Capítulo 5

2007 Palabras
Irse del club fue lo más razonable, no quería toparse más con el señor Vance y menos que Bruno supiera que él estaba ahí. Caminó a paso lento hasta el edificio y se paró de repente cuando vio a mucha gente fuera de él. No comprendió por qué de repente sintió una opresión en su pecho, siguió caminando hasta donde la muchedumbre y vehículos policiacos rodeaba la entrada del edificio. —No puede pasar —le dijo un agente. —Pero...- quería objetar, pero el llanto de la señora del 5A la distrajo, conocía a esa mujer, la había visto muchas veces con... Entonces sus ojos se agrandaron y miró hacia la zona acordonada, no le importo que no la dejaran pasar, ella corrió hacia allí empujando a cualquier persona que se le atravesara y entonces lo vio. Addam estaba en el suelo sobre un charco de sangre y noto lo que parecía ser la herida de un arma de fuego sobre su cabeza. Todo su cuerpo se estremeció y comenzó a llorar, quería tocarlo, pedirle perdón porque sabía perfectamente que había pasado, pero fue detenida nuevamente por un oficial. —¡Cálmese por favor! —le pidió. Helena no escuchaba palabra solo miraba el cuerpo inerte de su querido Addam en el piso. El oficial la llevó hasta el límite de la acera y trato de tranquilizarla, Helena asintió aún con lágrimas recorriendo sus mejillas sin cesar. —Pronto vendrá el perito para levantar el cuerpo, no puede tocarlo, cualquier evidencia puede ser alterar. —Asintió de nuevo sin entender un carajo, ella no necesitaba saber quién era el asesino de Addam porque sabía perfectamente quién era la persona que le había arrebatado absolutamente todo, empezando por su vida entera. Se quedó sola, allí en la noche fría, pensando en las personas que Bruno ha lastimado por su culpa, Addam no había hecho nada malo, solo tuvo la mala fortuna de haberse enamorado de ella. Se abrazó a si misma y empezó a caminar sin rumbo fijo, caminó hasta que llegó a un pequeño puente a unas cuadras del edificio a lado contrario del club. Ahí se paró a observar los autos que iban y venían debajo de ella, quería ser libre, quería al menos decidir como iba a morir, entonces lo decidió. La única forma de salir de la vida en la que estaba era muriendo. No quería ser más el títere de nadie, no quería que la usaran solo para su satisfacción, no quería más nada de eso. Se subió sobre el parapeto sosteniéndose de uno de los tensores, el aire frío recorrió su cuerpo haciéndola temblar y sonrió, al fin sería libre. —Helena... no lo hagas por favor. —La voz gruesa de Alexander se escuchó a su lado, ella trató de mirarlo y preguntar como fue que había llegado hasta allí, pero al tratar de girar la cabeza, su pie resbaló empujándola al vacío —¡Nooo! . . . Entreabrió los ojos observando el techo de la habitación donde estaba. Se tocó la cara y los brazos, estaba viva. Se inclinó sobre la extensa cama llevando su mano hasta su cabeza al sentir la fuerte punzada en su nuca. —Estará bien, solo hay que tomarle una resonancia para descartar cualquier problema... lo que realmente me preocupa es el mal estado en que se encuentra, los golpes de su cuerpo son pasados y otros recientes junto a su bajo peso. Podría tener anemia y desnutrición, necesitamos hacerle más exámenes al respecto. —Alexander asintió preocupado sin notar la mirada de Helena sobre él. —No sé preocupé doctor yo me encargaré de todo... —Alexander guardo silencio cuando la vio despierta. Le hizo una señal a Arnaut y este asintió acompañando al doctor a la salida. Helena trató de pararse, pero de inmediato un mareo la atacó, Alexander la sostuvo rápidamente ayudando para que se sentara