POV COLE
Cuando la puerta de Rachel se abre y observo su mirada, lo único que veo es desolación.
-Mi amor ¿Por que no te vas a jugar un rato? - pide a Clay. El niño obedece y se marcha, no sin antes darme una enorme sonrisa -Adelante- me invita a pasar
-Quédate aqui - pido a Zack y me adentro en la habitación
-Sé a lo que vienes - declara, acercándose a una mesita. Sirve un par de tragos y me ofrece uno - No sé tú, pero necesito algo fuerte.
-Gracias- acepto el vaso de licor y le doy un trago.
-Supongo que quieres mandarnos de vuelta.
-¿Por qué dices eso?
-Tu ex esposa me dio pistas. Ella no nos quiere aquí.
- Veo que tienes las cosas muy claras.
-Así es.
-Pero no voy a mandarte de vuelta, solo te mudarás. Nada más - me siento en el sillón de la habitación, la brisa que entra por la ventana refresca mi nuca y me relaja. Adoro este sillón.
- No podrás mantenernos seguros si estamos lejos.
-Lo estarás - le aseguro, dando otro sorbo a mi bebida.
-Sé que no puedo compararme con ella, pero ¿Podrías considerar tu decisión? Sufriremos mucho si nos apartas..
-La decisión está tomada - la veo encojerse frente a mí.-Estarás bien
- Haré lo que sea, puedo ser quien quieras que sea - repentinamente, se deshace de la bata que cubre su cuerpo y no lleva ninguna prenda puesta. Me concentro en su rostro.
-¿Qué haces? - pregunto viéndola a los ojos.
-Yo... estoy dispuesta a hacer lo que quieras. Solo... permite que nos quedemos.
- Esto no servirá de nada, sabes que solo me interesa una mujer.
-Puedo complacerte, hacer lo que ella se niega a hacer - suelto un bufido
- Ella es perfecta, no necesito nada más. Además, tiemblas como una hoja y... - noto cierto calor en mi cuerpo y luego veo la bebida - ¿Le pusiste algo a la bebida?
-Solo... un pequeño estímulo- la ira me llena el pecho. En el mismo momento en el que me pongo de pie, varios disparos rompen con el silencio. ¿Qué mierda?
-¡Señor! - Jack entra en la habitación y al ver la desnudez de Rachel, aparta la vista - Nos atacan, están en el ala Este.
-Sue... - salgo de la habitación y me adentro en los pasillos, corro tanto como puedo. Pero mi vista empieza a ponerse borrosa.
-¿Señor? - Siento como Zack me sostiene -¿Qué sucede?
- No importa… ve por Sue y por mi hijo – Le ordeno a Zack, pero mi voz apenas sale.
El pasillo vibra bajo mis pies. Un zumbido profundo recorre el edificio, seguido de un estruendo que me corta el aliento. El suelo tiembla. El aire se llena de polvo, calor… y silencio.
Por un segundo todo se apaga.
El rugido de la explosión me arrancó el aire de los pulmones. Un segundo estaba de pie, y al siguiente, el suelo temblaba bajo mis pies como si el infierno mismo hubiese despertado debajo de nosotros. El ala este estalló en una llamarada tan violenta que el resplandor anaranjado me cegó.
—¡Sue! ¡Ethan! —grité sin pensar.
El eco de mi voz se perdió entre los gritos, el metal retorciéndose y el crujido del fuego devorando todo a su paso. Corrí hacia el pasillo, apartando los escombros con las manos desnudas. El humo me quemaba la garganta, los ojos me lloraban, pero no podía detenerme. Tenía que llegar hasta ellos.
Cada paso se sentía como una sentencia. Las paredes se desmoronaban, las vigas caían con un estruendo seco, y el aire… el aire ardía como si respirara fuego líquido.
—¡Ethan! —volví a gritar, pero solo el rugido de las llamas me respondió.
Cuando una pared entera colapsó frente a mí, me cubrí instintivamente. El golpe me lanzó contra el suelo, y por un instante, todo fue polvo y oscuridad. Tosí, aturdido, con el corazón golpeándome el pecho. Intenté ponerme de pie, pero el pasillo ya no existía. Solo fuego.
No podía ver más allá de las llamas. Sabía que, si entraba, no saldría. Pero también sabía que no podía quedarme quieto.
—¡Maldita sea! —grité, golpeando el suelo.
El calor me hacía arder la piel. Mis hombres corrían, algunos heridos, otros intentando sofocar el incendio, pero el ruido era tan ensordecedor que ni siquiera podía oírlos. Yo solo buscaba un rostro. Uno solo.
Y entonces, escuché un grito.
—¡Jefe!
Giré de inmediato. A través del humo espeso, una figura se abría paso tambaleante. No la reconocí al principio… hasta que vi lo que llevaba en los brazos.
—No… —susurré.
Era Mack. O lo que quedaba de él. Su rostro estaba ennegrecido, el uniforme hecho jirones, la piel de sus brazos quemada. Casi no podía mantenerse en pie, pero seguía avanzando. Y en sus brazos… Sue.
Sentí que el corazón se me detenía.
—¡Dios! —corrí hacia ellos, tropezando entre los escombros.
La tomé entre mis brazos, y el calor de su piel me heló. Estaba viva, pero apenas. Sus pestañas estaban cubiertas de hollín, su respiración era tan débil que tuve que acercar mi oído a su pecho para oírla.
—No… no pude encontrarlo… —balbuceó Mack, su voz quebrada, llena de humo y dolor—. Ethan… estaba en la habitación … y luego… una explosión…
Me quedé mirándolo, sin comprender.
—¿Qué estás diciendo? —susurré, aunque en el fondo ya lo sabía.
—Él estaba en la habitación... en dónde se originó la explosión — explica y luego... Mack se desplomó, y lo único que pude hacer fue sostener a Sue con más fuerza.
El mundo se desmoronó a mi alrededor. Las sirenas, los gritos, el fuego… todo se volvió un zumbido distante. Solo veía su rostro, pálido y cubierto de ceniza.
—Sue, mírame —le rogué, tocando su mejilla—. Por favor, mírame. ¿Dónde está Ethan?
Sus labios se movieron, un intento de palabra, quizá mi nombre. Y luego, nada.
El calor, el fuego, el caos… todo desapareció. Me quedé allí, con su cuerpo entre mis brazos, mientras el edificio ardía. El mundo seguía derrumbándose, pero dentro de mí, ya no quedaba nada.
Mi hijo estaba perdido.
Y yo… no podía salvarlos a ninguno.
-¡Mack! - Zack apareció de la nada, intentando ayudar a su gemelo - ¡Dios... estás muy mal! - lo escucho decir a lo lejos.
- Mi Rosa... - Sue está totalmente inconsciente ahora. Poco a poco, mi mente bloquea el dolor y empieza a enfocarse en otro lado. Me pongo de pie y la sostengo en brazos, lo primero es sacarla de aquí y luego volver por nuestro hijo.
-¡Señor!- Zack me llama desde atrás- ¡Cuidado! - demasiado tarde me doy cuenta que uno de los enemigos me apunta de frente con su arma. Lo veo a los ojos mientras aprieto el cuerpo inherente de mi amor. Supongo que si ella y mi hijo no sobreviven, esto es lo mejor. No me molesto en verlo, enfoco mis últimos momentos en ver el hermoso rostro de Mi Rosa, en recordar el sonido de su risa y en todas las veces que me dijo "Te Amo". Escucho el sonido del disparo... lo único de lo que me arrepiento es de haberlos condenado a esta vida... y de no poder protegerlos.
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