Samuel... Jamás creí que el silencio pudiera ser pesado. Yo conviví con él casi toda mi vida, lo convertí en mi lenguaje predeterminado, mi forma más cómoda de existir. Hasta que ella llegó. No soy bueno leyendo a las personas, al menos no desde que dejé el ejército. Allá no te enseñan a entender miradas tristes, silencios con eco, o disculpas suaves como si fueran vendas mal puestas sobre heridas profundas. Allá te enseñan a leer peligro, a anticipar ataques, a sobrevivir. Nada más. Pero ayer… cuando Nyla se disculpó conmigo y no discutió, yo supe que algo andaba jodidamente mal. Eran casi las ocho de la mañana cuando entré al comedor. No era un buen día para mí, si mis piernas se negaban a obedecer como a diario, era peor cuando se les antojaba joderme la vida con los dolores, había

