POV COLE
No me agrada la presencia de Jeff en mi casa, ese viejo es un dolor de trasero enorme. Aunque, supongo que cuando llegue el momento; podré deshacerme de él. Solo debo ser más paciente.
- Prepara una habitación para el viejo – ordeno a Zack
- ¿Enserio se va a quedar?
- Solo por hoy, asegúrate que se marche mañana.
- Como lo desee.
- ¿Mi esposa ya desayunó?
- Ella no ha salido de la habitación – eso me parece extraño, después de todo; se estaba duchando cuando la deje.
- ¿Le llevaron el desayuno a la habitación?
- Pues… - me paro en seco
- ¿Ya viste la hora? – pregunto – ¿Me estás diciendo que mi hermosa esposa está aguantando hambre en ese momento?
- Iré con el chef en este instante - y se apresura a desaparecer de mi vista.
- Estos tontos… - Antes de ocuparme de mis asuntos, me dirijo a la habitación de Sue - ¿Mi amor?
- Por aquí…- la veo sentada en un sillón, con la mirada fija en el pequeño jardín.
- ¿Qué sucede? ¿Por qué no has salido? – me arrodillo frente a ella, tiene una expresión decaída - ¿Qué sucede, mi amor?
- Yo… tengo un problema – eso me pone en alerta.
- ¿Qué problema?
- Bueno, no es un problema en realidad… es una crisis – respiro hondo intentando no ser grosero y pedirle que se deje de rodeos – Aunque puede que sea algo insignificante para ti, pero para mì es algo importante.
- Solo dime que sucede, Mi Rosa – tomo su mano, intentando no sonar irritado.
- Yo… no tengo ropa.
- ¿Qué?
- Me trajeron aquí justo después del intento de secuestro ¿recuerdas? – pregunta como si fuera lo más obvio del mundo – Pero la ropa está sucia y rota, así que no puedo ponérmela de nuevo. Claro, a menos que no te importe que salga en bata, pero yo sí me sentiría incomoda. Estoy rodeada de hombres desconocidos, y no quería agobiarte con esto – contengo la risa, suele hablar mucho cuando algo le preocupa – Sé que estas lleno de problemas en estos momentos, seguramente ahora mismo estoy quitándote el tiempo. Pero creo que, si me dejas salir a comprar ropa nueva o tal vez, ir a casa por un par de cosas y volver; todo se resolvería. Puedo ir sin ningún problema, así traería cosas para Ethan también o… - la sujeto del rostro y la callo de un beso. Aprovecho también para saborear sus labios y calmar mi temperamento, ella es todo lo que necesito en este mundo. Suelto nuestro beso lentamente.
- Oye, creí que ya no me callarías con un beso – reclama, pero me sonríe radiantemente.
- Lo siento, Mi Rosa – me disculpo – Tienes toda la razón, no noté tus necesidades. Pero alguien irá a comprarte todo lo que necesitas ¿Ok? Solo debes pedirlo, todos aquí están a tu servicio ¿Has entendido bien?
- Pues, iba a hacerlo – confiesa – Pero al abrir la puerta, lo primero que vi fue a un tipo fornido con un enorme arma. Allí quedó mi intento.
- Él está en la puerta para cuidarte, no le tengas miedo. Solo ignóralo.
- ¿Puedes ignorar un elefante en una habitación? – pregunta levantando una ceja
- Ponle un nombre gracioso, eso siempre me funcionaba cuando era niño.
- Claro, buena idea. Ponerle un apodo a alguien que camina detrás de ti, con un arma en la mano – me rio suavemente
- Jamás podré ganarte ¿Verdad?
- Nunca – me confirma – Lo hago para mantener humilde al futuro jefe de esta ciudad.
- Puedes utilizar otras técnicas ¿sabías?
- ¿Cómo cuáles?
- Como la que utilizaste anoche para mantenerme quieto es este mismo sillón – susurro
- ¿Hablas de la bofetada? – vuelvo a sonreír – La violencia no es buena, yo uso las palabras para lograr lo que quiero.
- Casi me partes el labio de un golpe anoche – le recuerdo
- Fueron dos – me corrige – Pero lo hice porque eres un necio y las palabras no funcionan contigo.
- Un golpe fue innecesario – reclamo con falso fastidio
- Ambos lo fueron – dice, y sonríe – Pero admitámoslo, te los ganaste.
- Sì, ese siempre parece ser el caso – tomo la mano con la que me abofeteó anoche y beso su palma – Pero debes saber, Mi Rosa. Que cada vez que me golpees, te responderé con un beso.
