Narra Elena No apartó la mirada de inmediato. Y eso fue peor… Bajé la vista al plato solo para tener algo que hacer con mis manos. Sentía sus ojos sobre mí como si estuviera leyendo algo que yo todavía no entendía de mí misma. Comí despacio, no porque tuviera hambre. Porque necesitaba tiempo. Tiempo para ordenar lo que estaba sintiendo, era un caos lo que vivía por culpa de la persona en frente de mí; la que al mismo tiempo no deja de rozar sus rodillas con las mías bajo la mesa. El silencio ya no era incómodo, era denso. Cargado. —Si él viene —dije sin mirarlo—… ¿me dejarás ir? No supe por qué pregunté eso. Quizá necesitaba oírlo decir que sí, quizá necesitaba oírlo decir que no. Como para medir mis propias esperanzas. El sonido del tenedor al tocar el plato fue lo único que respo

