Capítulo V

2197 Palabras
-¿La señora Lucia dijo que? -No te sorprendas, mi mama conoce muy bien a quien tiene de hijo –Me pica el ojo tomando otro pedazo de pizza y dándome otro a mí. -Yo también tengo un apartamento para alejarme de vez en cuando de todo, pero creo que tendría que llevarte conmigo porque no se cocinar ni un huevo. ¿Estás interesada en trabajar horas extras? -Por los momentos no. -Entonces me tocara convencerte de otra manera, igual no planeo irme pronto –Me da una mirada de arriba abajo –Bonito pijama –Miro mi pijama de short y una camisa larga azul claro –Pero si me disculpas la bata de anoche te quedaba mucho más sensual. -A ver si entiendo señor Salvador. -Señor Salvador… Preferiría que me llamaras de otras formas pero por ahora podemos dejarlo en Salvador. -Salvador –Repongo – ¿Me está pidiendo disculpas para volver a… -Me roza con su mano mi pierna, la quito rápidamente al sentir el contacto. -¿Para volver a hacer eso? –Pregunta. -No creo que sea muy ético de nuestra parte. -Si crees que le voy a decir algo a Lucia al respecto –Pasa sus dedos por mi cara –Puedes estar tranquila –Aparto su mano. -Acepto sus disculpas, pero por los momentos no quiero problemas. -Entiendo, igual esto lo podemos hablar mejor en unos días cuando regreses a la casa. Buenas noches Beatriz –Se acerca a darme un beso en el cachete. Le abro la puerta y Salvador se retira. -¿En unos días? Paso el resto de mi otro día libre tranquila y siento que pasa volando. Sin responsabilidades y levantándome tarde, hablando con mi hermano y mi mama por largos ratos. Sin embargo pienso lo que me dijo Salvador… En unos días… ¿Se habrá referido a algo o simplemente quiere hacerme perder los estribos? Claro que lo segundo ya lo hace un poco… Cuando regreso de mi día libre todo pasa bastante normal, Salvador cada vez que me quedo sola en la cocina pasa a pedirme algo pero simplemente obedezco y me retiro en lo que puedo. Si me ven en algo extraño puede que esté en peligro mi puesto de trabajo y por lo tanto la posibilidad de hacer pagar al que le hizo eso a mi padre. -Hoy viene Samanta –Nos anuncia un día Lucia, haciendo que todas pongamos cara de fastidio –Si ya sé que Samanta tiene ciertas cosas que no son del todo positivas pero es la hija de personas con la que estamos haciendo un negocio así que hagamos un esfuerzo. ¿Sí? Especialmente quiere hablar contigo Beatriz, hice todo lo posible porque te sacara un poco de todo el asunto –Agatha y Silvana nos miran extrañadas –Sabes que no le agradas del todo –Observa a Agatha y Silvana –Está un poco celosa porque Beatriz me agrada –Dice quitándole importancia. Y lo que te va a decir es referente a un viaje –Niego con la cabeza –Beatriz, tómalo como un favor de mi persona, te pagaré el triple si es necesario. -Sabe que lo más aprecio de un trabajo es la tranquilidad… -Solo será una semana. Y tendrás tu propio espacio tu sola. Solo tendrías que encargarte de la comida. -Solo si Agatha o Silvana me acompañan –Lucia se queda pensando –Hablare de eso con Samanta. O bueno me parece que ella llegara en un rato puedes conversarlo con ella directamente voy a llamarla y preguntarle donde va –Lucia sale de la cocina. -Eso está muy extraño –Dice Silvana –Yo tendría mucho cuidado si Samanta te tiene como enemiga no te invitaría a un viaje así como así. -Piensen cuál de las dos me va a acompañar porque no me quedaré sola con esa bruja para que envenene la comida y me culpen a mí. -Deberías ir tu Agatha, no tengo ganas de soportar a Samanta una semana entera en quién sabe dónde. -Está bien, el triple de sueldo no se escucha mal. A lo que llego Samanta me hizo sentarme en la mesa al lado de Salvador para relatarnos las actividades que tendríamos en el viaje y de que básicamente yo solo me encargaría de la cocina. -Samanta –Dijo Salvador sacándola de su monologo del sexto día de viaje –Tanto Agatha como Beatriz merecen un día de descanso de esa semana y yo no tendría problema con que se nos unan a ciertas cosas, como por ejemplo ir a la playa con nosotros, o visitar algún acuario. ¿Te gustan los acuarios Beatriz? -Yo la única que necesito es que vaya la señora Agatha.