Tarareo una canción mientras papá baja al segundo nivel del estacionamiento subterráneo de la plaza comercial, es fin de semana y tenemos por hábito pasar el día entero en familia.
Veo a mamá sonreír ante lo que papá le dice, no he escuchado sus palabras, mi mente divaga entre la letra de la canción que me ha rondado en la cabeza toda la mañana y lo que me ha sucedido meses atrás, suspiro tratando de despejar mis pensamientos, él no merece seguir en mi corazón. Jamás me imaginé que el amor dolería tanto.
Recibo un mensaje mientras papá busca donde aparcar, al parecer la plaza está atestada de personas y no hay lugar visible en donde estacionarse.
—¿Por qué no se adelantan a comprar las entradas? —sugiere papá cuando ha recorrido el segundo nivel del estacionamiento—, iré al tercer nivel en busca de donde aparcar —nos hace saber.
Hoy he elegido el lugar para ir a comer y a Thiago le ha correspondido elegir el último lugar al cual ir antes de volver a casa, así que aquí nos encontramos, a punto de ver el estreno de una película de dibujos animados.
Mamá acepta la sugerencia de papá y los tres bajamos de la camioneta, para ir a las taquillas.
Mi celular vuelve a vibrar y sonrío viendo la pantalla, es Monse, mi única y extraordinaria amiga.
Monse ?:
Fer Prats insiste
en que le de
tu número. ???
Monse ?:
¿Hay algo que
quieras decirme,
Camila Cortázar?
No dejo de sonreír manteniendo la mirada en la pantalla de mi celular, los mensajes de Monse no dejan de llegar y yo muevo la cabeza en negación ante el desesperado y común actuar de mi amiga.
Monse ?:
Es muy egoísta
de tu parte el no
decirme qué sucede.
Monse ?:
Claro, ignórame.
“¡Qué gran amiga
eres!”.
Monse ?:
¡¡No me dejes en visto,
mala amiga!! ?
Ignoro los mensajes sin dejar de sonreír y guardo mi celular en la bolsa trasera de mis jeans, me gusta mantener en suspenso a mi chismosa amiga. Vuelvo a sentir que mi celular vibra y vuelco los ojos. Monse es una testaruda, no parará de escribir hasta que obtenga repuesta. Saco el celular de mis jeans, encontrándome con un mensaje que no pertenece a mi amiga.
Desconocido:
Monse me ha dado
tu número, claro
que ha sido
después de rogarle y
sobornarla con chocolates.
Espero que sepas
quien soy, de lo contrario
me sentiré muy ofendido.
No te he visto en el colegio,
¿acaso me estás evitando?
Sonrío nerviosa mordiéndome los labios, no sé si sea buena idea pero quiero intentarlo. El dolor del desamor no deben durar para siempre y menos cuando tan sólo tengo diecisiete años, a mi edad es una tontería creer que mi primer novio sería el hombre de mi vida y ahora lo entiendo. Cuatro meses llorando como una Magdalena han sido suficientes, no quiero terminar seca por dentro por culpa de ese idiota.
:
¿Perdona?
No tengo idea de quien
seas y tampoco estoy
interesada
en averiguarlo.
Respondo fingiendo no saber que es Fernando.
Desconocido:
Acabas de destrozar
mi corazón. ??
Desconocido:
Quizá si te recuerdo
lo sucedido
hace un par de días
atrás, tal vez puedas
recuperar la memoria
y sepas quién soy. ??
Desconocido:
Te doy una pista,
fue en la terraza de
una repostería. ?
Seguramente parezco una boba sonriendo mientras veo sus mensajes.
Voy a arriesgarme, no debo seguir aferrándome a mi primer amor, no cuando se ha mostrado tan desinteresado en mí y en recuperar lo nuestro.
:
Voy a bloquear
tu número,
desconocido acosador. ?
Bromeo sin despegar la mirada de la pantalla a la espera de una respuesta que no tarda en llegar.
