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La Hermana de mi Vecino

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viaje en el tiempo
los opuestos se atraen
de amigos a amantes
chico malo
drama
bxg
ciudad
crush de la infancia
amistad
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intro-logo
Descripción

Son inseparables desde el primer día que se vieron. Entre ellos pasan muchas cosas pero ninguno de los dos quiere ceder. Declan Spencer lleva enamorado de Ella Taylor desde los cinco años. Las chicas van y vienen pero Ella siempre está ahí.

Son dos polo opuestos pero se aman incondicionalmente.

En el proceso, Declan viaja al pasado recordando momentos que vivió al lado de Ella, lo único que producen es la confirmación de Declan.

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Uno
Cuando desperté esta mañana, pensé estar solo. Era un sábado por la mañana, aproximadamente las once. Mamá normalmente pasaba los sábados en casa de su novio, Derrick.  No fue hasta que finalmente me bañé y bajé a desayunar que me di cuenta que no no estaba solo. Había una mujer de un metro y cincuenta y ocho centímetros con cabello castaño, tez pálida, confección delgada y ojos cafés. Estaba sentada en un sofá gris que Derrick le había regalado a mi madre por navidad.  La última vez que la vi, aún salía con mi exnovia, Kendall Wilde. Tenía quince años. En aquél entonces estaba arreglada, cambiada elegantemente y con su cabello peinado, esa era su vestimenta cuando trabajaba como abogada en la empresa de Gabriel Spencer.  O, como ella lo llamaría, nuestro padre.  Pero hoy ella iba vestida de una forma muy, muy diferente. Llevaba una camiseta ancha (unas cuantas tallas más grandes), unos pantalones de algodón y calcetines. Portaba sus gafas de ver negras, no llevaba nada de maquillaje y su cabello parecía que llevaba días sin lavarse y estaba solamente acomodado de una manera perezosa en un moño alto. Tal y como ella solía llevarlo cuando estábamos en el colegio. Cuando ella vivía aquí e iba al mismo colegio.  —Gabriella.  Mi hermana ni se inmutó de mi presencia. Tenía un café de Starbucks enseguida de ella y tecleaba cosas en su MacBook—no sabría decir si se trataba de una Air o una Pro. Ella era así; no le importaba, no saludaba ni avisaba. Una de las razones por las cuales no era muy bienvenida en casa de nuestra madre.  —Llegué noche.—Soltó—. No te preocupes. Ella pasó por mí al Starbucks donde trabaja Tyler esta mañana.  —¿Cómo llegaste ahí? —Tyler.  Asentí.  Ella y Tyler eran vecinos nuestros. Lo eran desde que llegamos a San Diego, trece años atrás. No era para mí una sorpresa que Tyler y Ella se turnaran para llevar a mi hermana a todos lados. Me había preguntado cómo diablos le había hecho Tyler para trasladar a Gabriella y a su hija (mi sobrina Gemma en su skateboard). Había veces que tomaba un Uber para ir al trabajo, pero había otras en las cuales Ella le prestaba su coche (una Grand Cherokee blanca).  —¿Dónde está Gemma?—pregunté. No recordaba haber escuchado el llanto de ninguna bebé de un año ni tampoco a Gabriella caminando por la casa tratando de la calmar a una bebé que tenía posibilidad de llorar.  —Ella se enamoró de Gemma en el instante en que la vio—explicó—. Me había dicho que seguías dormido (me imagino como demonios pudo haber descubierto eso) y se ofreció a cuidarla.  Ella Taylor. Claro, ella siempre pensaba en los demás. Como vecinos, nuestras ventanas nos permitían vernos aun estando en nuestras propias casas. Ella era especial en muchas maneras; tenía un corazón puro, un corazón amoroso, amable. Nunca había excusas cuando se trataba de ayudar a los demás. En renunciar a algo por alguien más. No había ni una sola pizca de egoísmo en su ser.  —Me imagino.—Dije. Estaba paralizado en mi lugar. Hacía años que no sabía de ella en persona y ahora aparecía en mi casa—. ¿Qué haces acá? Gabriella se había ido a Londres cuando se graduó de la educación secundaria. Gabriel Spencer vivía allá en su empresa de abogados y mantuvo a Gabriella durante tres años. Después de ese tiempo comenzó a salir con un chico que hacía una maestría en la misma universidad y se fueron a vivir juntos. Gabriella terminó embarazada y (por más que ella no quería) terminó casándose con el chico.  