Currie… La comisaría olía a café barato y rancio, se escuchaban el movimiento de papeles junto con el sonido de las llaves en sus jodidos pantalones. Llevaba veinte minutos esperando y ninguno de estos hombres se dignaba a darme una solución, coloque mi mano sobre la mesa y empecé a moverlos con impaciencia para que aceleraran mi trámite. —La señorita Spencer ya no se encuentra en las instalaciones —me informó finalmente la mujer del mostrador. —¿Cómo que ya no se encuentra? —Se ha retirado, así que ya no tiene nada más que hacer aquí, señor. Me quedé mirandola. Nyla se fue, ¿cómo? —¿La han sacado? ¿Quién fue? La mujer del mostrador no alzó la vista. —Esa información es confidencial, señor. —¡Pero es mi caso! —Fue su caso —corrigió con calma irritante—. Al ingresar se le