Desconocido:
Eres cruel y haces
añicos mi sensible e
ilusionado corazón. ?
Desconocido:
Mi corazón sólo sanará
mañana que te vea a las 5
en nuestra repostería
favorita. Se puntual o
me comeré solo
el flan napolitano y
no lo volveré a ordenar ?,
ah, también tendré
besos de nuez
y un delicioso helado
de nueces con cajeta,
casualmente mi favorito
desde el miércoles. ?
Vuelvo a sonreír y tecleo para responder que "no iré", intentando hacerme la desinteresada.
Desconocido:
Por cierto, aún siento
la dulzura de tus labios.
Me encantaría ser dueño
de ese embriagador sabor.
¿Sabes que me traes loco?
Desde ahora amo el sabor
a nuez y cajeta. ?
Mi boba sonrisa no se borra recordando el beso que nos dimos a mitad de semana. "¿Traerlo loco?", me cuestiono. "No lo creo". Quizá debería decir obsesionado.
:
Hasta mañana a las 5.
Termino aceptando sin meditarlo un segundo más. Fernando es un sujeto divertido con el que me la paso genial, por lo menos cuando estoy a su lado mi mente se mantiene ocupada, quizá sea él quien sane mi aún herido corazón.
:
Tus labios me
supieron a tabaco
y eso fue horrendo.
Doy por respuesta siendo una mentirosa, porque, ¿a quién quiero engañar? Fernando es un besador’ experto.
Desconocido:
??
Es lo último que recibo como respuesta y no puedo evitar sonreír nuevamente. Mi corazón tamborilea ilusionado sabiendo que entre Fernando y yo, quizá ha iniciado algo, acaricio brevemente mis labios recordando los suyos en ese sitio, es un chico sumamente guapo y sé que lo nuestro puede funcionar, tenemos muchas cosas en común y es muy lindo. Y para qué me hago la tonta si cada momento que paso con él me parece estupendo.
—¿Tienes algo que contarme? —me cuestiona mamá cuando tomamos el elevador desde el subterráneo para llegar al primer nivel donde se encuentran las taquillas del cine.
—Cuando volvamos a casa quizá —sonrío y ella golpea suavemente mi hombro con el suyo.
—¡Qué tortura! —dramatiza— Anda, un adelanto —me da un guiño.
—“He besado al chico que me gusta” —le susurro al oído y ella grita emocionada.
Mamá parece una chiquilla en algunas ocasiones, y amo que sea así.
Inhalo profundo cuando el olor a palomitas invade mis sentidos al abrirse las puertas del elevador. Amo venir al cine, aún cuando Thiago se la pase “dándome explicaciones” durante la proyección de la película. Salgo del aparato metálico sonriendo al saber que mamá se ha quedado con el deseo de saber quién ha sido el chico que he besado.
—¿Quién ha sido? —me cuestiona con la misma emoción y supongo que se imagina a quien cree el chico ideal para mí.
Si supiera que ese chico me ha destrozado y que Fernando ahora intenta repararme.
—En casa, mamá —insisto.
—¿Acaso a sido...? —lleva una de sus manos a su boca sin terminar su pregunta. Se nota sumamente impresionada y yo sonrío moviendo la cabeza en negativa— Pero que felicidad que se hayan aclarado las cosas.
—No, mamá. No ha sido él. Es uno que espero tenga un par de neuronas y no sólo una a punto de atrofiarse —la saco de su errónea teoría aún sonriendo.
—¿Quién ha sido, qué? —pregunta Thiago quien viene de la mano de mamá.
—Ves porqué hay que esperar a llegar a casa —levanto una ceja y veo ligeramente hacia mi hermanito de nueve años.
—¿Podemos elegir los combos, mamá? —pregunta Thiago al soltarse de la mano de mamá y sin esperar respuesta corre al mostrador de golosinas que esta a unos metros de la taquilla.
