FERKON
Un fuerte golpe en mis costillas provoca que despierte de un sobresalto, presiono mi lado dolorido e intento no enfadarme, es mi recurrente despertar cada fin de semana y durante las vacaciones cuando se supone que puedo dormir hasta tarde.
El pequeño remolino que tengo por hermano es el asignado a despertarme cuando ya pasa del mediodía, él siempre logra hacerlo de la manera menos sutil, aunque sé que no lo hace de forma maliciosa, Ferrell es demasiado inquieto y todo pareciera querer hacerlo saltando como un mono que acaba de ver una pila de bananas.
—¡¡¡Despielta, despielta, despielta!!! —grita Ferrell mientras salta sobre mi cama estando en su gracioso disfraz de conejo.
Bueno, debo decir que él es un pequeño ser de múltiples personalidades animalescas, cada mañana es una cosa distinta, “vivo en un zoológico” gracias a la imaginación de mi hermano.
—¡Anda, quedan pocas vacaciones y no has estado conmigo! —habla alto sin dejar de saltar por toda mi cama, un día de estos se le acabará el colchón y terminará estrellándose en el piso.
No puedo evitar sonreír ante su reclamo, Ferrell quisiera que me la pasara jugando con él el día entero, es un niño demasiado activo que pareciera tiene unas baterías inagotables.
Trato de ignorarlo, muero de sueño; anoche he llegado de Bahía. Mis amigos y yo, decidimos pasar un par de semanas en la playa, y vaya que ese fue un gran viaje.
—¡¡¡Despieltaaaaaaaa!!! —grita a mi oído provocando un pitido, aprieto los ojos mientras tapo mis oídos tratando de aminorar el chillido.
—Enano…
—Tonejo, soy un tonejo —me corrige—, mira, salto salto —vuelve a saltar por toda mi cama.
—“Tonejo”, son las diez de la mañana —digo al ver la hora en mi despertador—. Se supone que durante las vacaciones puedo despertar a la hora que desee. Vete a j***r a Bruno, seguro que ese matado se ha despertado desde las siete y ha de tener metida la cara en alguno de sus libros —coloco mi almohada tapando mi rostro pero de nada sirve, Ferrell no deja de saltar.
Sé que mis intentos por hacer que Ferrell salga de mi habitación y me deje dormir son imposibles, él jamás sede en nada, es un pequeño consentido por todos en casa y de forma poco perspicaz siempre termina saliéndose con la suya.
—Bruno coloca el seguro a su puerta y él no es mi hermano —me quito la almohada del rostro y veo hacia él—. Además me ve feo cuando grito.
—¿Bruno te ha reprendido alguna vez?
No voy a permitirle a mi hermanastro quiera hacer algo en contra de mi hermanito aún cuando este sea un completo fastidio. Si yo soporto sus travesuras y muchas veces insoportables conductas, cualquier otro sujeto debe hacerlo, de lo contrario tendría que vérselas conmigo.
—Nop —responde sin dejar de saltar, no entiendo como nunca se cansa—. Es buen chico pero es un gruñón. Es todo serio y cuando entro a su habitación se enfada porque toco sus cosas —deja de saltar y se deja caer de pompas a mi lado.
—¿Qué te ha dicho? —indago.
Mi madre y el padre de Bruno tan sólo llevan un par de meses casados por tanto nuestra convivencia con Bruno aún no es tan estrecha. Bruno es un sujeto sumamente responsable, se la pasa pegado a sus libros y con sus mil actividades extraescolares me parece un tanto chocante y engreído aunque me llevo bien con él, como dice Ferrell, es un buen chico.
Cuando mi madre nos presentó me hice a la idea que lo fastidiaría porque a kilómetros se percibía su idea de superioridad, pero con el tiempo le fui conociendo y entendí que me había dado una mala impresión, Bruno es un chico que sólo parece interesado en la ciencia y el conocimiento que sus amados libros pueden brindarle, quiere ser siempre el mejor en cada actividad que realiza y se esfuerza demasiado por ello, es bastante disciplinado, parece el hijo perfecto que todo padre quisiera tener; a mí me parece aburrido, pero es su rollo, si ello le hace feliz y a mí no me afecta que sea una polilla de biblioteca, me da igual.
—Hace algunos días hice un dibujo y me dijo que las páginas blancas de sus cuentos no son para dibujar.
—¿Te gritó?
—Nop, me enseñó a escribir mi nombre en el dibujo que hice y después me regaló muchas hojas para pintar. Es gruñón pero es bueno —insiste.
Me alegra que a pesar de lo serio y reservado que es Bruno sea un buen sujeto con mi hermano, si fuese diferente seguro ya le hubiese partido la cara.
—Y tú, eres un tocón —lo ataco con cosquillas y el ríe sin parar.
—¡¡¡Ya déjame, ya déjame; no más cosquillas, no más cosquillas!!! —habla con dificultad entre su ataque de risas y siento una patada en los genitales que hace que me retuerza de dolor.
Maldito tino que siempre tiene mi enano hermano, un día me enteraré que soy estéril gracias a él.
—Franko me enseñó —Ferrell habla como si nada mientras corre por el control de mi televisor y salta de nuevo a la cama con él en manos—. Dijo que es una zona vulverable...
—Vulnerable —lo corrijo entre gemidos de dolor.
—Eso dije: vulverable —repite—. Que seguro te derribaba, me enseñó muchos golpes para darte —se tira en mi cama quedando de revés con la vista puesta en el televisor al encontrar un programa que parece ser uno de los que le gustan.