Charles White.  Un cretino en toda la palabra. Era un indiferente con ella y rara vez está en su casa. El tipo no era nada diferente a los demás chicos por los cuales Gabriella alguna vez sintió atracción. Era alto, algo bronceado, ojos de color (azules), labios delgados y cabello oscuro. Y bastante algo mayor. Supongo que era producto de la falta de un padre a lo largo de su vida.  —Cosas con papá y Charles. Hace casi dieciocho años, Gabriella tenía cinco años (cumpliría los seis en diciembre de 1999) y yo apenas iba a nacer. Ella vivió durante once años con Gabriel, lo llamó papá pero él no hacía mucho. Nunca demostró amor por ella. Yo solo viví cuatro años y medio; mis padres se divorciaron cuando yo cumplí los cinco y nos mudamos a San Diego.  A pesar de todo, Gabriella siempre lo quiso. Para ella, Gabriel era papá.  No dije nada esperando a que Gabriella reaccionara, dejara lo que fuera que estuviera haciendo y  me siguiera explicando la situación. Sin embargo, no lo hizo. Siguió escribiendo en su MacBook y yo comenzaba a desesperarme. Había pasado muchas cosas entre Gabriel, Charles y mi hermana. Mamá estaba cansada de todo y prefería mantenerse alejada de ellos.  —Él solo me trajo problemas—me dijo una vez, cuando Gabriella recién se fue a Londres—. No me volvería a acercar a él ni para averiguar cómo está Gabriella. Recuerdo que sólo tenía doce años. Eso me causó conflicto durante mucho tiempo; Gabriella y yo éramos producto de Gabriel. Recuerdo haberlo conversado con Ella, ella me escuchó. No me juzgó. Ahí supe que era mi mejor amiga.  —Papá inaugurará la sede en Escocia dentro de poco.—Dijo Gabriella dejando finalmente su MacBook a un lado. Me alegraba por Gabriel, tenía años planeando abrir otra sede y ya se le cumpliría—. Charles iba a ser el director de las oficinas nuevas.  —Gabriel cambió de opinión, ¿no? Gabriella asintió.  Apreté los labios. Mi hermana y yo hablábamos mucho por teléfono. Ella me contaba lo que sucedía entre ella y su esposo, me mandaba fotos de Gemma mientras crecía. Y me preguntaba cómo iban las cosas entre Ella y yo.  Sabía que Charles esperaba este momento. Y ahora, mi hermana tomaría su puesto.  Cuando Charles dejó a mi hermana embarazada, Gabriel le dio un puesto bastante algo en su empresa. Desde entonces, Charles ha estado trabajando duro y peleando la dirección de la nueva sede una vez estuviera oficialmente inaugurada. Pero como sangre directa, Gabriel debió de haber pensado que la dirección de la empresa estaba en mejores manos con Gabriella.   Gabriella alzó su muñeca un poco y la observó. —Claro.—Dijo mientras se levantaba y caminaba al segundo piso. La seguí. Quería saber qué diablos tramaba.  Cuando llegamos al que alguna vez fue su habitación, me di cuenta del equipaje que llevaba. Vi una caja grande, parecía nueva. Era una cuna. Había dos maletas grandes.  —¿Te mudas?—pregunté, paseando mi mirada por la habitación.  Gabriella negó con la cabeza—. Las oficinas serán inauguradas dentro de un mes. Le dije a papá que me vendría durante ese mes para poder verlos y qué Gemma los conociera.  Asentí.  Gabriella contestó una llamada y comenzó a dar vueltas por la habitación. Cuando escuché quién llamaba, me sentí paralizado. Aún no entendía el por qué, pero escuchar el nombre de mi mejor amiga, de mi vecina, de esa persona especial para mí me paraba el tiempo.  Ella Taylor.  Hermana de mi mejor amigo y vecino. La primera mujer que Sebastián y Florence tuvieron después de Tyler (Alice habría de llegar tres años después). Nosotros cuatro crecimos juntos, después llegó Alice y la vimos crecer. Gabriella los conoce a la perfección. Ella y mi hermana son amigas muy cercanas. Ella Taylor y yo éramos muy unidos, nos conocíamos perfectamente y yo era el chico de confianza con el que Sebastián dejaba salir a su hija mayor.  