Cuando desperté, ya se había ido, en mi cama solo quedaba su olor, no me sorprendí, sabía que lo haría sin despertarme, era su modus operandis, llegar sin avisar, irse sin despedirse. Esta vez había dejado el pantalón y la camiseta de deporte, además de la bolsa de aseo, su cepillo de dientes estaba colocado junto al mío, sabía que lo hizo para recordarme que volvería. Me hubiese gustado verlo antes de irse, verlo vestido, me imaginaba su cuerpo con el Versace que estaba colgado en mi almario y que había desaparecido junto con él. Deambulé por mi casa como un robot, entré a todas las habitaciones, incluida la que ocupó Llul como oficina y para dormir, y no había ningún signo de que en ella había estado alguien, me fuí a la cocina y solo el frigorífico me mostraba que estuvieron en

