—Cuéntame de ellos —dice—. De tus padres. Me acomodo el cabello. Siempre es un tema sensible, pero… con él no duele tanto. —Mi mamá era… —respiro hondo— era luz. Todo lo hacía especial. Cocinaba horrible, eso sí. Pero nos amaba tanto que ni cuenta nos dábamos. Samuel sonríe, escuchando con atención. —Cuando se enfermó —continué—. Adoptó a una perrita, la trajo a casa envuelta en una manta, apenas si se veía, acordamos llamarla Rocky. —¿La perrita? ¿La que vive con tu papá? —Sí. Ella la trajo a casa. Dijo que la cuidáramos mucho. Que aunque ella no estuviera, Rocky era parte de la familia. Y mi papá… bueno… —bajo la mirada—. Rocky es su vida ahora. Lo mantiene ocupado. Le da compañía. —Eso es bueno —susurra Samuel—. Tener algo que te haga sentir acompañado. Lo dice con una voz más b

