En la mesa, ante la respuesta de Blake, Vlad Harris rompe el silencio riendo a carcajadas y no puedo evitar reírme con él. La risa es contagiosa y Verónica se nos une. Blake quizás no ha notado lo que hizo, pero ha dejado en vergüenza a la nena que trata de denigrarme por estar en la mesa siendo empleada de servicio. —No tengo vaso para tomar agua— comenta Julissa enojada porque nos reímos de ella, en un intento de humillarme un poco más. —En seguida le traigo uno señorita— le contesto. Tomo mi plato, lo llevo a la cocina. Regreso con el vaso para Julissa y regreso a la cocina otra vez. He decidido comer de las sobras que dejé y quedarme en la cocina para no compartir la mesa con alguien que me cree inferior, después de todo cada vez que la niña necesite algo estará solicitá

