Nunca imaginé la cantidad de responsabilidades que tienen las secretarias, en verdad es una locura. Pero me esfuerzo día con día para no decepcionar a Leah.
- ¿Podrías llevar estos documentos a la oficina del vicepresidente? – me pide Morgana – Son los preparativos de Marketing para la campaña que tenemos el próximo mes.
- Claro – tomo los pesados documentos y varias carpetas.
-
Su oficina está en el ultimo piso, ten cuidado y por favor… no te distraigas, no tires los documentos y no los revuelvas ¿entendido?
- Entendido – emprendo mi camino con cuidado, la verdad es que se hacen más pesados conforme pasa el tiempo. Doy gracias a Dios cuando escucho la campana del ascensor y las puertas se abren. Salgo apresuradamente y siento como me estampo contra algo, un liquido frio cae en mis brazos y los documentos se riegan por el suelo; la mayoría de ellos empapados con una bebida cafés - ¡No! – levanto la vista para ver a un chico pelinegro, alto con gafas y muy molesto.
- No voy a disculparme por esto – taja – no fue mi culpa – lo veo con incredulidad
- ¡Es tu bebida la que está sobre mis documentos! – le reclamo
- Y fuiste tú la que salió del ascensor como un huracán – recalca. Reprimo un par de insultos y me inclino para poder levantar los documentos.
- Morgana va a matarme – susurro mientras los apilo. Veo al chico inclinarse a mi lado y me ayuda a recoger las hojas.
- Espera… - saca un pequeño pañuelo de su saco y empieza a limpiar mi rostro, creo que la bebida también me salpicó la cara. Levanto la vista y al tenerlo tan cerca, noto el color de sus ojos a través del lente; un hermoso azul me regresa la mirada, sus labios tienen un toque rosado que se ve maravilloso. Es sin duda, uno de los chicos más guapos que he visto en mi vida entera. Noto que él también estudia mi rostro con curiosidad.
- D.S. ¿En dónde…? – la voz de alguien nos sobresalta y al girar levemente, veo a Logan parado al final del pasillo. Nos ve con curiosidad - ¿Qué pasó? – pregunta
- Nada importante, solo… un pequeño accidente – el chico a mi lado me da su pañuelo y continúa levantando las hojas.
- ¿Mar? – Logan se acerca
- Hola – lo saludo
- ¿Qué haces aquí?
- Se supone que tengo que entregar estos documentos al vicepresidente – respondo – Pero bueno… pasó esto.
- ¿Estás trabajando aquí?
- Sí, soy secretaria.
- Pero…
- ¿Por qué tantas preguntas? ¿Quieres saber más para terminar de aplastarnos? – él suspira
- No fue personal y tu padre no es inocente, recibió lo que se merecía.
- Claro, es por eso que mi hermanito ahora va a una escuela publica mientras vivimos en un apartamento de una sola habitación – me pongo de pie y lo veo directamente - ¿nosotros también merecíamos esto? – omito la parte en la que Leah me ayuda, no quiero que se entere de nada.
- Mar…
- Olvídalo, no tiene sentido discutir esto contigo. Pero quiero saber algo – él me observa, sus ojos café me ven con pena – No lo hiciste tu ¿verdad? – junta sus bellas cejas – Ya estabas en prisión cuando nos quitaron todo ¿Quién lo hizo?
- Dijiste que no tenia sentido discutir esto, no hay nada que se pueda hacer.
- Quiero saberlo, al menos por los años de amistad que tuvimos.
- Sigo considerándote mi amiga; es por eso que tu padre no está preso. Eso es lo que merecían sus actos y aunque te cueste admitirlo, es la verdad – quiero golpearlo, pero pueden despedirme de nuevo, así que me abstengo de hacerlo.
- ¿Debo agradecértelo?
- Debes ser objetiva, puedes creer que soy el peor villano… o aceptar la verdad y ver los actos viles de tu padre y sus socios.
- ¿Puedes simplemente decirme el nombre de tu socio?
- No veo porque tanta insistencia – El chico de las gafas se pone de pie con los documentos - ¿Qué quieres ganar con saber el nombre del socio? ¿Vas a matarlo o algo por el estilo? – en su rostro solo hay indiferencia
- Y yo no veo porque te metes en conversaciones ajenas – respondo furiosamente – Logan, quiero la verdad.
- Yo fui quien le hizo esto a tu familia, cúlpame a mí – no va a decirme nada.
- Bien, si me permiten. Necesito ir a la oficina del vicepresidente – Le pido los documentos con un gesto de la mano, no tiene caso seguir discutiendo con ellos. Logan suspira pesadamente.
- Déjalo así.
- ¿Qué?
