Grecia despertó con un dolor de cabeza atroz, quiso vomitar en cuanto abrió los ojos, por lo que se alejó de la cama buscando el retrete.
Estaba acalorada, más con la ropa que tenía encima. Al menos estaba vestida, se dijo. No había cometido una locura.
Busco algo con lo cual lavarse la boca, descubriendo que esa habitación no era en la que se hospedó. Apretó los párpados, encontrando lo que paralizó su cuerpo al solo verlo.
Un hombre enorme, boca abajo y con un velo de novia en la mano estaba en la misma cama de la que ella recién se había levantado. Caminó despacio a ese lugar y se revisó.
Estaba vestida... demasiado vestida. Mucho era mejor que nada.
Esa prenda blanca que tenía encima de su ropa no era algo que usaría ella, y en el espejo se dio cuenta que parecía una loca que se había escapado de un sanatorio mental. No tenía señales de haber tenido sex0, agradeciendo que fuese así.
Dormir a lado de alguien desconocido había sido lo peor que hizo la noche anterior. Bajó el cierre del vestido, buscando su móvil, siendo eso lo único que de seguro llevaba con ella, al fin dio con el aparato que estaba sobre un papel que no se esforzó en leer.
Lo único que vio del hombre que estaba sobre la cama fue su tatuaje en la parte trasera de su cuello, parte de su rostro y su mano con un tatuaje menor en uno de sus dedos.
No iba a averiguar nada más, entre menos recordara de él, más segura estaría, pensó. Saliendo a toda prisa de ese lugar, evocando la dirección de su hotel, al que llegó a meterse directamente a la ducha, la resaca no era lo suyo. Pocas veces bebió de más y jamás perdió el conocimiento como en ese momento.
No hizo nada malo. Sí su versión borracha quería tener sex0, algo no lo permitió y al menos lo agradeció porque no sería tan inconsciente de haber hecho una estupidez como esa, se dijo.
Durmió en el avión de regreso y se adentró al apartamento, donde no quiso dormir en su cama, haciéndolo en el sofá, lugar que le sirvió para perder la consciencia del mundo real y apegarse al de fantasía en el que esas horas quiso vivir.
Un viaje corto, que no pensó le había servido más que para que el impacto de lo ocurrido con su jefe y su novio le haya dolido mucho más de lo que ya lo hacía.
Logan por su parte tenía los ojos puestos en el papel que según vio estaba oficializado legalmente.
Frotó su rostro y se bebió la botella con agua por completo. Que cosa más absurda en la que cayó, no siquiera sabía si era el nombre real de la mujer que recordó, por lo que enviaría a que investigasen y anularan dicha situación.
Tan solo pensar en un matrimonio le hizo picar el cuerpo. Sí había algo que aborrecía en su vida, era el matrimonio. Odiaba la palabra en sí, y saberse como un imbécil firmando tal cosa, le dolió la cabeza.
En cuanto puso sus pies dentro de su casa rechazó cualquier llamada, solo quería dormir y fue lo que hizo hasta al siguiente día, donde más descansado salió rumbo a la empresa de seguridad en donde se sentó encontrando un par de aspirinas que se bebió al instante. Al menos su asistente era competente, por ello la contrató aún estando embarazada, pero estaba a nada de irse por la licencia de maternidad, por lo que sabía pronto vería a la sustituta temporal.
__ La solicitud de anulación ya se hizo, señor. Solo se tiene que esperar a que la persona implicada también esté de acuerdo y firme. - señaló el abogado.
__ ¿Es alguien real? - este asintió dándole un nuevo dato de la tal Grecia Montero. - Al menos se encontrará fácil.
De seguro sería alguien que tampoco quería estar unida a alguien desconocido por lo que se preocupó poco. Aunque sí quiso que ese asunto se resolviera rápidamente.
Ni siquiera quiso tocar el acta que sí abogado le devolvió. La razón del repudio a ese término era solo una que jamás repitió.
__ Ya suelta a tu asistente, da la impresión de que va a dar a luz dentro de pocas horas. - jamás se fijó o tuvo lástima de las personas a su alrededor.
La sola mención de la palabra afecto era una alergia para él.
