Culpa...

1375 Palabras
Por más que llamé el nombre de mi hijo, él no respondió; su respiración era débil, como si la llama hubiera sido un látigo sobre su pecho. Lo levanté sin pensar en cómo, en si debía o no, en si era un error. Sentí su cabeza inclinada contra mi mandíbula. Abrí el abrigo para protegerlo del frío que nos esperaba afuera y salí disparado, arrastrando bloques de escombros como si fueran meros obstáculos en una pista. Cuando logramos salir, nos empujaron fuera en un torbellino de voces, manos que me apartaban para que pasara la camilla, un motor que rugía, y el mundo afuera con su aire helado como una excepción. La camioneta blindada nos esperaba; el dron bajó hasta posarse en el techo, zumbando como un insecto satisfecho. Me aferré al niño con la violencia con la que se toma un rescate definitivo, me adentré en el auto sin mirar atrás. En el asiento trasero, bajo las luces intermitentes, lo observé con la dureza de quien cuenta las manchas de una bandera que no reconoce. Tenía la frente pequeña y la nariz respingada, pero fue su cabello lo que me detuvo. n***o como tinta… Ethan tiene el cabello rubio, casi del dorado de los atardeceres. Por un segundo todo se reacomodó en mi cabeza con la lentitud de una trampa que se cierra. —No… —dije, y la palabra se me rompió por dentro. Zack me miró con esa mezcla de comprensión y urgencia que ya no admite dudas. —¿Por qué es pelinegro? —preguntó Le mostré el perfil del niño. Sus ojos, aún medio cerrados, tenían una suciedad que igualaba su inocencia. La mandíbula se me tensó hasta el dolor. El nombre me alcanzó como una pedrada. Clay. No Ethan. No mi Ethan. El alivio que me imaginé, la imagen de mi hijo en brazos, caliente y vivo; se volvió un vacío más n***o que el humo. Me levanté como si algo me empujara y el mundo se inclinó: sentí la ausencia como una cosa física, como si me hubieran arrancado una parte del pecho. El vehículo vibró, la puerta se cerró con un golpe clínico, y fuera, el lugar que había ocupado un edificio era ahora una herida abierta, lanzando chispas y humareda al cielo. - Tomaré al niño — dijo alguien detrás de mí. Pero no presté la más mínima reacción cuando me quitaron al niño de los brazos. La realidad me aplasta poco a poco, conforme el auto avanza lentamente. - ¡Alto! – ordené y bajé del auto. - ¡Señor! - Ethan…debo regresar por Ethan. - ¡No puede! – Zack me tomó del brazo, pero respondí dándole un puñetazo en el rostro. Tan necio como siempre, no me soltó - ¡Morirá si vuelve a entrar! - ¡Suéltame! – grité furioso y le di un segundo golpe - ¡Es mi hijo, carajo! - Cole… - la voz de Kavin me llega desde algún lado sobre nosotros – Hermano… es inútil. - ¡No! ¡Él me está esperando! Solo debo llegar a él… - varios de mis hombres se interponen en mi camino y luego, cinco de ellos se abalanzan sobre mí, intentando detenerme - ¡Apártense! - ¡No hay nada que puedas hacer! – la voz dolida y preocupada de Kavin me desconcierta… mi niño está dentro ¿Por qué no lo entienden? - Solo debo ir por él… - insisto, apartando de un golpe a uno de mis hombres. Pero más de ellos me impiden avanzar. - No hay nada que puedas hacer… - como para confirmar las palabras de Kavin, el ala este del edificio se desmorona…. - No, no, no…. ¡Ethan! – lucho por llegar al edificio, pero no puedo con todos ellos. Destrozado e impotente, me arrastran de nuevo al auto - ¡Ethan! ¡Ethan! – grito desesperado, hasta que el edificio desaparece de mi vista y lo único que logro ver, es el humo proveniente de el. Cuando llegamos al hospital de los Davies, la primera imagen fue de orden entre el caos: enfermeras que corrían como si dibujaran líneas