Bastian —James. No hay manera de que haga los turnos de noche— manifiesto mi inquietud. —al menos hasta que logre acostarme con Samantha. Necesito todo el tiempo disponible para eso. Sus pestañas aletean con fuerza y sus ojos viajan de un lado a otro como buscando algo para arrojarlo en mi dirección. Pero, por suerte no hay nada ya que el día de hoy nos toca vigilar los teléfonos mientras son otros los que dan vueltas por el pueblo. En la mesa, solo hay papeles y no se atrevería a romper el teléfono ya que es lo único que nos mantiene alerta ante una urgencia. —¡Bastian!— exclama enojado. —te das cuenta lo que estás diciendo? —si— contesté tratando de sonar lo menos interesado posible. —déjame comprender la situación— exhaló. —todavía no te la follaste?— niego y sus ojos se abren con

