Ya estaba recuperado de mi operación, quizás no totalmente, pero me faltaba poco, el viaje a Afganistán me lo demostró, allí tuvimos que enfrentarnos a uno que otro problema del oficio. La subí a mi cintura y sin dejar de besarla la llevé a mi habitación y la acosté en mi cama. Mi habitación se veía diferente con su presencia, la dejé por un momento y busqué el mando para cerrar las cortinas, estábamos solos por todo el fin de semana, era mía para hacer de mi ático mi lugar favorito. Subí encima de su cuerpo y acerqué mi boca a sus labios sin permiso, con mis dientes abrí su boca y metí mi lengua en ella, miraba sus ojos como si tuviera miedo de que se fuera a escapar, estaba seguro de que no lo haría, primero; porque no quería, y segundo; porque estaba en mis dominio, y de mi casa

