POV COLE
Sue lleva un par de días actuando de manera extraña. Es decir, ella está allí; su precioso rostro es el mismo, su aroma y su cuerpo. Pero parece estar a kilómetros de distancia de mí. Cree que no noto como su cuerpo se tensa cada vez que entro en la habitación, como inventa excusas para mantenerme alejado. Y cuando le pregunto qué sucede, se limita a responder con esa sonrisa suya, educada, vacía, que me da más miedo que cualquier amenaza.
- Ven a desayunar – pido y palpo mi regazo. Invitándola a sentarse sobre mis piernas.
- No tengo apetito – la observo tomar una tasa de té y luego avanza hacia la terraza. Me pongo de pie y la sigo; tiene la mirada fija en el paisaje tras los muros, como si quisiera huir con la mirada.
- ¿Puedo acompañarte? – pregunto, aunque no espero una negativa.
- Claro – responde sin emoción, sin siquiera voltear a verme. Me siento frente a ella. El silencio se estira como una cuerda floja. Me gustaría cortarlo, pero temo que cualquier palabra sea un paso en falso.
- Zack me dijo que no has comido bien últimamente.
- No tengo mucho apetito – insiste
- Podrías enfermar.
- Lo dudo.
- ¿Hice algo que te molestara? – pregunto, por enésima vez.
- No – responde. La palabra cae al suelo, sin alma. Quiero creerle, pero su mirada no coincide con su voz.
- Dime lo que te aflige – desvía su mirada del paisaje para verme directamente.
- No me agrada Rachel…
- Lo sé.
- Quiero que se marche – su petición me cae de sorpresa, ella no es de las que suele hacer este tipo de pedidos.
- ¿Estas celosa de ella? – su mirada afilada me atraviesa.
- Quiero.que.se.marche – repite, palabra por palabra.
- ¿Sucedió algo entre ustedes? – pregunto, intentando conciliar la relación
- ¿Por qué no puedes enviarla a otro lugar?
- No puedo, es lo único que puedo decir.
- Bien, entonces yo me iré – se gira para entrar en la habitación, pero la tomo del brazo y la mantengo en su lugar.
- ¿Qué es este capricho? ¿Por qué tan repentinamente actúas de esta manera?
- ¡Suéltame! – pero no lo hago
- Sue, ya intenté de todo para que dejes de estar molesta.
- No, no has intentado todo.
- ¿Qué más quieres que haga?
- ¡Ya te lo dije! ¡Quiero que se largue!
- No puedo hacer eso – me da una patada en la pierna, el dolor sorpresivo hace que la suelte rápidamente. Y regresa a la habitación hecha una furia – Carajo… Sue, ven acá – la sigo hasta la habitación, con un leve cojeo de mi parte.
- Si no puedes darme lo que te pido, entonces déjame en paz ¿Eso si puedes hacerlo? – me congelo, eso es lo último que haré.
- ¿Qué te deje en paz? – me acerco a ella, su ira debe ser contagiosa; porque he empezado a enfadarme. Ella retrocede poco a poco, hasta que se topa con la pared de la habitación – He intentado de todo para tenerte cómoda, pero por razones de negocios. No puedo echar a Rachel ¿Puedes entender eso?
- Largo – exige. Intenta zafarse de mí, pero la acorralo contra la pared.
- Oh, Mi Rosa; adoro que estés celosa, pero te aseguro que no tienes motivos para estarlo – ella levanta la mirada, igual de furiosa que antes.
- No solo debes decirlo, demuestra que no tengo motivos para estarlo – intenta empujarme. Pero tomo sus muñecas y la obligo a ponerlas tras su espalda - ¡Suéltame! - con un movimiento ágil, la tiro sobre la cama; haciendo que su rostro se pegue al colchón - ¡Eres un puto animal! – con una sola mano, sujeto sus muñecas con fuerza sobre su espalda y le doy un azote con la otra.
- Ah… - respinga al sentir el dolor – Si vuelves a hace eso… - le doy otro azote - ¡Suéltame! – empieza a retorcerse como un hermoso gusano.
- Sssshh tranquila, si sigues haciendo esto; solo te lastimarás a ti misma – me inclino sobre ella y lentamente, meto mi mano bajo su comisión de seda.
