Samuel… No dormí bien. Apenas cerré los ojos y volvía a escuchar la voz de Chris resonando en el salón, repitiendo palabras que nunca fueron un homenaje, sino un recordatorio. “Lo que puede hacer”, “su nueva realidad”, “accidente”. Debí saberlo. Debí anticiparlo. Mi error fue creer, por un segundo, que esta vez sería diferente… que mi padre estaría ahí, orgulloso, que quizá vería algo más que un hijo sobrante, ese que estaba en silla de ruedas por sus malas decisiones. Por un momento pensé que podríamos tener una conversación, que yo podría hablarle de Atelier, de las franquicias, de todo lo que había logrado estos años sin ayuda de la familia. Él estaría orgulloso y vería que realmente tenerme no era una carga. Pero Chris sigue siendo Chris. Y yo sigo siendo un tonto cuando esp

