POV COLE
Camino tranquilamente por las calles de la ciudad vecina, la noche es fría y lo que la hace perfecta para lo que está a punto de suceder. Avanzo hasta la parada de autobús pobremente iluminada y me siento en la fría banqueta.
- Gracias a Dios – susurra alguien a mi lado. Me giro lentamente para verla, una anciana muy bien abrigada me dedica una sonrisa aliviada.
- ¿Perdón?
- Oh, es solo que estar sola aquí es aterrador. Apuesto a que hay más iluminación en el infierno que aquí – comenta. Eso me saca una risa suave.
- ¿Por qué lo dice?
- Bueno… las llamas del infierno deben dar algún tipo de luz. Si no, ¿Cómo veríamos aterrorizados lo que nos deparara? Sería tonto si no hubiera iluminación.
- Creo que tiene razón, pero ya estamos en el infierno de todos modos.
- Un joven tan guapo con pensamientos tan oscuros ¿Qué te pasó? – echa un vistazo a la casa frente a nosotros - ¿Tienes problemas con los ciegos?
- ¿Los que…?
- Oh… - apunta con su dedo índice la casa que estoy a punto de pulverizar – Ellos… - susurra
- ¿Los conoce?
- Oh, querido. Esas ratas infestaron el barrio generaciones atrás.
- Claro.
- Si tienes opción, toma un autobús y vete lo más lejos que puedas – me aconseja.
- Es demasiado tarde para mi – confieso - ¿Qué autobús espera?
- El 15 – responde – Usualmente no estoy fuera tan tarde. Pero hoy es mi cumpleaños – comenta – Mi hijo hizo una fiesta sorpresa, estoy cargada de regalos – me muestra las bolsas.
- Pues felicidades. Debe estar feliz.
- Con 80 años encima, lo único que uno quiere es poder descansar un poco.
- ¿Ochenta? Carajo eso es mucho tiempo.
- No el suficiente – responde sonriente
- Lo siento, no quise…
- Está bien, para un joven debe ser un numero alto. Pero para mí… solo es un suspiro – observo sus arrugas, su sonrisa dulce y me dan ganas de abrazarla. Pero luego, recuerdo el motivo por el cual estoy aquí.
- Creo que debería irse – recomiendo
- Espero mi autobús – me explica
- Váyase ahora – me pongo de pie y la tomo del brazo, obligándola a ponerse de pie.
- Wow, tranquilo muchacho.
- Es por su bien, algo está a punto de… - escucho el ruido antes de ver los autos. Mis hombres han iniciado el ataque. Varias SUV negras llegan por ambos lados de la carretera. Acompañados de varios drones cargados con todo el armamento que Kavin pudo colocarles. En segundos la casa se encuentra rodeada y luego, los disparos empiezan - ¡Al suelo! – le grito a la anciana – No se levante, cúbrase y no se mueva – El estruendo de las balas rompe la noche como si desgarraran el cielo. Los proyectiles impactan contra los muros de la casa y el eco se siente en mis huesos. Observo a mis hombres entrar en la casa por la fuerza, derribando a la sorprendida defensa del edificio. El fuego cruzado empieza, por lo que saco mis armas del abrigo y avanzo por la calle hasta la entrada principal. Dos drones se colocan a mi lado, cuidando mi espalda.
- ¡Señor! – me encuentro a Mack por los pasillos de la casa – Deje que limpiemos y luego podrá…
- No, no soy igual que él —susurro, casi a gritos dentro de mí mismo. No vine aquí a dejar que otros hagan mi trabajo. Yo terminaré lo que él empezó. Yo arrastré esta guerra hasta sus muros. Ahora la voy a terminar.
Mack asiente y se aparta. Sus manos están manchadas de sangre. Los cuerpos en el piso lo confirman: esto no es un rescate. Es una ejecución. Avanzo. Mis botas pisan los cascotes y vidrios rotos, el sonido es ahogado por los disparos que siguen. Los dos drones siguen a mis espaldas como lobos de metal atentos al movimiento más mínimo. El aire está denso. Entre humo, polvo y sangre, apenas veo más allá de los corredores.
- ¡Jack! —grito mientras avanzo por el pasillo, disparando sin dudar a cualquiera que se asome por una puerta. No hay tiempo para preguntar. No hay espacio para la piedad.