Mi estúpido gemelo es un completo idiota, la próxima vez que lo tenga en frente le romperé la cara por enseñarle este tipo de cosas al saltamontes.
—A ese hijo de su puto padre, voy a molerlo a golpes como te siga enseñando estupideces —digo casi recuperado y le arrebato el control para apagar el televisor.
—¿Por qué le dices hijo de p... —le tapo la boca para que no complete la oración.
No pretendo que mi madre escuche salir una mala palabra de los labios de Ferrell y este me acuse de inmediato diciendo que he sido quien se lo ha enseñado porque estoy seguro que me haría merecedor a no salir durante lo que resta de las vacaciones, porque si hay algo de debo reconocer es que mamá suele ser demasiado drástica a la hora de imponer un castigo.
—Si mamá te escucha decir eso estaré en problemas, así que jamás repitas esa palabra —asienta con la cabeza y le suelto la boca.
Siento una mordida en mi mano antes de que la aleje, me quejo atrayéndola a mí.
—¿Por qué carajos hiciste eso? Ya te había soltado —le recrimino pero me ignora por completo. En ocasiones pienso que Ferrell no sólo es travieso, sino que está algo deschavetado.
—Franko es nuestro hermano y parece que te llevas mejor con el gruñón de Bruno que con él —retoma el tema sobre mi idiota gemelo.
Achico los ojos al escucharlo, si bien no soporto a Franko, tampoco me llevo tan estupendo con Bruno para que diga eso, seguramente esas son palabras de mi padre o del mismo imbécil de Franko, que para el caso, él y nuestro padre son igual de idiotas, me da tanto gusto ya no tener que verles la cara a diario.
—Franko no es mi hermano —me tiro sobre la cama viendo al techo.
—Si lo es, es hijo de papá y mamá. Entonces es nuestro hermano —vuelve a su actitud de liebre saltarina.
—No lo entenderás, así que ahora salte de mi habitación que volveré a dormir. Ve j***r a Bruno, interrumpe su maravillosa dedicación a sus “amigos” los libros y hazle otro dibujo en sus páginas blancas —digo sonriendo cerrando los ojos al colocar mi brazo sobre ellos.
Sé lo mucho que Bruno ama los libros, ya me imagino su cara cuando Ferrell le hizo el dibujo en uno de sus intocables escritos. No entiendo como siendo tan joven puede ser tan aburrido, yo a su edad ya tenía a varias chicas en mi lista de conquistas y seguramente él no ha besado siquiera a una.
—Bruno está con Cami, no leyendo un libro.
—¿Cami?, ¿quién es Cami? —cuestiono viéndolo nuevamente.
«¿Acaso no me he enterado que Brunito tiene novia?» me cuestiono mentalmente. Quizá sucedió en estas dos semanas que estuve en Bahía, de ser así, que bien se lo tenía escondido el mojigato.
—Es la hija de los nuevos vecinos, llegaron hace días y somos todos amigos. Es muy bonita, cuando sea grande será mi novia —habla agitado por la cantidad de saltos que ha dado.
—Vaya par —dice mi madre cuando se asoma a mi habitación— ¿Acaso no te dije que llamaras a Ferkon a desayunar? —cuestiona a Ferrell, con un falso enfado— Anda, vístete —mamá esta vez se dirige a mí—, vamos a desayunar.
—En esta casa no se puede dormir en paz —hablo derrotado—. Mañana le pondré el seguro a mi puerta —le advierto a Ferrell apuntándolo con mi dedo índice.
Me pongo de pie para bajar al comedor en pijama, pero mamá me detiene colocando su mano en mi torso para evitar que avance. Mamá siempre tan formal.
—Ponte ropa, jovencito. Tenemos invitados... a menos que quieras darle una mala impresión a una dulce niña que acaba de mudarse a la casa de enfrente —me informa mamá sonriendo maliciosa.
Arrugo el ceño, mamá siempre me pide que no baje en pijamas a la mesa, cosa que en ocasiones paso por alto y más aún cuando estamos de vacaciones, se supone que los recesos de clases son para estar a gusto, ¿pero hoy es por una “linda chica”?, ¿qué mosca le picó a mamá? ¿Desde cuando quiere que me interese en una chica? Se la pasa repitiendo que debo de centrarme en mis estudios en lugar de estar de promiscuo. Incluso tengo una llamada de atención por haber reprobado el primer año de bachiller junto con Franko, cuando ese idiota era mi cómplice en todo.
—¿Y por qué habría de importarme quedar bien con la nueva vecina? —Achico los ojos, a la espera de la respuesta de mamá— ¿Quieres que la haga mi novia o qué? Porque eso sería muy extraño —abundo haciéndola sonreír.
—No, Cami ya es novia de Bruno —dice Ferrell al pasar saltando junto a nosotros como un conejo.
—¿Y cómo pretendes que sea tu novia si ya es la de Bruno? —cuestiono a Ferrell quien vuelve dando de saltos.
—Ahora no, bobo —me da un punta pie.
—¡Ouch! —me quejo.
—Será mi novia cuando crezca —vuelca los ojos y sonrío—. Cami tiene ojos del color del mar —abunda alejándose dando saltos.
—Es muy linda, así que créeme que te arrepentirás si bajas en pijama —mamá sonríe y se gira para salir de mi habitación.
Sonrío no creyendo el extraño actuar de mi madre, me pregunto qué habrá visto en mi nueva vecina como para que esté tan insistente en verme presentable, ahora la curiosidad me ataca y no pienso más que en conocer a la enigmática chica que mamá pretende presentarme.