Reacciono y corro de prisa para abrazarlo, lo llevo al piso colocándome sobre él como escudo humano, no quiero que le hagan daño. Tiemblo al igual que Thiago y tratado de mantenerlo en el piso aún cuando él no deja gritar y de moverse intentando escapar de mis brazos, mi mandíbula tiembla tanto que su tiritar parece más ruidoso que la risa del sujeto que acaba de arrebatarle la vida a mi madre.
La escena se repite en mi cabeza como si fuese una grabación hecha para torturarme. Mamá ya no estará más conmigo. Atraigo más a Thiago a mi pecho estrujándolo.
—Que emotiva despedida —el sujeto se burla enseguida tratado de controlar su risa.
Levanto la mirada dirigiéndola hacia los pies del asesino, camina en dirección a papá y mi corazón se comprime aún más, quedaremos huérfanos. Elevo un poco el rostro hasta encontrarme con el de mi padre, llora incontrolable viendo el cuerpo de mamá.
Trato de controlar inútilmente mi tembloroso cuerpo en tanto no dejo de presionar el cuerpo de mi hermano que llora de forma ruidosa. Siento que mi vida a terminado. ¿Qué haré sin mamá, qué haré si sobrevivo?
—¡Te metiste con las personas equivocadas, César! —dice el otro hombre a papá dándole un fuerte golpe que lo deja casi inconsciente, aún así no les basta y varios de ellos patean su cuerpo inerte.
Cierro los ojos y abrazo fuerte a Thiago que llora sin consuelo al igual que yo, una de mis manos va hacia los ojos de mi hermanito para que no vea como masacran a golpes a nuestro padre.
Papá gime de dolor mientras los golpes no cesan. Escucho que unos pasos se dirigen hacia nosotros y levanto un poco la cabeza para ver, el sujeto que ha asesinado a mi madre camina hacia nosotros con el arma en su mano, como si fuese imposible mi corazón se acelera aún más, agacho nuevamente la cabeza apretando los ojos mientras estrujo a Thiago sabiendo que tendremos el mismo destino que mamá, no estaré sola con mi hermano, estamos por unirnos a mamá.
De pronto sirenas se escuchan a la distancia y escucho a los hombres marcharse de inmediato, los pasos apresurados se alejan dejando en silencio el lugar.
Thiago y yo, corremos hacia nuestros padres, me arrodillo frente a papá tratando de despertarlo. Mi hermano en cambio corre hacia el cuerpo sin vida de mi madre.
—¡¡¡Mamááááá!!! —grita él.
Veo como sacude el cuerpo de mamá que se encuentra en un charco de sangre, su sangre.
Yo no dejo de llorar pero sé es papá quien sobrevivirá, es una esperanza que no quiero abandonar. Esta inconsciente, casi desfigurado y respirando con dificultad.
—¡Papá! —lo sacudo con cuidado— ¡Debes despertar, no puedes dejarnos solos, anda, papá; abre los ojos! —insisto tratando de controlar mi llanto— ¡Te lo suplico, papá. No me hagas esto! ¿Qué haré con Thiago, papá? ¿Qué haré sin ti ahora que mamá ya se ha ido?! —grito entre llanto.
La respiración de papá cada vez parece más pesada y eso me asusta aún más, no podemos quedarnos huérfanos. No tenemos a nadie más, sólo éramos los cuatro. Me repito en mi mente. Si papá muere no sabré que hacer, quizá hubiese sido mejor que ese sujeto nos matara a todos.
Siento la presencia de varias personas a nuestro alrededor, sujetos que desaparecieron cuando todo sucedía ahora salen de sus refugios para observar tan fatídica escena. No estuvieron allí para socorrernos pero ahora los atrae el morbo de un par de cuerpos tendidos en piso, ahora se sienten atraídos como si fuésemos los animales de un circo.
—¡A un lado! —escucho la voz de un hombre sonando con autoridad— Vamos ayudarlo —dice en un tono suave cuando llega hasta mi lado, comprendo que es un paramédico y le doy espacio para que atienda a mi padre.
Observo aún sentada sobre el piso como intentan estabilizarlo y suplicio al Hacedor que mi padre siga a nuestro lado. No quiero quedarme sola, no podemos quedarnos solos, esto duele demasiado, perderlos me está pulverizando.
