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723 Palabras
Liora Con los rayos del sol entrando a raudales por mi ventana, me despierto aturdida y confundida. Lo último que recuerdo es a Ronan dándome el primer orgasmo que un alfa me ha dado. Estaba perdida en su éxtasis y sus secuelas. Ahora estoy sola en mi cama. ¿Me arrepiento de lo que pasó con Ronan? Sí. Porque una vez que descubra lo que realmente soy, podría ser el fin para mí… o para él. ¿Me arrepiento del orgasmo más placentero de mi vida con el cambiaformas más hermoso que he visto hasta ahora? No. Sin embargo, no puedo sentir nada más que decepción al despertar sola. Una parte de mí se siente avergonzada por el mero pensamiento de que se quedaría… y me abrazaría. Me paso las manos por la cara y me froto para quitarme el sueño. Me levanto y me dirijo sigilosamente al baño para una rápida ducha. Con los ojos cerrados, dejo caer las piernas al costado de la cama con un gemido. Me estiro sin pensar demasiado en ello. No tengo a dónde ir ni a quién ver. Me encuentro reflexionando sobre mi lugar aquí, en esta manada. Un minuto estoy conforme con quedarme. Al siguiente estoy decidida a irme. Creo que esto último tiene mucho que ver con Ronan. Solo pensar en lo que hicimos hace que mi cuerpo vuelva a calentarse. Me visto rápidamente, reviso mi teléfono y, por supuesto, no hay mensajes suyos. ¿Qué esperaba? ¿Palabras melosas? ¿Disculpas? No tengo ni idea. Sentada en el sofá, a punto de morir de aburrimiento, un golpe en la puerta me saca de mis pensamientos. Miro por la mirilla y veo que es Mónica con una bandeja de comida. No puede escribirme… ¿pero puede pedirme comida? Respiro hondo y la dejo entrar. Es hermosa y elegante. Me recuerda mucho a mi hermana pequeña. Ay… lo que daría por volver a verla. —Ronan pidió que te trajera el desayuno esta mañana —dice—. Avísame si necesitas algo más. Antes de que se vaya, la agarro de la muñeca y levanto el dedo índice. —¿Quieres que espere? Asiento con la cabeza y me dirijo a la isla para buscar mi bloc de notas. Antes de que pueda arrepentirme de mi momento de valentía, garabateo rápidamente mi nota y se la paso. —¿Quieres que te enseñe la cocina? Asiento con la cabeza. Hubo un tiempo en que me encantaba colarme en las cocinas de nuestra finca en el castillo. Aprender a hornear con el personal y las famosas galletas de doble chocolate de la señorita Mary eran lo mejor de la mayoría de mis días. —Bueno… no estoy segura de que deba hacerlo. El Alfa Ronan no dijo que no pudiera, pero tal vez necesite su permiso. Niego con la cabeza y garabateo rápidamente otra nota. —Nunca dijo que no pudieras salir de tus habitaciones. —¿Estás segura? Asiento con la cabeza y ella se queda pensativa un momento antes de aceptar. —Bien. Desayuna y volveré en una hora para darte un recorrido por la cocina. De todos modos, estaré en mi descanso para entonces. Sonrío y me despido con la mano. En cuanto se va, me giro para devorar mi tortilla y mis donas. Primero las donas, por supuesto. Después del desayuno, Mónica cumple su palabra y llega puntual. Caminamos hacia los ascensores y bajamos al comedor y la cocina. Siento que mi pulso se acelera y mi respiración se vuelve más aguda al saber que, por primera vez, voy a ver a otros cambiaformas. Estoy tomando esta decisión por mi cuenta… pero me sentiría mucho más segura si Ronan estuviera aquí. —Todo estará bien, Liora —dice Mónica con una sonrisa tranquilizadora—. El Alfa Ronan ha informado a quienes viven aquí sobre tu estancia y el motivo. Nadie te molestará ni te dará problemas. Hace un gesto hacia el amplio comedor. —Somos una manada muy amigable. Varias mujeres han pasado por estos pasillos, rescatadas como tú. Además, todos recordamos lo que el Alfa Ronan y su familia pasaron con su hermana. Su voz se suaviza. —Guardamos un cariño especial por todas las mujeres que han venido aquí. Se queden o se vayan… siempre serán parte de nosotros.
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