Siempre he dicho que ese hombre tiene más madera de militar que dé padre. Y eso que es doctor. Aparentemente, Gemma estaba hambrienta y a ellas se les habían acabado las papillas y la leche en fórmula—. Tiempo de ser mamá.  Mi hermana pasó enseguida de mí hacia la cocina para tomar la comida de Gemma. Una vez que llegó a las escaleras, volteó y preguntó; —¿Vienes? Asentí aún sabiendo que ella no me veía. No conocía a mi sobrina y ahora me veía a enterar que Ella Taylor conocía más a Gemma que yo.  Suspiré. Me preguntaba si Gabriella se preguntaba dónde diablos estaba nuestra madre. Derrick no era ninguna novedad…o, al menos para mí. No sabía qué tanto le contaba Anna a Gabriella, decidí no abrir la boca.  Derrick Allen hizo su primera aparición hace dos años y medio. Mi mamá había llegado esa tarde emocionada porque había encontrado a alguien interesante. Alguien que valiera la pena.  Gabriel, o papá (como lo llama mi hermana), nunca fue parte de mi vida. Siempre dijo que yo fui algún producto de alguna aventura que mamá tuvo con algún otro hombre. Los resultados de la prueba de ADN demostraban que Gabriel era mi padre. No le importó y lo incorporó a las razones de la solicitud de divorcio.  Al llegar a la cocina, me di cuenta de que Gabriella se movía a un ritmo ensayado. Ella lo hacía de la misma forma en que me dijo que mamá lo hacía cuando tenía la edad de Gemma. Sonreí al ver a Gabriella siendo y comportándose como la madre que era. En algún momento de su vida, mi hermana solía decir que la maternidad no era para ella.  Y verla ahora así, después de todos esos años en que persiguió a una versión bebé y niña de Alice, rezongando que los niños implicaban mucha responsabilidad, me hace preguntarme si yo realmente quiero vivir la experiencia completa de la paternidad. Si realmente estoy destinado a eso. —Entonces,—dijo Gabriella, sacándome de mi ensimismamiento,—Kendall Wilde. Escuchar el nombre de mi exnovia me sobresaltó un poquito. Hace tiempo que no escucho nada de ella y hasta creo que se mudó a Nueva York o algo así. Estábamos en Freshman cuando comenzamos a salir y terminamos hace como ocho meses.  —¿Cómo va todo? Estaba claro que Gabriella no sabía de Kendall. Habíamos comenzado a salir recién entramos. Fue la primera chica en la que me fijé, pero algo en mí me decía no quería a Kendall, solamente perdía el tiempo con ella. Seguimos saliendo por los siguientes dos años hasta que en mayo del año pasado se comenzó el rumor que una Sophomore y yo estábamos saliendo mientras estaba con Kendall. No era del todo un rumor, Imogen Chávez estaba bien.  Después de Kendall, llegaron Amelia Rivera, Sadie Hall y Eliza Carter. Sólo perdía el tiempo con ellas. Las invitaba a salir, conversábamos, íbamos a fiestas pero nunca pasó nada entre nosotros. Comenzando mi año Senior, el último año de colegio, comencé a salir con Piper Rogers, una Freshman. Sin embargo, y gracias al cielo, llegó Callum James con su labia y la terminó conquistando.  De todos modos sus padres me habían dejado muy, muy claro que no querían nada conmigo en la vida de su hija amada.  De ahí, este año comenzaron a llamarme “El Imposible”. Había dejado de intentar fijarme en chicas, dejar de perder tiempo y concentrarme en mis amigos. Aparte de que no quería perder a Ella como amiga, ya que se enojaba constantemente cada vez que conversaba con ella acerca de mis citas con aquellas chicas. —Um…—dije, tratando de cambiar de tema—. Entonces, ¿cómo van las cosas en la empresa?  —Ya te lo dije. Van bien.—Dijo mientras vertía agua en el biberón. Este ya tenía leche en polvo—. ¿Cómo van las cosas con Kendall? —¿Por qué diablos Kendall? —Por qué no se despertó caminando como si el lugar le perteneciera.  —Um…eso es…por qué terminamos.  Mi hermana bufó—. Por lo menos no la engañaste.  —Lo hice.  