Me encontraba vestida con un lindo vestido blanco con algunos encajes en lila, unas zapatillas a juego que Cicero habia traído para mí, me estaba disfrutando mucho esta etapa. Pero… odiaba la cara de mala leche del griego, este camino era absurdo,no sabía a donde iba. Se suponía que estábamos pasando un rato agradable, para olvidar un poco el tema, coloque música, siempre me gustó la clasificación de género que utilizaba Cicero. Paramos en la playa, la tarde caía y ese fresquito acompañado de sal marina rozaba mis mejillas. Me encantaba. Bajamos del auto sin decir una sola palabra, giré a un lado y note los guardaespaldas detrás de nosotros. Había una especie de restaurante. -Cicero ¿Puedes cambiar esa cara? – Pregunté. — Si, pero no me gusta esa cercanía que tienes con marcos, debes ent

