El tiempo se detuvo para mí. —¿Eso qué significa? —pregunté con poco aire. El espasmo en el cuerpo me respondió antes. Esteban me contempló por un instante. Lucía convencido. —Si estás de acuerdo, seguiré a tu lado. Esperaré tu duelo, pero después te haré la pregunta que debí hacerte hace muchos años atrás, aquí mismo, donde me hiciste sentir tan feliz. En mi interior todo se removía. Se trataba de un acomodo de sentimientos implacable y curativo. De pronto, la preocupación que creía extinta volvió. —¿Alfonso? —Rememorar la noche de la Navidad pasada volvió y me golpeó el pecho. Esteban negó con la cabeza. —Mi hijo va a tener que aceptarlo. —Nos juzgarán… Traté de girarme, pero él lo evitó. —Lo que vivimos, lo que sufrimos y sentimos lo sabemos solo nosotros. Nadie más tiene de

