Nyla… No sé cuándo empecé a sentir que este lugar no era solo una casa enorme y que yo queda fuera de lugar, sino que se ha convertido en mi hogar. Aunque si soy sincera creo que fue desde está mañana. Cuando el viento se colaba por la ventanilla del auto, cuando Samuel no se molestó por mis zapatos sucios sobre su lujoso auto o cuando no sé molestó incluso cuando fui demasiado torpe al recordar como conducir y cuando regresamos me dejó llevarlo en la silla de ruedas. Al regresar, almorzamos y también, vimos películas el resto de la tarde, me invitó a verlas con él. No puedo recordar la última vez que vi a alguien disfrutar tanto una pantalla como él. —Desde niño me gustó la televisión —me dijo, recargado en el sofá, sin apartar la vista de los créditos—. En el ejército también. Bu

