–Y así lo tomó Eva. Jamás lo hubiera imaginado –expliqué a Adriano. –Tranquila. Ya verás que mañana recapacita y se le pasa el mal humor –aseguró, mientras se llevaba una porción de pizza a la boca. –¿Eso crees? –pregunté, con recelo. –Yo creo que si tienen una amistad de hace tanto tiempo, debería dejar de lado su enojo y perdonar que se te escapó mencionar el detalle de que estabas casada –dijo Adriano con una sonrisita pícara en los labios, tomando su vaso de cerveza–. Vamos, olvida por un momento el asunto y verás que luego lo resuelven. –Perdón por siempre agobiarte con alguna tontería mía. –No lo haces. Pero sí te preocupas demasiado. Quizá es como dicen tus amigas; tuvo un mal día y se desquitó contigo. Prueba con escribirle un mensaje para saber si se encuentra bien, si de ver