Abrió los ojos como platos. Creo que Gabriel engañó a nuestra madre en algún punto en nuestra niñez. Gabriella era bastante sensible con este tipo de situaciones, especialmente cuando se trataba de la familia. Pero no podíamos hacer nada ahora que ya me había visto con otra chica estando con Kendall, pero sé que a ella le importaba.  —Wow.—Dijo, con la mirada fija en algún punto—. Creí que habías cambiado.  La verdad es que eso no me lastimaba. Me gustaba ser el chico con el que todas quisieran estar. Me gustaba vivir como si lo único que importaba en este mundo fuera yo. Ninguna chica había hecho que mi suelo temblara ni ninguna lo haría. Eso, lo tenía claro.  Gabriella traía el biberón en la mano izquierda y con la mano derecha, agarró su celular y las llaves. Era realmente asombroso cómo una mujer se volviera tan ágil una vez tuviera un hijo o hija.  También tomé mis llaves y mi celular y seguí a Gabriella. Al salir, me di cuenta de que el día estaba nublado y el pavimento estaba mojado. El ruido que hacían los coches que pasaban por la calle eran relajante. La Range Rover negra estaba estacionada justo afuera. El garaje estaba destinado para el coche de mamá y, de vez en cuando, Derrick.  —¿Mamá sigue viéndose con ese secretario?—preguntó mi hermana de pronto.  Al parecer, mamá si había hablado con ella en los últimos años. Por lo menos no la dejó fuera de nuestras vidas cuando ella lo hizo con nosotros. Anna Long podría ser muy vengativa a veces.  —Derrick ya no es un secretario. Está un puesto más abajo que ella. —Sigue siendo un secretario para mí.  Cuando a mamá la ascendieron como jefa del banco donde trabajaba, Derrick era un novato en el lugar. Anna lo tenía que capacitar para ocupar su lugar. Ahí lo conoció. Comenzaron a conversar y finalmente surgió el amor entre Derrick Allen y Anna Long.  —En fin,—dijo al cabo de unos segundos,—cambiando de tema. ¿Estás nervioso?—Estábamos caminando por la acera que conectaba la casa de los Taylor con la nuestra—. Estoy segura que Gemma será la reina de tu corazón.  Hacía frío. Era enero, obviamente tenía tenía que hacer frío. Había llovido por la madrugada, hacía aún más frío de lo normal. En el garaje de los Taylor se guardaban el coche de Sebastián y Florence y el coche de Ella se quedaba afuera. En este caso, el coche estaba afuera, por lo que deduje que Tyler había pedido a Ella que le prestase el coche para ir por Gabriella y Sebastián llevaría a Ella al Starbucks.  Por sus oficios, Tyler y Sebastián trabajaban los sábados. Florence era una empleada de bienes raíces y había dejado de trabajar en el momento en el cual nació Alice. Decía que dos niños los podía dejar en las guarderías, no estaba tan caro. Pero tres era demasiado.  —Para nada.—Dije, tratando de sonar convincente—. Ya hay una reina en mi corazón.  Gabriella chasqueó la lengua—. Tonterías.  Ambos reímos.  Gabriella y yo caminamos el resto de la corta caminata entre mi casa y la de ellos. Asumí, por el hecho de que se atreviera a traer un solo biberón, que la paz y tranquilidad de mi casa sería reemplazada por el llanto y las risas de Gemma. No sabía si mi sobrina serían del tipo bebé llorón o del tipo bebé risueño.  Creo que las únicas personas que la conocen saben esa información.  Cuando llegamos a la puerta de dos metros de madera que nos abría paso a la residencia de los Taylor, Gabriella golpeó tres veces la puerta. Era algo que los Spencers solamente podíamos hacer. Florence nos lo había pedido para saber qué éramos nosotros y no alguien más.  Un metro y sesenta y tres centímetros de estatura de adolescente nos abrió la puerta. Su cabello castaño estaba suelto, pero arreglado, una camisa roja a cuadros abierta y una tira huesos gris abajo. No llevaba zapatos, solo calcetines. Regla de la señora Taylor.  Alice Taylor era una chica fashion. Seguía todas las modas. Tenía solo trece años y era considerada la más amigable en su colegio. Pero una perra total cuando la lastimaban. Ella no perdona y siempre tiene algo malo que decir sobre las personas. En las palabras de Ella y Tyler, a veces, una pesadilla andante.  —Gabriella.  