- -Es una gran idea, se pueden turnar mejor si es así. -No creo que la necesitemos. -Al contrario, somos como 8 personas según me estás diciendo. -Orlando, Fernando, un par de amigas… Bueno quizá invite a tu otro amiguito… Seriamos 6 como mucho pero si es mucho trabajo para Beatriz… -Esta hablado entonces. -Y me parece una gran idea lo de que Beatriz y Agatha se unan a nuestras actividades –Me sonríe. -¿En serio? ¿Desde cuándo te parece bien ese tipo de cosas? –La mira dudoso -¿Tienes algo planeado que no sepa? –Samanta da una sonrisa perversa, moviendo su cabello planchado color ceniza. Se para firmemente mostrando su escote en el vestido blanco con estampado que trae puesto. -Traigan a Agatha para indicarle a ella como será todo. ***** Por la mañana del sábado Fernando y Orlando estaban recostados en uno de los dos carros negros que estaban estacionados; apenas vieron a Salvador se abalanzaron sobre él llenos de emoción. -Solo falta Gustavo. -¿Qué pasó con él? -Sabes cómo es el y sus viajes misteriosos –Fernando me observa –Hola, ¿Cómo te va? -Bien –Respondo. Salvador observa mi maleta y la mete en el carro con las demás. Fernando me abre la puerta del carro en la que ya está montada Agatha. Que esta vestida con una camisa casual color turquesa y un pantalón n***o me pregunto por un momento si mi vestido en corte princesa color azul oscuro es demasiado elegante para ir un viaje donde solo seré su cocinera. Salvador se monta adelante junto con Fernando, Orlando va en su carro y a Samanta la veremos allá con sus amigas… Lo cual me pone nerviosa. Llegamos a un terminal donde al parecer tenemos que tomar un jet privado, la idea me parecería emocionante si fuera con mis amigos. Así que me limito a tomar los últimos asientos junto con Agatha. -Deberías unirte a nosotros Beatriz –Me grita Fernando desde el rellano del jet a lo que no contesto y paso el resto del camino conversando con Agatha, mientras más rápido pasen los días mejor. Llegamos a una isla muy hermosa, tiene una pequeña playa que tiene un gran edificio en todo el centro, lo que Fernando nos explica que es un conjunto hotelero del cual él es socio. -Pero no nos quedaremos en ese hotel –Me dice –Nos quedaremos en unas cabañas cerca de la playa, ya hemos estado en ese hotel miles de veces. Llegamos a un sitio donde hay un montón de cabañas en un círculo, algunas tienen letreros donde se ofrecen ciertos servicios, pero no parece haber mucha gente por aquí, de hecho no hay nadie. No he visto ni una persona diferente a la de nosotros desde que llegamos. -¿Dónde la gente? –Le pregunto a Salvador que me lleva las maletas a mi cabaña privada –Fernando alquilo esta isla solo para nosotros, después de todo es el principal accionista y su padre es el dueño. Me deja mi maleta en mi cabaña personal que es demasiado grande para estar yo sola, pero aprovecharé mi espacio a solas… De todas formas no estoy interesada en convivir mucho ni Agatha tampoco. Me pregunto con qué intención estamos aquí, es obvio que pudieron quedarse en el hotel y comer allá ¿Por qué querer traerme solo para que les cocine? ¿Qué está mal con Samanta? ¿Era demasiado raro o yo estaba pensando que así lo era? Agatha llega pronto a mi cabaña diciéndome que empezaríamos nuestra labor por el día de mañana ya que en el hotel como bienvenida les hicieron un gran banquete en el que Agatha y yo no estamos precisamente incluidas. Cocinar solo para nosotras dos, no me parece tan mala idea después de todo. Pasamos el resto del día en mi cabaña. Conversando y viendo tonterías en la tele cuando tocan la puerta. Abro y me sorprendo al ver una mesa movible con unos platos encima. -Se