En algún momento, la oscuridad dejó de ser todo n***o para pasar a ser destellos de colores, que en un principio no comprendí lo que era. Luego oí algunas voces, unos sonidos… No distinguía bien de qué se trataba. Me sentía algo aturdida. Sentí una brisa fresca en mis mejillas. Sentí el calor de unos brazos que me sostenían, y no quise abrir los ojos, temiendo que aquella sensación tan reconfortante no fuera real. Sus brazos me apretaron con un poco más de fuerza y no quise que me soltara, aunque la confirmación de que era real llegó poco después, con sus palabras. –Te amo, Abi –dijo. –Yo también te amo, mi amor –contesté. Aún con mis ojos cerrados y una sonrisa en el rostro, me echó algo hacia atrás, supongo que para observarme. –No me sueltes –pedí. –No lo haré, nunca. Volvió a e