- Eso es algo que doy por sentado, Carter – me encanta que me llame por mi apellido en ese tono. Estoy a punto de besarla de nuevo cuando escucho que alguien tocar la puerta.
- ¡Adelante! – Zack entra cargado con una charola de comida
- ¡Desayuno! – Sue aplaude alegremente.
- Ya era hora – Zack se limita a inclinarse.
- Lamento la demora, Sra. Carter.
- Está bien, no hay problema – Intenta tranquilizarlo, Sue.
- El joven amo ya ha desayunado y en este momento se encuentra con mi hermano – informa
- Bien, ahora ve y consigue ropa nueva para mi esposa y Ethan; solo lo mejor.
- Enseguida – tras decir eso, se marcha dejándonos solos. Me levanto y tomo a Sue en mis brazos, avanzo hacia la mesa y me acomodo en una silla con ella en mi regazo.
- Sabes que puedo sentarme sola, ¿verdad?
- Lo sé -. Respondo, sirviendo un poco de jugo en su vaso – Pero me gusta recordarte que perteneces aquí, conmigo.
- Que romántico – toma una uva entre sus dedos y me la ofrece. Adoro dejar que me alimente, es como un ritual entre nosotros.
- ¿Sabes? – murmuro con la boca aún llena – Esto empieza a parecer un mal hábito.
- Oh, ¿te refieres a que te mime mientras gobiernas tu pequeño imperio? – pregunta con fingida inocencia – Prometo que intentaré contenerme… después de cinco uvas – suelta una risa baja y me ofrece otra. La tomo con gusto, rozando apenas sus dedos con mis labios. Ella sonríe satisfecha, sabiendo exactamente el efecto que tiene sobre mí.
- Descubrí en nuestra luna de miel – digo, sin apartar la vista de ella – Que siempre que tu me alimentas, hasta la comida más asquerosa sabe a gloria.
- Vaya, Carter… si sigues hablando así, me veré obligada a cocinarte personalmente.
- Eso seria peligroso.
- ¿Por qué?
- Porque no sobrevivirías a preparar la comida ni yo a probarla – bromeo. Sue abre la boca, fingiendo indignación.
- ¡Te atreves a insultar mis dotes culinarios imaginarios!
- No, Mi Rosa, solo me preocupa nuestra seguridad – ella se ríe, apoya la cabeza en mi hombro con cuidado de no lastimarme y suspira.
- ¿Sabes que es lo más gracioso?
- Ilumíname, mi amor.
- Cada vez que me haces enojar, termino así: desayunando en tu regazo como si no existiera el mundo – me inclino para besar su frente
- Tal vez es porque el mundo no existe cuando estamos así – ella levanta la vista divertida.
- Oh, por favor, Cole. Si sigues diciendo cosas así, te voy a escribir un poema.
- Entonces voy a decir otra más – respondo, en tono de reto.
- Atrévete – me desafía. Ante esto, me acerco a su oído, y con voz baja, le susurro:
- Tu eres la única razón por la que la palabra hogar tiene sentido para mi – por un segundo, Sue se queda callada. Luego sonríe, como si intentara ocultar que mis palabras la tocaron.
- Vas a pagar caro por eso, Carter.
- ¿En que sentido? – pregunto confundido.
- En el sentido de que ahora esperaré algo igual de poético cada mañana.
- Eso puedo cumplirlo – le aseguro – Pero a cambio, seré una bestia cada noche, mientras estemos en la cama – ella está a punto de responder, cuando se escucha un golpe en la puerta.
- ¿Otra vez? – protesta Sue, rodando los ojos. Zack asoma la cabeza por la puerta, con la puntualidad de un reloj suizo.
- Señor, el viejo Jeff pidió verlo de nuevo – me irrita su impertinencia.
- ¿Jeff? ¿Quién se cree? – intento calmarme, no me gusta actuar de esta manera estando frente a Sue – Dile que no puede dar ordenes en donde no tiene autoridad y que, si sigue molestándome, lo voy a enviar a hablar al fondo del lago con un par de peces – Zack asiente, sin inmutarse y se retira.
- ¿Quién es Jeff?
- Nadie importante.
- Sigues ocultándome cosas. Cole…
- Mi Rosa, ¿Qué tal si usas algo de mi ropa en lo que te traen la tuya? – me alegro cuando no insiste en preguntar por Jeff.
- Bien, veré que encuentro – vuelve a ofrecerme un trozo de su desayuno y lo acepto, intentando disfrutar de este momento tanto como pueda.