Adrián estaba exhausto después de pasar horas en la sala de neonatología, saliendo finalmente de allí con su suegra, Samanta, después de ver a la pequeña Victoria. La bebé seguía hospitalizada, pero Adrián se sintió aliviado de poder verla y estar a su lado en esos momentos difíciles. Mientras caminaban por el pasillo del hospital hacia la recepción, Adrián y Samanta hablaban del bebé. Alabó la fuerza de Victoria y agradeció a Dios por haberla traído sana y salva al mundo. Adrián ya empezaba a sentir un amor incondicional por su hija, a pesar de que aún era muy pequeña. — Adrián, estoy seguro de que nuestra pequeña Victoria superará todas las dificultades y pronto será dada de alta. Parece mucho más fuerte y come muy bien. — Dijo Samanta, con una sonrisa esperanzada en su rostro. — Tiene

