Nunca pensé que terminaría saliendo de una cárcel un viernes por la noche, pero la vida tiene humor extraño, especialmente conmigo. El pasillo olía a café barato, papel viejo y muchas decisiones equivocadas. Estaba muy segura de eso al haber escuchado un par de historias de los que ahora eran mis compañeros de celda. Jenna fue la primera en ver a mi papá. Literal saltó de la banca y en el momento que el policía abrió la celda salió corriendo hacía él. —¡SEÑOR SPENCER! —gritó y corrió a abrazarlo. Él apenas alcanzó a abrir los brazos cuando ya tenía a Jenna pegada a él como koala dramático muy agradecido. —Gracias, gracias, gracias, gracias, ¡gracias! —repitió sin respirar—. Usted es el mejor papá del mundo, aunque no sea el mío exactamente, pero lo es. Papá palmeó su espalda, un poco

