—¡Adelante! Pueden tomar asiento. —La sonrisa de satisfacción en el rostro de Cristopher era épica. Viveka, Viktor y Luka se acomodaron ansiosos alrededor de la gran mesa redonda en la elegante sala de juntas. La tensión se palpaba en el ambiente mientras Cristopher, el dueño de la empresa, ocupaba el lugar de honor en la cabecera. Su mirada displicente y la burla en su voz dejaban en claro que no tenía intención de perder mucho tiempo. —¡Bien, chicos! No tengo todo el día, así que les sugiero que vayan al grano y presenten su proyecto, —dijo Cristopher con tono sarcástico, deseándoles a impresionarlo. En ese momento, Viktor se sintió humillado y enojado, pero no le quedó más que tragar su orgullo. Luka, el menor de los gemelos, se puso de pie, tomó una bocanada de aire para calmar sus