__ No soy quién insistió en trabajar hasta la el último día permitido por su médico. - contestó a su hermano. - Pero si tanto quieres abogar por ella, adelante.
__ No, gracias. Eso no es lo mío. - alegó Michael. - ¿Que es esto?
Logan tomó rápidamente el acta de matrimonio que tenía sobre él escritorio, antes que su hermano lo hiciera.
__ Juraría que era...
__ No es importante. - lo lanzó a la basura sin darle mayor interés al tema, no iba a andar ventilando algo a lo que no le tomaría importancia.
Su secretaria le avisó que para la mañana ya tendría a alguien que le ayudara con su salida en unos días, por lo que movió la cabeza y salió de su oficina, ignorando al concejo que estaba solicitando una reunión para tratar el mismo tema de siempre. Uno al que Max no cedería, Rafael no permitía y él...le daba igual.
No tenía esposa por la cual intervenir...al menos no una que valiera como tal.
Grecia se levantó muy temprano, pues aún cuando se durmió tarde por ir a tirar las cosas de su ex novio y sábanas al basurero, tenía que conseguir un trabajo.
__ Mientras no me gane la lotería, tengo que trabajar. - murmuró antes de subir al taxi que la llevó al edificio donde se le indicó del sitio de empleos.
Recibió su gafete y saludó a todos muy cordial. No apagarían su alegría por nada del mundo se dijo.
__ Tengo una cita con Angélica Dos Santos. - dijo cuando llegó al cubículo de la chica embarazada que se levantó con dificultad.
__ Soy yo. - sonrió de vuelta. - Como ves, que alguien ocupe este puesto, urge.
__ Lo noté. - exclamó con amabilidad. - Podemos empezar si gustas.
Aunque sabía que solo era solo para unas cuantas semanas, eso le ayudaría a buscar uno permanente mientras transcurría ese tiempo.
Contestó todas las preguntas y que ese no fuera su campo no la detuvo para mostrar sus habilidades de aprendizaje. Realmente era más apta para la mercadotecnia, pero podía amoldarse a lo que fuese con tal de tener con qué pagar su renta y comida.
Angélica le mostró todo el lugar. Planeación, equipos y todo el espacio que debía conocer para no estar a la deriva. La llevó con ella a pisos inferiores y se detuvo cuando sus pies no le rindieron más.
__ Solo queda conocer al jefe. - se sentó con cuidado. - Llegó hace una hora. Siempre es muy puntual por lo que sí no estarás cuando él llega, es mejor que dejes su café, un vaso con agua y dos aspirinas por si tuvo alguna salida en la noche.
__ Entiendo. - dijo mirando a la oficina.
__ Disculpa que no te pueda acompañar, pero en serio, mis pies no dan más. - se disculpó. - Solo preséntate. No te hará preguntas si no las requiere, por lo que no te debes preocupar. Es difícil que se aprenda algo de tí más allá que tú nombre.
Grecia no pudo estar más agradecida. Tener que congeniar con alguien era lo que menos deseaba y si era el típico narcisista que no le hablaba a nadie, era premio doble para ella.
Tocó la puerta y con un "pase" por lo bajo entró, con una enorme sonrisa que tensó cuando vio a un sujeto con la vista clavada en el documento que leía sin siquiera fijarse en ella.
__ Buenos días, señor. - comenzó. - Mi nombre es Grecia Montero, tengo 22 años y seré quien lo asistirá en las próximas semanas. Lo que requiera, estoy a su disposición.
Logan elevó el mentón al creer que ese nombre estaba interfiriendo en su día nuevamente. Pero no era su imaginación, era ella.
En lo que para Grecia sucedió exactamente igual. Antes solo le vió la mitad del rostro, pero era él y cuando Logan giró el cuello en búsqueda del balde de la basura que estaba vacío supo que sí, era el mismo hombre de las Vegas.
Ese tatuaje estaba en el mismo lugar y en donde tenía el lápiz entrelazado, encontró el que distinguió como una especie de escorpion con cabeza de calavera.
Sus latidos se detuvieron y más no pudo hablar al ver que este tenía una mirada que revisó hasta el último de sus cabellos. El aire dejó de ser suficiente y más cuando este se puso de pie, dejándole sentir que esa oficina era demasiado pequeña para ellos dos.