- Yo soy el vicepresidente, Mar – eso me sorprende, creí que tendría algún cargo de director o algo de menor rango; ahora entiendo porque Leah está tan preocupada sobre la empresa, conociendo el temperamento de Logan, seguramente también querrá quitarle todo a ella.
- ¿Enserio trabajas aquí y no lo sabes? – es el chico de las gafas de nuevo.
- Oye, empiezas a molestarme – le respondo, pero él simplemente se gira y se marcha por uno de los pasillos, ignorándome olímpicamente – ¿Qué le pasa a tu lacayo?
- Se llama Asthon – me corrige – Mar, por favor. Solo… trabaja como te corresponde y pase lo que pase, no te metas entre Leah, Jared y yo ¿entiendes?
- ¿Por qué me pides eso? Yo no tengo nada que ver con ustedes.
- Solo es un recordatorio, nada bueno te sucederá si te interpones y no quiero que sigas sufriendo.
- ¿Lastimarás a Leah?
- Obtendrá lo que se buscó – asegura – Nada más – se gira hacia el mismo pasillo que tomó el lacayo hace unos instantes – Nos vemos después – se despide con un gesto de la mano, dejándome con un sentimiento de impotencia mayor del que ya poseía. Regreso a la oficina de Leah con la pesadez en mi pecho.
- ¡Pero… ¿Qué pasó?! – Morgana se apresura a revisarme – Estás empapada ¿estas bien?
- Tranquila, solo es un poco de café helado – la tranquilizo y me dejo caer sobre una de las sillas.
- Necesitas una limpia urgentemente ¿Cómo es posible que tengas tanta mala suerte?
- Lo sé, seguramente fui una asesina despiadada en mi vida anterior para que todo siempre me suceda a mí.
- Tranquila ¿quieres irte a limpiar un poco?
- Sí – me pongo de pie en dirección al sanitario. Lavo con un poco de agua las manchas de mi blusa, pero la verdad; creo que no lograré hacer mucho. Resignada, salgo del sanitario para regresar al trabajo.
- Silencio – veo al lacayo de Logan tomar a una chica pelinegra de una de sus muñecas y se encierran en un cuarto de limpieza. Veo a mi alrededor y llena de curiosidad, me acerco rápidamente a la puerta, pegando la oreja en la madera para poder escuchar un poco – Te dije que no vengas a este lugar – él parece molesto
- Mi amor, perdóname. Por favor, piénsalo mejor… podemos, podemos seguir con la boda – la chica está llorando de manera desesperada.
- ¿Ya lo hablaste con tu amante o es tu decisión? – vaya, esto es inesperado. Un lacayo cornudo.
- Me equivoqué ¿Okay? Cometí un error, a cualquiera podría…
- No, escúchame muy bien. No voy a continuar con la boda, así que déjame en paz de una buena vez.
- Pero la boda ya está casi preparada y…
- Es suficiente, no quiero seguir hablando de lo mismo.
- ¡Esto no es solo mi culpa y lo sabes! – ella parece haber perdido la paciencia – Nunca me presentaste a tu familia o a tus amigos. Y cuando ella vino a vernos, simplemente te alejaste de mi ¿Por qué? Porque no le agradé… ¿sabes como me hizo sentir eso?
- No le agradaste porque te descubrió mientras me engañabas – responde él. Esto se puso bueno, pero ¿Quién es “ella”?
- Tu nunca me amaste ¿verdad? Siempre fue así ¿crees que no lo notaba?
- Suficiente, me estoy hartando.
- ¡La amas a ella! – grita la chica – Pero, es un amor prohibido y sabes que jamás la tendrás.
- ¡Sí, la amo! – el lacayo explota por fin – Es por eso que no me importas en lo más mínimo, acéptalo y aléjate – taja y luego abre la puerta de un movimiento brusco. Me tambaleo hacia atrás debido al susto. Ellos me observan con sorpresa e incredulidad – ¿No crees que ya estas grande para escuchar tras las puertas? – sus ojos azules dan miedo
- Al menos no traigo mis problemas personales al trabajo – respondo intentando parecer valiente
- Escúchame bien, chica tonta – me toma de la muñeca y me pega a la pared – Sí se lo dices a alguien, te haré la vida imposible ¿me entiendes?
- ¡Suéltame! – pido mientras retiro mi mano de su agarre con un tirón fuerte.
- Ya estás advertida – y sin darle otra mirada a la pelinegra, nos deja a ambas allí.
- Vaya carácter – digo y ella me asesina con la mirada, se pone unas gafas de sol y sale con altivez del cuarto de limpieza - ¡Por esa actitud no quiere casarse contigo! – le grito en un acto infantil de molestarla. Pero ella simplemente se marcha al igual que el lacayo, al menos me enteré de un buen chisme.