—¡¡¡No, no, no. Ella está viva!!! —escucho los gritos de Thiago y veo hacia él, se aferra al cuerpo de mi madre. Me pongo de pie para correr hacia él.
Lo envuelvo entre mis brazos para alejarlo de mi madre pero él se rehúsa a quedarse conmigo. Lloro compartiendo el dolor de mi pequeño hermano y veo sus pequeños brazos cubiertos de sangre al igual que toda su ropa, ¿cómo podremos superar esto? La imagen de mi madre en un charco de sangre con sus ojos enrojecidos, huellas de sus últimas lágrimas quedará clavada para siempre en mi memoria.
—¡¡¡Mamita, abre tus ojitos!!! —grita escapándose de mis brazos y abraza el cuerpo de mi madre nuevamente— ¡¡¡No hagan eso!!! —le suplica a los paramédicos quienes intentan colocar una manta sobre el c*****r de mamá— ¡¡¡Ella no va a dejarnos. Ella me ama!!! —grita casi afónico, parece hiperventilar— ¡Soy su bebé, no me va a dejar solo! —acaricia el rostro de mamá y junta el suyo al de ella recargando su peso en sus pequeñas palmas sin importarle estar en los charcos de sangre de mi madre.
—Thiago —le hablo con dulzura intentando alejarlo de nuevo colocándome de rodillas a su lado—, anda, ven. Ella ya no nos escucha —digo llorando y con aquellas palabras golpeando mi más terrible realidad, hemos perdido a mamá—. Yo cuidaré de ti, anda, Thiago ¡Por favor! —le suplico y él se lanza a mis brazos haciéndome caer sentada y él sobre mí llorando ruidosamente.
—Vamos a estar bien —le prometo estrujándolo y sin saber si lo que le digo pueda cumplirlo.
Un paramédico se nos acerca mostrándonos una sonrisa que parece forzada porque en su mirada sólo hay lástima, siento como una manta envuelve mi cuerpo desde mi espalda mientras el "risueño" paramédico envuelve el cuerpo de Thiago con una manta igual sin alejarlo de mí, se coloca de cuclillas quedándose a mi altura.
—También a ustedes hay que revisarlos —su mirada se posa en la mía ayudándonos a colocarnos de pie.
Thiago y yo, nos quedamos quietos mientras el chico nos revisa y otras personas aparecen llevando consigo un sin fin de maletas.
Cintas amarillas son colocadas y personas con guantes blancos rodean el cuerpo de mamá que ya se encuentra cubierto con una blanca sabana que de a poco se vuelve carmesí. Ahora sólo somos mis padres, mi hermano, los paramédicos y una multitud de sujetos que parecen ser profesionales forenses y ministeriales que han desalojado el lugar en cuestión de minutos.
Parpadeo un poco viendo todo como si fuese una imagen grabada en cámara lenta, mi vida hasta hace algunos minutos era perfecta y, ahora sólo es devastación y dolor.
—¿Papá también morirá? —me cuestiona mi hermano atrayendo mi atención.
—No —le aseguro—. Él no puede dejarnos solos —las lágrimas vuelven a inundar mis ojos empapando mi rostro.
—¡Despejen el área y llévense a los menores! —habla un sujeto alto de imponente porte cuando llega al lugar.
Veo hacia la mujer que nos atiende con ojos de súplica para que no obedezca a su orden. No quiero alejarme de papá hasta saber que estará bien.
—¡Hola! —nos saluda otra mujer vestida de ejecutiva cuando queda frente a nosotros. No respondemos, sólo la observamos sabiendo que ahora todo es incierto— Soy Makela —nos dice sonriente. Sus ojos son tan azules como los míos y nos ve compasiva—. Los llevaré conmigo —nos informa y yo me coloco de pie como un resorte.
—¡No! —digo con determinación estando asustada. Sé que mi tono es tembloroso, no hay nada estable en mí.
—No te asustes —me dice colocando su mano en mi hombro—. Trasladarán a tu padre al hospital y ustedes estarán con él cuando los médicos hayan hecho su trabajo.
—¡No! —insisto— ¡No voy a dejarlo solo! —lloro y ella acaricia mi rostro con gentileza.