Alice masticaba un chicle, siempre hacía eso. Cuando abría la boca, me daba la esencia a fresa. Bastaba con ver el color del chicle.  —Buenos días, Declan—dijo sonriendo. Tenía brackets pero aún así podía ver que sus dientes eran blancos.  Me sorprendió el hecho de que Alice Taylor no llevaba ni una pizca de maquillaje. No era como Ella, Alice tenía una obsesión con verse bien. Era linda sin maquillaje, se veía pequeña, de su edad. Con maquillaje parecía más grande. Daba gracias al cielo de que Ella prefiera andar ligera de maquillaje. Se veía más hermosa.  —Buenos días, Alice.  —Ella espera eso adentro—dijo Alice apuntando al biberón que mi hermana seguía teniendo en su mano izquierda—. No a ti. —Ella no esta enojada con Gabriella como tu lo estás, Alice.—Dije interponiéndome entre mi hermana y Alice—. Es un día lluvioso y frío, aparte de ser la madre de Gemma. Déjala entrar.  *** Seis años atrás, yo solo tenía doce años, al igual que Tyler. Ella tenía diez años y Alice era apenas una niña de siete. Cuando llegamos a San Diego, Gabriella tenía once años y Alice aún estaba en la panza de Florence. No solamente fuimos Tyler y yo los que se hicieron amigos rápidamente, entre Gabriella y Ella surgió algo también. Gabriella pasó de ser únicamente mi hermana mayor a ser la de Tyler, Ella y Alice. Pero ella tuvo una conexión especial con Alice. Florence sabía que podía confiar en Gabriella y dejarnos a su cuidado cuando salía a cenas de su esposo y a eventos especiales. La primera vez que escuché a Gabriella quejarse sobre el cuidado de Alice fue cuando cumplió uno. A ella le encantaba ser el centro de atención y es a Gabriella le molestaba.  Pero aún así cuidaba de ella.  Hace seis años, cuando Gabriella se graduó del colegio, ella no mencionó su decisión de irse de San Diego y regresar a Londres. Gabriella siempre prefirió estar allá. Mi madre sabía, Gabriel sabía, yo sabía. Pero nadie, excepto Gabriel, sabía sobre los boletos del avión, sobre la admisión a la universidad y sobre su decisión de vivir con él. Alice lloró. Lloró todas las vacaciones de verano por no ser considerada como ella esperaba. Alice tenía razón en eso y sus padres se la daban, pero ella no sabía sobre las preferencias de Gabriella en la manera en que yo sabía. Gabriella le había dado a Alice el poder de ser el centro de atención en su vida.  Ese era su punto débil. Alice no podía no ser el centro de atención. Ella tenía que serlo.   —¡Declan está aquí!—anunció Alice una vez que Gabriella y yo la seguimos al segundo piso.  —También viene mi hermana—le recordé.  —Ella no importa. Seguido de eso, escuché una dulce voz, tierna, de una chica. Un hermoso sonido, un hermoso ruido. Provenía de la habitación de Ella; —¡Alice! Era ella.  Mis manos comenzaron a sudar y mi corazón se aceleró. Tenía frío de camino para acá pero había comenzado a sudar. Sentí como una sonrisa se formaba en mi rostro y, sin siquiera pensármelo dos veces, me planteé enseguida de Ella Taylor.  —Por Dios, Alice. ¡Supéralo ya! Gabriella sonrió. Ella era así. Ella perdonaba, su corazón era puro. Ella era compasiva y entendía. Ella era amorosa y se preocupaba.  Cuando Gabriella se fue, Ella se sintió mal, abandonada por su única hermana mayor. —La extraño.—Me dijo aquél junio del 2010 en el Embarcadero Marina Park South. Recuerdo perfectamente que vestía una crop top con rayas y unos crop jeans de mezclilla con un par de Converser altas negras—. Gabriella pudo habernos dicho sus planes. Ella siempre ha sido como una hermana para mí. Una muy cercana. Pero a veces me encuentro a mí mismo viéndola de formas en las que un hermano mayor no lo haría. Sí, he pasado toda mi vida a su lado. Sí, ya sé que no debería de hacer eso. Pero, sí, el hecho de que ella siempre me trate como su hermano y mejor amigo hacía que las cosas sean más emocionantes para mí.  —Sé que su pasado no es algo que nos quiera decir, especialmente a Alice. Y yo entiendo y respeto su decisión y la manera en que la llevó a cabo. No soy quién para juzgarla. Ella era tan joven en ese entonces y no sabía mucho sobre empatía y la comprensión de las emociones. Bueno, yo por lo menos no sabía. Éramos tan jóvenes y, aún en ese tiempo, me encontraba sintiendo como una chispa se incendiaba en mi corazón rogando por ser liberada cuando esta con ella, o pensaba en ella. —No es necesario, Ella.—Dijo Gabriella mientras extendía sus brazos para agarrar a Gemma—. En serio.  —Si que lo es, Gabriella. Alice debe entender que guardarse rencor le provoca más daño a ella.  Los ojos color chocolate con leche de Ella aterrizaron en mis ojos verde esmeralda. Ella sonreía como lo hacía cada vez que me veía. Ahí es donde yo me encontré sonriendo también. Ella me saludó una vez que sus brazos fueron libres. —¿No es hermosa, Declan?—dijo mientras tomaba con sus dos manos pequeñas y delicadas mi brazo y se aferraba a él. Era un gesto común en ella. Cuándo se emociona o cuándo se asusta y sabe que mi brazos está al alcance de un pequeño paso a su izquierda o derecha, ella se aferra.  Mi mirada aterrizó en Gemma White, mi sobrina de un año de edad, y se concentró en ella. La escudriñé de pies a cabeza.  Sus manos pequeñas y gorditas se aferraban al biberón del que ella tomaba leche. Gabriella la veía como si su hija fuera la cosita más hermosa en este mundo. Gemma tenía un par de ojos azules y un par de mejillas gorditas. Tenía el cabello corto y castaño. Ahí me di cuenta. Esas cejas. Esos ojos. Esa boca. El color de los ojos puede ser diferente, pero la forma y tamaño. Era una combinación mía y de Gabriella. Ambos teníamos las mismas cejas, herencia de nuestra abuela Amara (madre de nuestra madre). La forma y tamaño de los ojos de Gemma eran los míos, obvia aportación de Gabriel (lo cual significaba que era más su aportación.) Y finalmente, su boca. La madre de Gabriel, Cora Watson (nunca se casó con George Spencer), tenía los mismos labios rojos y delgados que Gabriella y yo compartíamos también.  Tenía un brillo en esos ojos azules. Similitud de Charles.  Gabriella me dijo que ella se podía convertir en la reina de mi corazón y estaba en lo cierto. Aunque, de alguna manera, sabía que me estaba mintiendo a mí mismo.   —Dios.—Fue la única palabra que logré formular después de ver a mi pequeña sobrina por primera vez. Creí que sería la hija de Charles pero claramente estaba equivocado. Era más hija de los Spencer que dé los White. Ella seguía aferrada a mi brazo. No quería moverla ni que ella se moviera pero lo terminó haciendo por su cuenta. Sentí su delicada mano en la parte baja de mi espalda, empujándome hacia Gabriella y su pequeña y hermosa hija. Ella sabía cuánto había esperado inconscientemente a este momento y ahora estaba orgullosa de mí.  Podía escuchar sus "aww" detrás de mí y sus susurros constantes hacia Alice diciendo que se apartara del camino entre Gabriella y yo y que superara la decisión de Gabriella. Ella era muchas cosas menos desconsideradas. Y esa era una de sus muchas cualidades que me hacían quererla.  Los pequeños ojos azules de Gemma se abrieron cómo platos cuando me vieron. Ella sonrió y sus mejillas gorditas se elevaron dejando entrever un par de dientes en la parte de arriba de su boca. Ella hacía sonidos de bebé, como yo los llamaba.  —Mamá.— Dijo, dejando caer el biberón, que Ella se apresuró a atrapar, y elevando sus brazos gorditos de bebé hacia mí.  —¿Solamente dice “mamá”?—preguntó Ella. Evidentemente atrapada por la hermosura de Gemma. —Si, Charles ya no está mucho en casa.—Gabriella dijo. Eso incendió una alarma de peligro en mi cabeza. ¿Qué demonios estaba sucediendo entre Gabriella y Charles? —Oh, si. Lo entiendo.—Dijo Ella, como si supiera que estaba pasando. Ella y Gabriella compartieron una sonrisa cómplice. Los ojos cafés de mi hermana reflejaban lo cansada que la maternidad la tenía. Los ojos cafés de Ella, mi mejor amiga y cómplice, reflejaban el entusiasmo que sentí por mí y el hecho de poder ver a Gemma.  