—Mis nachos con queso extra —me dice mamá sonriendo cuando ella se dirige a la fila para ventas de boletos que es bastante larga a pesar de que son varias ventanillas de venta.
—No te compartiré de mis palomitas carameladas —la bromeo sabiendo que ella siempre se come la mitad de lo que ordeno.
—¡La próxima vez pagarás tu entrada! —mamá me habla alto cuando me dirijo en busca de nuestras chucherías.
Camino detrás del huracán que tengo por hermano, se dirige de prisa a la estantería de dulces y palomitas. Tomo su mano cuando le doy alcance y tira de mí para que camine más rápido, muevo la cabeza en negativa mientras sonrío ante su actuar, ama los dulces como cualquier niño de su edad, aunque debo confesar que también soy débil ante algunas golosinas.
—Cami, si mamá no me compra un chocolate, ¿me lo compras, tú? —sonrío ante el cuestionamiento de mi pequeño hermano que no deja de tirar con fuerza de mi mano deseando que lleguemos más rápido a la vitrina de chocolates.
—Claro que no. Cuando comes chocolates por la noche no paras de hablar y no me dejas dormir, invades mi habitación convirtiéndome en tu víctima a causa de tus inagotable batería.
—Anda, Cami. Mañana no es día de colegio, podemos dormirnos a la hora que queramos —insiste dándome jalones.
—Mejor espera a que papá venga. No ha de tardar —digo sabiendo que Thiago se vuelve a un más hiperactivo cuando come chocolates, además de ser un testarudo imposible de hacer entrar en razón.
Veo hacia el elevador que proviene del estacionamiento subterráneo cuando escucho el ligero pitido que anuncia que las puertas se abrirán, espero que papá ya haya encontrado donde aparcar el coche.
—Mira, allí viene —señalo a papá que viene con el rostro agachado al salir del elevador.
Le sonrío a Thiago al verlo emocionado, papá jamás le niega nada, y sé que el hecho que le compre los chocolates será mi sentencia para no dormir, a mi hermanito se le da por platicarme mil cosas cuando tiene insomnio, debo admitir que adoro que lo haga, pero hoy me siento agotada después de haber pasado el día entero fuera de casa.
Vuelvo a ver hacia papá y mi sonrisa se borra cuando él levanta el rostro, veo que lo trae cubierto en sangre y un sujeto detrás de él apunta a su espalda con un arma mientras sostienen sus manos amagándolo, un par de sujetos más vienen detrás, también armados, instintivamente atraigo a Thiago hacia mí para protegerlo mientras no dejo de ver el destrozado rostro de papá.
Veo hacia mamá, quiero gritar pero parece que las palabras no salen de mi garganta. Las personas a nuestro alrededor empiezan a gritar cuando notan que los hombres están armados, los gritos y el revuelo atraen la atención de mamá.
Me encuentro paralizada esperando que nada peor suceda, siento mi cuerpo entero temblar como una gelatina y Thiago presiona fuerte mi mano mientras con la otra lo mantengo envuelto en un intento de protección que sé será fallido si los sujetos deciden dispararnos.
—¡¡¡Abajo, Thiago. Camila, al piso!!! —escucho el grito de mamá en tanto estruendosas detonaciones provocan que mis oídos duelan.
Tapo mis oídos en un acto reflejo dejando a Thiago escapar de mi lado. Me quedo inmóvil sólo observando la pequeña silueta de mi hermano que corre con desesperación hacia mamá. Mi corazón tamborilea con arritmia haciéndome sentir que el aire se escasea.
Dejo de ver a mi hermano cuando los gritos de mamá vuelven a dirigirse a mí, mis ojos se inundan llenos de terror, no sé cómo reaccionar.
—¡¡¡Ahora, Camila, al suelo!!! —vuelve a gritar con desespero. Mi mandíbula tiembla como si estuviese en un congelador, incluso escucho en medio del caos como mis dientes chocan entre sí— ¡¡¡Thiago, detente!!! —grita enseguida.