Dastan se incorporó con lentitud, con la mirada aún fija en el rostro sereno de Allysa, la lo loba finalmente lucía tranquila y hasta feliz, aquel ceño contraido que la acompañó casi toda su vida desapareció, ya no había tristeza ni dolor, solo paz y felicidad, ahi, con cabeza pegada al torso de su príncipe, y escuchando los latidos de su corazón. Todos a su alrededor guardaron silencio, acercandose lentamente para acompañar a la loba salvaje que siempre supo a quien pertenecía, Bavol y Vasili no contuvieron sus lágrimas, los pocos refugiados que habían sobrevivido la miraron con una sonrisa melancólica, felices porque Allysa había encontrado la tranquilidad que tanto buscó pero dolidos porque esa alocada melena roja jamás iba a volver a ondear por el bosque. - Mi señor, yo....- el viejo

