En la penumbra del castillo de los vampiros, el silencio era casi absoluto, solo interrumpido por el eco de los pasos de Ángela. Sus ojos se detuvieron en el charco de sangre frente a ella, y su corazón pareció detenerse. Aquel líquido espeso y oscuro, que teñía las baldosas del suelo, le hizo sentir un terror indescriptible. Podría ser de su hermana. Su garganta se cerró, y un nudo de desesperación la atrapó por completo. —Ángela… —la voz grave de Marcus se acercaba desde la oscuridad, tratando de alcanzarla—. No podemos quedarnos aquí más tiempo. Ella no respondió. Sus pensamientos giraban caóticamente, su mente invadida por el temor a que fuera demasiado tarde. A pesar de su reciente transformación en híbrida, se sentía frágil, perdida ante la incertidumbre de lo que podría haber ocur