—Te prometo que no tienes nada que temer —intenta sonreírme y termina mordiéndose el labio inferior—. Harán lo posible para salvarlo, te lo prometo —extrañamente su voz se quiebra y aclara su garganta para recuperar el tono.
Su mirada parece sincera, quiero creer que aún cuando acabo de conocer el lado más vil de la humanidad debe prevalecer en mi interior que no todas las personas son monstruos queriendo destruir y hacer daño.
—¿Él se pondrá bien? —cuestiona Thiago.
—Ven ese grupo de personas a su alrededor —nos señala hacia papá, Thiago mueve la cabeza diciendo que «sí»—. Lo están estabilizando para poderlo trasladar al hospital, allí el mejor grupo de médicos de la cuidad lo atenderá. Ustedes de momento deben acompañarme —extiende su mano hacia Thiago para tomar la suya.
—¿Mamá nunca volverá abrir los ojos? —cuestiona colocándose de pie ya de la mano de la desconocida. Sorbo por la nariz viendo hacia el cuerpo de mi madre.
Quiero romperme nuevamente, desgarrar mi ser hasta quedarme en pedazos que nunca puedan ensamblarse, quizá así pueda dejar de sentir que todo en mi vida ha perdido sentido.
—Amiguito —ella se coloca de cuchillas tratando de quedarse a la altura de Thiago—. Tu mami siempre estará aquí —pincha suavemente el pecho de mi hermano del lado de su corazón.
Yo sin poderlo evitar vuelvo a llorar sabiendo que jamás volveré a ver a mamá. No comprendo por qué tuvo que pasarnos eso, ella era mujer más dulce y buena del mundo.
Sin dejar de llorar caigo de rodillas tapándome el rostro. A mis diecisiete años he presenciado como un sujeto le ha arrebatado la vida a mi madre. ¿Qué voy hacer ahora sin ella y si mi padre muere?, ¿cómo enfrentaré la vida siendo responsable también del bienestar de Thiago? Cuando siquiera sé si puedo ser responsable de mi propia vida.
Siento un par de brazos rodear mi espalda creyendo que un abrazo puede consolarme cuando eso es imposible, mi alma esta destrozada y es un daño irreparable. Me resisto a que me toquen cuando me han colocado de pie.
—Vas a estar bien —susurra una voz tratando de calmarme cuando me remuevo para escaparme de sus brazos, dejo de luchar y siento aquellos brazos suavizarse.
Respiro agitada, empujo al sujeto logrando escapar para correr hacia mamá. La abrazo por encima de la sábanas sintiendo su aún tibio y laxo cuerpo.
—¡¡Mamá, despierta ahora!! —exijo desesperada, inconsciente de mi acción, pero enloquecida por el dolor— ¡No me vas a dejar. No tienes derecho, mamá! —sacudo su cuerpo logrando que la sabana se deslice dejando su rostro descubierto, ahora que sus ojos se encuentran cerrados y tiemblo.
—No hay nada que hacer —escucho la voz de nuevo del sujeto desconocido a mi espalda—. Sólo te queda ser fuerte, tu hermano ahora te necesita.
Giro mi rostro hacia Thiago quien se esfuerza por escapar de lo brazos de Makela mientras lo intenta mantener abrazado.
—¡Camiiiiiii! —le escucho gritar y corro hacia él para abrazarlo.
—¡Perdón, perdón! —lo estrujo— Voy a estar aquí, Thiago. Yo jamás te voy abandonar —lo estrujo más fuerte y él se aferra a mí.
—Yo tampoco voy abandonarte, Cami —me dice mi pequeño hermano cuando me rodea con sus brazos—. Vamos a estar juntos siempre, mi mamá vive aquí —repite lo que Makela le ha dicho alejándose un poco para pinchar mi pecho en el costado de mi corazón, su vocecita se corta haciéndome notar que su dolor es tan inmenso como el mío pero que trata de ser fuerte, quizá él piense que debe mantenerse firme en medio de todo este dolor.
Lo atraigo hacia mí y lloro desconsolada abrazando a mi hermano. Pero aún en medio del dolor a mi mente llegan dos nombres: “César y Fabiola”.