precisas, técnicos que llevaban equipos, y en el centro, una habitación improvisada donde habían colocado a Sue. La vi antes de que alguien me llevara hacia ella: su cabello sucio, la piel marcada por el hollín, y las manos que se aferraban a la sábana con fuerza. La ausencia de Ethan a su lado era un cuchillo girando. Mack estaba allí. Lo vi desde el umbral: el gemelo que siempre ha tenido la mitad de su fuerza en la sangre. Llegó en otro vehículo, tambaleándose, envuelto en vendajes que no cubrían todas sus heridas. Tenía la frente llena de cortes y la respiración que sonaba a derrota, me miró y hubo algo en su mirada que fue una réplica del mío: culpa… ninguno de los dos pudo salvarlo. No tuve palabras. No pude tenerlas. Vi a Sue ser atendida: lavaron su rostro, la colocaron en una cama, le pusieron suero. Las manos que la tocaron lo hicieron como quien toca a una reliquia frágil. Me arrodillé al lado de su cama y la tomé de la mano. Estaba caliente. Su pulso latía como un metrónomo irregular. —¿Y Ethan? —preguntó, con la voz seca. Sue buscó mi mirada con un hilo de sentido. Su boca se movió, pero las palabras no salieron con claridad y luego, la apartaron de mi lado para llevarla a una habitación VIP. Mack, desde el pasillo, murmuró algo sobre intentos de rastreo, sobre equipos que estaban buscando entre los escombros, sobre promesas que sonaban como promesas: “Lo estamos buscando, Jefe. Te lo prometo.” Su voz se quebró justo en la última palabra. No puedo decir que lo escuché como un consuelo. Me levanté como si me sacaran con un gancho del pecho. Miré la ventana y, más allá, el humo proveniente del edificio que había sido nuestro mundo por tanto tiempo actuaba como recordatorio de que esto no era una pesadilla. Mi hijo, mi hijo… Ethan. Mack se acercó con paso vacilante. - Jefe, debe atender sus heridas – Una enfermera se acercó y empezó a atenderme. Tenía quemaduras en la mandíbula, brazos y el cuello. - Señor… yo, iré a hacer un mapeo de daños – me informó Zack – Ahora mismo, están atendiendo también a Rachel y al joven Clay – levanté la mano y lo detuve en seco. No quiero oír hablar de ellos. - Haz un control de daños, establece una nueva base y prepara una ofensiva. Quiero la puta cabeza de Jack Caltec en mis manos – él asintió y se marchó, dejándome en compañía de su hermano. Cuando la enfermera terminó, me puse de pie y avance hasta la habitación de Sue. Me senté a su lado; con cierto temor… tome su mano, pero su rostro permaneció impasible – Mi Rosa… perdóname – mi voz se quebró, el nudo en mi garganta se hace insoportable y por mas que las lagrimas salgan de mis ojos, no logro desahogarme - Perdón… no pude salvarlo. Por favor, no me odies - le suplico, aprieto su mano fuerte entre las mías -¡Cole! - Artemis entra por la puerta, nos observa un momento y luego se abalanza sobre mí, rodeándome con sus brazos - Está bien, Cole... ambos están bien - me desmorono entre sus brazos -No... Ethan -Sssh lo sé, lo sé - me da palmaditas en la espalda - Hiciste lo que pudiste - me abraza mientras sollozo. -¿Cómo dejé que esto pasara? -No te culpes, Sue te necesita fuerte ahora. -No, ella me va a repudiar en cuanto se entere que no pude salvar a nuestro hijo - me aparto de ella y la sujeto de los brazos- Por favor, no dejes que se vaya. Ayúdame. - Sssh tranquilo, cálmate Cole... - ¿Lo harás? - Haremos lo que mandes y ordenes - Kavin, Kaleb y Archie están parados en el umbral de la puerta - Vamos a superar esto - promete Kavin - Gracias- atino a decir -Los demás vienen en camino- informa Kaleb y luego los cinco nos fundimos en un abrazo grupal.
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