lo manda la señora Samanta, también… -Se acerca y murmura –Salvador dice que no tiene nada de malo la comida que no se preocupe. Mete la mesa movible a la cabaña y se retira, ofreciendo disculpas por cualquier cosa que nos haya molestado. -Sigo preguntándome que hacemos aquí. -Es la primera vez que vengo a uno de estos viajes, no sé si Samanta tenga un motivo aparte. Últimamente los señores de la casa están un poco paranoicos con todo, quizá Samanta también lo hiciera por eso. -Parece que el señor Ramiro tiene muchos enemigos. -Vaya que los tiene. Y eso fue lo último que dijo sobre el tema antes de ponernos a ver cualquier película que se nos pasara por delante. Pensé en preguntarle más al respecto pero quizá deba tener más paciencia. Al otro día me levanto de muy buen humor por estar tan tranquila, a pesar de levantarme más temprano para hacerles el desayuno junto con Agatha. Lástima que eso me durara tan poco. -Soy alérgica a los camarones –Dijo una de las amigas de Samanta, tenía el pelo n***o y enmarañado en una coleta que parecía a punto de sucumbir por tanto cabello. -Y yo no soy muy fan de los omelette –Dijo Samanta poniendo mala cara al omelette de camarones que había preparado. -¿De qué hablas? Esto está buenísimo –Dijo Orlando atragantándose –Si no te lo vas a comer al menos deja que alguien lo disfrute. Y así siguieron quejándose de cada detalle de alguna comida por el resto del día. Si toda la semana tenía que ser así preferiría irme. Nadie me amarraba a estar aquí y no era parte de mi contrato. -Si vas a seguirte quejándote de la comida pues deberías comer en el hotel –Dijo Salvador luego de que Samanta dijera que la tarta helada de brownie no sabía lo suficiente a brownie. Las amigas de Samanta parecieron cuchichear algo entre ellas. -Solo decía que le pudo haber echado más brownie y eso es todo no hagas un drama por eso Salvador. -Llevas quejándote todo el día de la comida cuando en primer lugar fue tu idea traer a Beatriz. -Bueno solo son ciertas recomendaciones. Por cierto Beatriz ¿Mañana quieres ir con nosotros a la piscina? -No, gracias. No vine de vacaciones. -Anda, no tienes que estar con nosotros si no quieres. Es más si necesitas un traje de baño yo tengo muchos –Saca su maleta y empieza a mostrarme sus trajes de baño, saca uno color amarillo pollito que luce horrible -¿Te gusta? ¿A que si? -No sé de mujeres pero estamos de acuerdo con que parece un trapo de una mesa –Responde Orlando. -Luego vemos, hasta pronto. Buenas noches. Y así pasaron los dos primeros días, solo faltaban 5. Solo 5, si se puede. Luego de que Agatha y yo hicimos el desayuno la invite también un rato a la piscina a lo que me dijo que no y que prefería quedarse haciendo la cena. Sin ella probablemente no iría. A las 3 de la tarde llegó Samanta tocando mi puerta luciendo su escote aún más pronunciado, lucía un traje baño de 2 piezas color azul oscuros con ciertos estampados de flores rosadas. Muy lindo, lo combinaba con unas argollas largas, y su maquillaje con ojos ahumados que no entendía para que se lo colocaba si probablemente se le caería a contacto con el agua. Me tomo de la mano y me llevó con los demás. Sin refunfuñar la seguí. -Ya estamos todos –Salvador la miro con expresión curiosa, al igual que yo, los seguí hasta una parada con carros que se parecían a los de golf y Samanta insistió en montarse conmigo y sus amigas. Luego de un rato hablando de sus trajes de baño Samanta se volteó hacia mí. -¿Trajiste traje de baño? –Se fijó en mi short de jean y mi camisa blanca de tiras. -No, no quiero meterme, simplemente los acompañare un rato. -Bueno por suerte yo traje otro exclusivamente pensando en ti –Saco un traje de baño color marrón oscuro de dos piezas grandes, la parte de abajo parecía una braga gigante. Sus amigas aguantaron la risa. -No, gracias –Di una mirada desinteresada.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR