pensar que tenía que volver a entrar a ese palacio, se erizaba la piel, no quería saber de ellos, vivir alejada de la marca de ese lugar era lo mejor para su estabilidad emocional y para la de su padre, quien si tenía que seguir trabajando en la mansión temían correr la misma suelte de Elena. Estaba algo distraída mientras caminaba por la acera, iba a volver a casa y hacer lo que se había convertido en su rutina diaria cuando tropezó con alguien y los papeles en sus manos cayeron al piso de concreto.
- Lo siento.
— Estaba distraída, la culpa es mía — se disculpó Elena, cuando este se arrodilló frente a ella y recogió los papeles.
— Tranquila Elena — Se sorprendió al ver que este hombre sabía su nombre y cuando este se puso de pie y pudo verle a la cara sus rostros enrojeció, pues, era el guapo y sexy chico que había visto en ya dos oportunidades — James — Sus nombres en sus labios salieron como un susurro.
- ¿Cómo estás?
- ¿Bien y tu? — Sus manos estaban sudando y su corazón estaba latiendo muy rápido, pues, estaban muy cerca del uno al otro.
— Me alegro saber que estás bien, pues salí de casa a comprar unas cosas en el supermercado.
— Oh, ¿Vives aquí cerca?
— Sí, compré un departamento en el centro de la isla, me gusta ver la gente desde mi barcón.
— La vista del mar debe ser hermosa al amanecer
— Sí, es muy hermosa — La sonrisa en James era tan amplia y por más que lo intento sus ojos no dejaban de ver el hermoso rostro de Elena. — ¿Estás buscando empleo? — James no quería ser curioso, pero cuando estaba recogiendo los papeles le echo un vistazo eran hojas de vida.
— Oh, eso es … — Elena tomo rápidamente las hojas de las manos de James, pues tenía algo de vergüenza — Estaba buscando empleo.
— ¿te han contratado?
— No, un no es algo difícil conseguir empleo en esta isla — Inventó una estúpida excusa — Espero pronto encontrar algo.
— Tengo un empleo para ti — James quería darse un golpe en la boca, no sabía por qué estaba diciendo eso, pero no pudo evitar esta oportunidad, quizás si la tenía cerca un poco más con solo verle era suficiente ¿Verdad?
— Tienes un empleo para mí — Elena se llenó de alegría y dejo caer sus manos sobre James, quien suspiro un poco para evitar que ella notara que su toque le afectaba un poco, pero para la sorpresa de este el toque sé su piel con la piel de Elena no le causaba asco ni ansiedad — ¿Cuál?
— Me mudé hace poco a un departamento que compre aquí en el centro y necesito a alguien que haga la limpieza y organice algunas cosas como mi agenda ¿Te interesa? — sus pieles aún se estaba tocando y la corriente eléctrica lo estaba atontado mientras miraba la gran sonrisa que Elena tenía en su hermoso rostro, James no se estaba inventando lo del empleo, pues le había dicho a su tío que necesitaba una empleada aunque y sabía que podía correr el riego de ser descubierto por alguien sobre su verdadera identidad, pero no le temía a Elena le quería junto a él un poco más para privarse a sí mismo porque podía soportar su toque cuando desde niño nunca aporto que nadie le tocará — ¿ Quiere que tengamos una cita de trabajo para que hablemos del empleo?
— Sí, quiero que lo hagamos, ¿Cuándo podemos vernos?
— Hoy no podré — James lamento que tenía una reunión con Rafael otra vez, este estaba intentando hacer que se fuera de la isla y que le entregaría todos sus bienes, pero estaba equivocado, había encontrado algo muy interesante aquí y no pensaba dejarlo ir — pero le pediré a mi chofer que se ponga en contacto contigo.
— Vale, entonces adiós — Elena le despidió
— Adiós Elena — James se arriesgó y dejo que sus labios rozaran la mejilla de Elena en un beso de despedida.
El corazón de Elena latía tan rápido que por un momento sintió que le daría un infarto, James le había dado un beso en la mejilla y le había ofrecido trabajo en su casa, aunque era como su empleada de limpieza, era lo mejor que podía conseguir y solo esperaba que Rafael no se entere de esto y se lo arruine, se dio la vuelta para volver a casa contenta por dios hoy había tenido buena suerte y quería contarle a su padre las buenas noticias.
James se acarició los labios que aún podía sentir la suavidad de la piel, sus mejillas en ella, su olor a esa leve fragancia a coco y vainilla, nunca se había acercado tanto a una mujer porque para él eso era imposible, pero Elena dios mío ella había pasado las barreras de los que él podía hacer y lo que no podía hacer con un extraño y los toques la cercanía, el solo hecho de tocar la piel de alguien que no fuera la suya propia le daba pánico y asco.
Pero con ella, no se había sentido así con esta chica era distinta, lo había comprado cuando cuando la chica le había tocado en dos ocasiones, no le parecía repulsivo su tacto, la esperanza de haber encontrado a alguien con quien pudiera, de dejarse tocar y sentir lo llenoba de emocion porque si esto era verdad, si podia tener este tipo de acercamiento con Elena quiza el podia curarse de esta enfermedad. James entró en su departamento decidió llamar a su tío para contarle que había conocido una chica y podía ser tocado por ella.
Su sonrisa se borró de su rostro cuando al entrar en su departamento la persona que le estaba esperando era Rafael con su abogado, estaba tan feliz que había olvidado esta maldita reunión hasta cuando Rafael le iba a j***r la vida, cuando él lo único que quería hacer era vivir tranquilo y en paz haciéndose cargo de los negocios de sus padres. Pero este tipo no podía dejarlo estar tranquilo. Suspiro fingiendo una sonrisa y se acercó a dónde estaban.
— Pensé que íbamos a hablar solo tú y yo.
— Lo siento, pero hice que mi abogado viniera, pues quiero que hablemos sobre los bienes de tu padre James.
— No hay nada de que hablar — Le corta James — Te dije que no quiero venderte nada.
— Louis — Grita obstinada voz — Maldita sea, dijiste que hablaríamos de esto.
— No, te dije que iba a pensarlo Rafael, no me puede obligar a que también me despegue de lo único que me dejó mi familia.
— Es por tu bien, me preocupa tu bienestar — Si alguien como él no conocía a al verdadero Rafael, se hubiera creído todo este cuento del primo preocupado por él.
— Rafael, no voy a dejar mis empresas en tus manos y no tengo nada más que hablar contigo
James se alejó y camino a la escalera que lo llevaban al piso superior, pues, hay estaba su nido, el refugio donde esconderse y no tener contacto con Rafael, le permitía entrar al departamento, pero le prohibió entrar a sus zonas seguras dónde el podía ser el mismo sin esconder su verdadero ser, se quitó sus zapatos y fue desnudando su cuerpo hasta llegar a la puerta de la recámara, una bolsa llena de pinturas de distintos colores que estaban junto a la puerta le robó una sonrisa leve, pues, si tío si le conocía muy bien.
Tono la bolsa y entro en la recámara, encendió la luces y dejo salir la respiración contenida, allí estaba su lugar sagrado dónde podía expresar sus sentimientos, no era un hombre de pintar retratos, pero quería plasmar en un cuadro a la mujer que le estaba robando el aliento y los pensamientos, Elena la hermosa princesa Elena. James tomo un lienzo en blanco y lo preparo todo para comenzar a pintar, tenia la imagen de Elena en su mente y no queria que se le borrara, hoy habia sonreido feliz, contenta y el era el causante de esa alegria, necesitaba estar listo para cuando ella viniera y actuara como un hombre normal.
Ella no necesita saber que le pone el pene duro con solo verla, le que quita el sueño y que no ha dejado de pensar en ella tocando su piel y ahora esas suaves mejillas que acariciaron sus labios.En cambio, Elena volvió a casa feliz entro como un huracán llevándose todo por delante, nadie.