Fueron tantas noches en las que Ella y yo hacíamos videollamadas. Había fotos que Gabriella le mandaba a Ella que no me mandaba a mí y viceversa. Conversábamos e imaginábamos como sería el momento en el cual Gabriella decidiera conveniente venir y poder conocerla. Volteé a ver a Ella solamente para encontrarme con ella viéndome. Una gran sonrisa blanca, derecha de tantos años con brackets, me confirmó que Sebastian definitivamente tiene un amigo dentista.  Y tendría que conseguir su número y el favor de el hombre que fue como mi padre. Y sigue siendo.  Vi a las cuatro chicas. La que seguiría como madre era Ella, si hablábamos de un orden coherente. Imaginaba a su hija, o hijo. Si era hija, tendría sus ojos y su cabello rubio. Tendría las cejas pobladas de un color café claro. Y sus labios llenos con ese color rosa que los caracterizaba.   De pronto, surgió la idea de salir al igual que como lo hacíamos antes de que Gabriella se marchara a Londres. Podríamos ir a la playa o tal vez podríamos ir al Parque Balboa.  —¿Qué tal si salimos hoy?—pregunté, viendo a Ella con ojos llenos de ilusión.  Verla me producía algo que siempre sentía cerca de ella. La misma chispa, ahora más grande, menos inocente, rogaba y gritaba. Realmente quería brillar. Pero, no sabía qué significaba aquello. No sabía cómo descifrar lo que sentía.  Y eso era lo más frustrante.  —¿Acaso escuché que me pedirán permiso?—preguntó Florence, saliendo de su dormitorio al final del pasillo. Llevaba un par de pantalones de mezclilla con una tira huesos blanca y un cardigan café. Su cabello castaño estaba peinado en ondas y llevaba una bufanda alrededor del cuello. También portaba aretes largos cafés—. Porque si es por Gabriella y su hermosa princesa diré que sí y convenceré a su padre.  Alice se aferró del brazo de su hermana. Lo más probable es que no quisiera salir con Gabriella. Ella abrió los ojos a su hermana y apretó los labios. Un gesto que nunca había visto verla. Ella realmente estaba regañando a su hermana  —Yo no iré.  —Oh,—dijo Florence, frunciendo el entrecejo—. Mejor para mí, tengo una reunión con mis chicas y necesitaré a alguien de compañía.  Alice ya no tenía escapatoria. Ya había dicho que no, se había perdido de un buen plan solamente por guardar rencor. Nunca había estado en una de esas reuniones pero suena peligroso. Además, Ella me contaba que ella solía ir de más pequeña. Cuando se entretenía leyendo un libro y estaba tan entrada en él como para no soltarlo, prefería irse a esas reuniones antes que salir y dejar el libro.  —Que lástima. Pero bueno, le advertí—dijo Ella una vez que Alice se fue corriendo al punto del llanto a su dormitorio—. ¿A dónde iremos? Mamá ya está aquí, hay que aprovechar para pedirle permiso.  Florence abrazó a su hija y Ella devolvió el gesto. Sabía que las madres solían mantener un favoritismo hacia sus hijos varones, pero en el caso de Florence Taylor, su favoritismo se erigía hacia Ella.  Y no había lugar a dudas del porqué.  —Planeaba ir a Coronado, tal vez Chula Vista. ¿Tú que piensas?—hice un gesto con la cabeza para referirme a Gabriella, que sonreía a su hija.  —Me gusta, Gemma podrá conocer la playa. Florence sonrió y le dio un beso en la mejilla a su hija. Ella y su madre tenían un vínculo especial. Algo que yo notaba en Gabriella y Gemma. Alice siempre era la que prefería salir o estar encerrada en su habitación por algún berrinche causado por alguna estupidez. Ella no, salía con su madre y la acompañaba a todos los lugares.  Ella Taylor era la amiga a la que invitabas y, mientras estaba en ella, decía que sí y cumplía.  —¡Ya quedó!—exclamó Florence. Después, torció ligeramente su cuerpo para poder ver a Gabriella y a Gemma, que aún tomaba leche. —Tu y yo podríamos hablar, si te sientes bien. Hace mucho que no vienes y creo que podría darte algunos consejos sobre la maternidad.  Gabriella accedió encantada. —Toma,—me dijo, entregándome a mi sobrina,—la tía Florence y yo hablaremos mientras tú y Ella hacen de tíos que son.  Ella y yo sonreímos.

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