de nuevo sobre la cama. —¿Qué paso? —Se tocó de nuevo la cabeza. —Te golpeaste cuando trataste de saltar del puente, por suerte estaba ahí antes de que tú... —respondió serio. —Señor Vance... ¿Cómo es que usted supo donde estaba? —Alexander cerró los ojos, odiaba tener ese impulso en momentos inadecuados. Helena no esperó respuesta, cuando su realidad le llegó de golpe, la razón de porque había llegado hasta ese puente. El rostro de Addam atormentaba su mente y empezó a negar—. Debió dejarme morir... si Bruno se entera de que estoy con usted no sé que sería capaz de hacer. —El miedo empezó a invadir su cuerpo Alexander la miró serio preguntándose por qué le temía tanto a ese tipo. —¿Qué pasa con él? —Quería saber la verdad, pero ella volvió a negar. Para Helena, Alexander era un desconocido, tal vez le había salvado la vida, pero estaba segura de que no le gustaría saber la verdad, incluso ella misma se daba asco—. Yo te protegeré. Vance acaricio su mejilla, trató de trasmitir confianza para ella, eso era muy difícil. —¿A cambio de qué? —Alexander se sorprendió. Si, Helena era muy lista, y sabía que si alguien desconocido te ofrecía algo no sería a cambio de nada. —Tengo que admitir que mi principal interés en ti es sexo. —Río con amargura, lo sabía, todos buscaban lo mismo, solo su placer. —Me iré ahora mismo. —Se puso de pie. —Espera... sé que tal vez no sea lo que buscas, pero podemos hablarlo... - jamás le había rogado a nadie, pero sabía que si Helena salía por esa puerta no volvería a verla jamás—. No sé que hayas pasado con Bruno, pero conmigo será distinto. Yo nunca te lastimaría. —Eso dígaselo a las demás prepagos que estuvieron con usted —dijo irónica. —No lo entiendes... contigo es distinto. —Siempre lo es —dijo para sí misma —Usted es el que no entiende nada, ¿Sabe que hará Bruno cuando se entere de que no estoy donde debo? Esta vez sí me matará. —Escápate de ese lugar... en sí ya lo hiciste, estás aquí... quédate conmigo, tendrás todo lo que quieras, casa, lujos, ropa, comida, sirvientes... —Y a cambio yo tengo que dejar que haga conmigo lo que quiera —dijo desanimada. Era lo mismo que con Bruno, a él no le importaban los lujos ni nada de eso, ni siquiera sabia que era vestir bien solo quería vivir sin miedo—. ¿Me prostituirá como él? —¿Qué?, ¡No!... solo serás mía, nadie más te tocará, solo yo... —Alexander se acercó a ella tocando ligeramente su mejilla. No quería asustarla. Maldijo cuando su linda voz había puesto a su pene tan duro que en el momento en que dijera que si, la tomaría ahí mismo. —No sabe como es Bruno, tengo miedo, soy de su propiedad —dijo agobiada. Vance sospechaba algo como eso. Helena en realidad estaba con él a la fuerza, el hijo de puta lo obligaba a venderse y recordando los golpes de su cuerpo solo pudo imaginar lo que sufría a su lado. Era desquiciado ofrecerle que se quedara a su lado, no era como Bruno, pero le pedía casi lo mismo, Alexander no era la clase de persona que diera a conocer sus emociones, pero algo tenía que hacer para que Helena jamás regresará a ese lugar y su parafilia era una buena escusa. Vio en sus azules ojos su infancia reflejada, y las ganas de protegerla lo invadieron completamente. —Soy el CEO más importante del país, te protegeré, jamás dejaré que te pase nada... solo acepta. —Movió su mano lentamente hasta su nuca y se acercó a ella respirando sobre su nariz. Helena sintió como su cuerpo se erizó ante su tacto, tenía que admitir que era la primera vez que le pasaba esto, sentía miedo pero curiosidad al mismo tiempo. ¿Qué la detenía a dejar todo y ser libre ahora? Sin Bruno, sin Alexander. Siempre