La puerta del cuarto fue abierta con brusquedad cuando hombres armados tomaron lugar en el sitio. —¡Arriba las manos! — ordenaron con voz gruesa. A Bruno no le quedó más remedio que alejarse de Helena y levantar las manos. El alcohol se había evaporado de su sistema y ahora se encontraba lúcido, preguntándose cómo diablos la DEA se encontraba ahí. Helena se asustó al ver a los hombres encapuchados con armas, pero al saber que eran policías se tranquilizó. Habían llegado junto a tiempo, antes de que Bruno le hiciera algo. Uno de los agentes se le acercó y le extendió la mano con sutileza. —¿Se encuentra bien? —Ella asintió y tomó la mano con un suspiro. Todo iba a estar bien. Al salir de la habitación todo estaba hecho un revuelo, personas detenidas otras en el piso con armas en su c

