Edric no tenía muchas ganas de asistir a la velada. No porque no les gustara, es más, antes de que su padre le diera el ultimátum del matrimonio, estaba deseando poder asistir a una, para poder encontrarse con sus amigos que venían a pasar la temporada a la gran Londres. Pero ahora, ahora sabía que su padre quería presentarle a la hija de su amigo. Tal vez, la joven era una belleza, tal vez era agraciada en dote y tal vez fuera muy respetuosa y por lo que a él respectaba podía ser la misma afrodita, pero no importaba en absoluto porque no se quería casar y no pensaba hacerlo. Llegando a la velada dejó sus abrigos, bastones y sombreros, dejándoselo al mayordomo y entraron al gran salón. El recibimiento tan eufórico de lady Matroz fue tan entusiasta que lo hizo sentirse bastante