fue el miedo a no tener a nadie, al menos ahí tenía a Leyna, ¿pero ahora?, no era nadie, ¿cuánto creía que podría sobrevivir en las calles sola?, seguramente Bruno la volvería a encontrar, era más peligroso de lo que realmente pensaban, sin contar que era el dueño de la ciudad. —Supongo que tendrá reglas. —Era una locura huir de Bruno, era algo que nadie había hecho antes, pero tenía la esperanza de que Alexander la ayudaría. —Creo que las sabes... —No puedo tocarlo, no puedo besarlo y tengo que mantenerme cayada. —Alexander sonrió. —Solo hay un pequeño cambio con la última regla, has todo el ruido que te plazca mientras no deje de escuchar esa magnífica voz que tienes. —Asintió insegura y esa fue la señal que necesitaba. Alexander la cargó sosteniéndola de las piernas hasta llevarla de vuelta a la cama. . . . Helena despertó alterada, sudoroso y con la respiración entre cortada en una habitación que no era la suya, por un momento pensó que también estaba soñando, pero era solo su realidad, había cambiado de dueño, seguía siendo la misma cárcel. Ya se estaba arrepintiendo de haber aceptado. Bruno no se quedaría así, tan tranquilo, la buscaría, estaba segura y cuando la encontrara solo Dios mismo, sabia que haría con ella. Se sentó en la cama, estaba sola, el señor Vance era extraño, solo quería tener sexo sin que lo tocará o lo besara, estaba bien con eso, al menos no la lastimaba, solo pedía que dijera su nombre en todo momento y que gimiera, era algo sencillo cuando sentía y disfrutaba cada cosa que le hacía, eso era aún más extraño en ella. ¿Cómo había podido despertar su lívido con una persona tan complicada como la era el señor Vance? No hace mucho la había dejado en esa habitación después de haber terminado con ella. Le prometió tantas cosas que no sabía que pensar, en ese momento no sabía qué pasaría, talvez estaría mejor con él, pero no estaba segura. Solo se preguntaba cuando podría ser totalmente libre y tomar las decisiones en su vida. Se recostó de nuevo sobre la cama, miró el techo blanco mientras tapaba su desnudes con la sabana y se acurrucaba de lado, empezó a cerrar lentamente sus ojos hasta caer en otro sueño profundo. . . . Bruno golpeó fuertemente la mejilla de Layna, su único trabajo era cuidar de Helena y ahora no sabían dónde estaba, la había descuidado. La ineptitud era algo que no podía tolerar y ella tenía que pagar por ello. —¿Dónde mierda esta? —preguntó por cuanta vez y de nuevo recibió una negativa, Bruno preparaba de nuevo su mano para otro golpe hasta que Dong entró a su oficina y miró expectante a su jefe—. ¿Qué quieres? —dijo furioso. —Tiene que ver esto, señor. —Dong llevó a su jefe hasta la sala de vigilancia donde se encontraban las cámaras, en la pantalla más grande se reproducía un vídeo donde se podían apreciar no muy claramente a Helena junto a Alexander, dentro de uno de los cubículos. Bruno apretó sus puños junto a su mandíbula de forma furiosa. Ya sabía dónde y con quién se encontraba su querida Helena. -Bruno, alguien te busca. —Irene irrumpió en la habitación. —No estoy para nadie. —Ahora lo único que quería era ir por su Helena, ningún jodido hombre iba a quitárselo, de eso estaba totalmente seguro. —Es Alexander Vance... Bruno miró a Irene incrédulo y sonrió, ese hijo de puta tenía unas pelotas muy grandes al venir después de haberse llevado su pertenencia, pero tenía curiosidad de que podía decirle. Aún que estaba furioso y sediento de venganza sabia que no sería tan fácil, no con Alexander, así que guardaría sus cartas cuando él mostrará las suyas.
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