Uno de los hombres enemigos irrumpe por el costado y casi me sorprende. Le disparo en el cuello antes de que pueda jalar el gatillo. Lo veo caer, ahogándose entre su propia sangre, y sigo avanzando. Nada me detiene. Nada me debería detener. La escalera está bloqueada por un mueble. Algunos de los míos lo arrastran para abrir paso. El fuego empieza a invadir el segundo piso. El techo cruje. No queda mucho tiempo.
- ¡Cole! —escucho la voz de Kavin en mi comunicador— Los drones detectan calor humano en la última habitación del ala este.
- ¿Jack? —gruño.
- No hay nadie más con la señal que llevamos rastreando desde hace semanas. Es él.
Corro. Me lanzo sobre los cuerpos de hombres que intentaron resistir, disparo a lo que se mueva y cuando las balas se acaban en una de mis armas, saco mi daga y empiezo a asestar puñaladas a quien tenga la mala suerte de estar a mi alcance, salto sobre la sangre espesa y rompo puertas sin detenerme. Las sombras se mueven rápido. La sangre me chorrea por la mano, no sé si es mía o de otro. Pero no es la sangre que quiero que corra por mis manos. Sigo mi camino y llego a la puerta. La última. Está cerrada por dentro. Sin pensarlo, disparo a la cerradura. El metal se dobla, y la puerta cae hacia atrás. Jack me espera con el arma alzada.
- Yo no lo hice – dice rápidamente
- ¿Te atreves a negarlo? – pregunto enfurecido
- No tengo motivos para asesinar a tu familia.
- Aun así, lo hiciste cobardemente.
- ¡No lo hice! —grita con el arma apuntándome directamente. Pero los drones aparecen en su campo de visión. Ve cómo me flanquean, proyectando su sombra sobre él, sobre la pared carbonizada, sobre las cenizas del infierno que se ha ganado.
- No lo lastimes – ordeno a Kavin – Es mío.
- Carter.. - Empieza Jack, pero no dejo que termine su explicación. Avanzo.
Disparo. Él responde. Las balas chocan contra las paredes, cortan el aire entre nosotros. Uno de mis drones recibe un impacto y cae, estrellándose contra los escombros.
No me detengo.
Jack retrocede hacia una mesa, usando un cuerpo tendido como escudo humano; un acto de cobardía tan bajo que me enciende aún más la rabia. Suelta el cuerpo y me lanza una navaja con una precisión maldita. La esquivo por centímetros, pero el filo roza mi cuello.
- ¡No vas a salir vivo! —gruño, lanzándome sobre él.
Nos estrellamos contra una estantería. El impacto me hace arder el torso, pero lo agarro del cuello. Lo estrello contra el paisaje desmoronado. Él intenta zafarse, me golpea en las costillas y luego en la mandíbula. Me tambaleo, pero no caigo.
Entonces lo veo: siete hombres más, armados. Están detrás de él. Vienen por la puerta trasera. No los escuché llegar entre el caos, pero ahora están aquí.
Jack le da una mirada a uno de ellos y grita:
- ¡Cúbranme! – Los drones entran en acción, derribando a un par de ellos en un intento de protegerme. Me lanzo de nuevo contra Jack. Disparo a uno de sus hombres, pero otro se lanza contra mí. Me golpea con el rifle en el estómago. Me siento caer de rodillas. El aire se me escapa. Uno de los drones le dispara asertivamente en la frente, librándome de más golpes.
Jack aprovecha. Lo veo retroceder hasta una ventana rota. El fuego crepita detrás suyo. Sus ojos se cruzan con los míos. No hay arrepentimiento. Solo frialdad.
- No era yo, Carter —dice, antes de saltar. Sus hombres lo siguen. Se desvanecen entre el humo y la noche.
- ¡Jack! —grito, corriendo hacia la ventana. Pero la calle está vacía. El sonido de un motor se aleja. Los drones no tienen líneas claras de tiro.
Me quedo ahí, respirando con dificultad. Con el arma aun temblando en mi mano. Lo perdí. Otra vez.
La casa cruje. El techo empieza a derrumbarse. Y entonces escucho a Mack gritar desde abajo:
- ¡Jefe! ¡La estructura está colapsando! ¡Tenemos que evacuar!
Me giro, sintiendo el eco del dolor y la rabia martillándome las sienes.
Jack no murió hoy.
Pero esto apenas comienza.
- ¡Maldición! – grito frustrado. Luego escucho una hermosa voz provenir de algún lugar.
- ¡¿Papi?!