- No te atrevas, ¡suéltame!
- Solo intento hacer que me digas lo que sucede – subo mi toque hasta su trasero. Uso mi cuerpo para posicionarme entre sus piernas, abriéndolas para hacerme camino a su centro – Dime lo que en verdad te sucede.
- Si no vas a decirme la verdad, ¿Qué caso tiene? – deslizo mi mano por sus posaderas y avanzo hasta llegar a su centro.
- ¡Cole, suéltame en este instante!
- Dímelo, Mi Rosa – debo admitir que tenerla sometida de esta manera, es excitante.
- Cole… si vuelvo a sentir tu polla sobre mi trasero…
- ¿Qué? – me restriego contra su delicioso trasero - ¿Qué harás Mi Rosa?
- ¡Detente! – suelto sus manos, debido a que si sigo sosteniéndola; va a lastimarse. En su lugar, tomo sus caderas, y la mantengo en su sitio. Ella lucha por ponerse de pie, pero jamás va a ganarme en fuerza.
- Tranquila – para este punto, el pantalón ya me lastima. Quiero hundirme en ese trasero caprichoso que tiene. Subo su camisón hasta su espalda y aparto sus bragas con mis dedos.
- ¡No! ¡Dije que te detengas!
- Solo dilo – insisto, pero ella se queda callada. Bajo el pantalón de mi pijama y deslizo mi falo duro sobre su trasero, moviéndolo de arriba hacia abajo.
- ¡Ya basta! ¡No estoy jugando! – suelta un sollozo; me congelo en ese instante. ¿Qué mierda? – Detente, ahora. Por favor. – La suelto inmediatamente, pero temo que lo hago demasiado tarde. Sue se apresura a acomodar su ropa interior y su camisón; yo hago lo mismo. Intentando aclarar mi mente. Cuando levanto la vista, sus ojos contienen lagrimas y me observa con clara incredulidad y miedo.
- Lo siento…. – no sé que más decir, yo creí que lo disfrutaría.
- Soy tu ex esposa, siempre te he permitido tocarme. Pero cuando digo, no… significa No – su voz es temblorosa y me parte el alma. Una sensación de asco me llena el pecho, tanto que creo que voy a vomitar.
- Lo siento, perdóname.
- Vete
- No, espera – intento acercarme, pero me detiene en seco con un movimiento de su mano. Una lagrima le baja por la mejilla.
- Jamás pensé que tu…
- No, perdóname.
- Vete
- Si me voy ahora, no volverás a dejar que me acerque.
- ¡Largo!
- ¡Maldición Suhelem! ¿Qué mierda te pasa?
- ¡LARGATE, VETE CON TU PROMETIDA! – eso me sorprende aún más.
- ¿Mi prometida? – pregunto
- ¿Cuánto tiempo más pensabas mantenerlo en secreto? ¿ Me lo dirías un día antes de la boda?
- No tengo ninguna prometida – le aseguro, pero por su mirada sé que no me cree – Escucha, sé perfectamente bien que varios rumores dicen que estamos comprometidos. ¡Pero es mentira!
- ¿Por qué otra razón la tendrías aquí?
- Porque debo protegerla, a ella y a su hijo. Debo pagar una deuda con su familia.
- ¡No te creo!
- Es la verdad – me acerco otro paso a ella – Por favor, cálmate ¿Quieres? Lo que te digo es la verdad, mi amor…
- Aléjala de nosotros – pide – O deja que me marche junto a mi hijo.
- No pueden irse, sabes que están esperando cualquier oportunidad para lastimarlos.
- ¿Por qué? Nunca nadie te había amenazado de esta manera ¿Por qué ahora? ¿Tiene algo que ver con ella?
- Voy a resolverlo, ¿puedes confiar en mí?
-No lo sé ¿Puedo hacerlo? - me quedo en silencio. Esta mañana se fue al drenaje demasiado rápido.
-Sí, puedes hacerlo - logro alcanzarla y la rodeo con mis brazos - Te Amo, Sue. Sabes que haría lo que sea por ti - le doy un beso en la coronilla de su cabeza. Aunque algo flojo, responde a mi abrazo; metiendo su rostro en mi pecho. Mi familia es mi prioridad, debo encontrar un lugar seguro para Rachel y Clay.