Tenía ganas de matar a sus padres, no entendía cómo podían comportarse de esa manera, y lo que más me sorprendió es que ella no guardaba ningún rencor. Era una mujer admirable, poco a poco iba entendiendo porqué me había enamorado de ella. –Pequeña, ahora te voy a invitar a comer y luego nos vamos a casa y te voy a echar el… sin número mejor polvo alucinante de tu vida. –Vas a hacer que se mojen mis bragas. –Mejor… así cuando me las quede su olor será embriagante. –A propósito ¿Qué haces con mis bragas? –Las guardo y cuando te extraño las huelo y me hago una paja. –Yo no puedo hacer lo mismo, no usas calzones. –Enfatice con burla. –Pero la recompensa siempre es mejor. –Saqué mi teléfono para avisar a Llul que entraríamos al Lacivert; uno de los mejore

