Seguía en casa de mis padres, era la segunda noche, ellos no me preguntaban, yo no decía nada, ni siquiera lo hicieron cuando vino Markus a buscarme y mi padre salió a dar la cara diciendo que yo no estaba en la casa, que hacía mucho tiempo que no me veía, yo se lo había pedido y él lo entendió. Me preguntaba por qué me buscaba, si ya todo lo había dejado claro en ese hotel donde tenía a las mil putas. Esa imagen nunca se irá de mi cabeza, no tenía una, ni dos, tenía unas cuantas, no llegué a contarlas. Lo peor fue ver la cara de todas ellas mirándome con lástima. Solo necesitaba un par de días más para levantarme y seguir adelante, tenía los medios y un motivo para hacerlo. Mi profesión era mi sueño, y pensaba dedicarme en cuerpo y alma a ella con el único propósito de cambiar la

