Juego con mi desayuno pensando que tan cierto será el que nos asentaremos en Yeda. Jamás hemos estado en un lugar por mucho tiempo desde que tengo memoria. Mi padre a penas recibe nuevas indicaciones de su singular trabajo y enseguida tenemos que cambiar de pueblo o ciudad. Es tan extraño que ahora estén pensando asentarse en esta ciudad, pero más aún raro que mis padres estén buscando un colegio para que Thiago y yo estudiemos. Nuestra preparación académica siempre ha estado a cargo mi madre y de profesores en línea.
Puedo decir que soy una chica bastante responsable, pero hace un año después que papá nos dijera que al final teníamos que movernos nuevamente de ciudad cuando nos prometió nos quedaríamos a vivir en Nevadas; me sumí en la rebeldía suspendiendo mi año escolar, decidí no certificar mi nivel y ahora tendré que cursar nuevamente el segundo año de bachillerato puesto que no validaron la documentación del último año, aquello sin duda fue una mala decisión.
Ahora sólo espero poder ser una adolescente normal, tengo diecisiete años y nunca me he enamorado, anhelo conocer a un chico con el cual pueda sentir ese sentimiento que dicen te eriza la piel, mi primer amor, pero eso es imposible cuando nunca convivo con ninguna persona de mi edad, espero que todo cambie.
—Cariño, ¿no tienes apetito? —me cuestiona mamá desde el otro lado de la mesa.
—Mamá, ¿en verdad nos quedaremos a vivir aquí? —evado su pregunta al cuestionar deseosa que la respuesta sea un sí.
Vivir de un lugar a otro es realmente deprimente, jamás he tenido amigos y extrañamente nunca habíamos entablado amistad con ningún vecino. Siempre vivíamos en lugares casi aislados sin vecinos por kilómetros.
—Sí, mi amor —responde con una enorme sonrisa y yo sonrío al igual que ella. Al parecer por fin tendremos una vida normal.
Trato de que mis sentimientos se mantengan escondidos en mi interior, quiero gritar de emoción, lo que he anhelado por mucho, por fin se hará realidad. Muerdo ligeramente mis labios reprimiendo mis lágrimas de alegría, mamá al notarlo me sonríe extendiendo la mano hasta tomar la mía. «Te amo», leo de sus labios y le sonrío agradecida.
—Podré tener amigos —dice Thiago con la boca repleta de frutas pero con sus chispeantes ojitos llenos de ilusión— ¿Ferrell va al mismo colegio donde iremos Cami y yo? —cuestiona y yo sonrío.
A pesar de la diferencia de edades entre ellos en tan sólo un par de semanas han forjado una gran amistad. Es palpable que mi hermano necesitaba de un amigo al igual que yo y Ferrell es un niño muy dulce, que se ve también adora mi hermano.
Aún cuando nuestras familias apenas si se conocen, nos hemos tomado mucha confianza, Ferrell suele venir a casa a comer con nosotros.
—Sí, mi amor; pero Ferrell estará en el edificio de preescolar y tú en el nivel básico. Así que tampoco Cami estará contigo. Porque ella estará en el edificio de bachillerato —responde mamá.
—Pero harás otros amigos —le habla papá sonriendo y tomando su pequeña mano.
—Lo sé, pero me gusta jugar con Ferrell y quería cuidarlo —sonrío al escucharlo.
Me encanta que Thiago tenga tan buen corazón y sin duda es un niño muy protector, siempre que Ferkon me molesta él sale en mi defensa y Ferrell se convierte de inmediato en su aliado. Ferkon es tan idiota. De todo lo bueno que está por venir para mí, el idiota de Ferkon es lo único negativo, como detesto tener que verlo.
Escucho el timbre sonar y me pongo de pie para ser quien abra la puerta. Camino emocionada sabiendo que por fin podré socializar con chicos de mi edad, si bien Ferkon es una piedra en el camino, bien puedo esquivarla, me costará ignorarlo, pero debo lograrlo porque no permitiré que arruine mi nueva maravillosa vida.
Tomo el picaporte de la puerta para abrir y vuelco los ojos al ver a Ferkon frente a mí. Espero no haberlo invocado con mis pensamientos porque eso sería el colmo. Su fastidiosa sonrisa no se hace esperar y trato de controlar mis demonios repitiéndome internamente que su presencia no debe afectarme, no arruinará mi momento.
—¡Hola, Ca-mi! —me saluda con su tono fastidioso, sólo vuelco nuevamente los ojos sabiendo que pretende molestarme con lo de “Cami”.
Es un sujeto tan inmaduro, lo único que me resulta desagradable de este lugar es tenerlo como vecino, si él no viviera en la casa de enfrente todo sería perfecto. Sonrío ante cada uno de mis pensamientos.
—Sin duda estoy en tu cabeza —habla sonriente sacándome de ellos.
—Y cada pensamiento dedicado a ti es con el sólo deseo que te mudes de planeta —finjo una sonrisa.
—Aún así… —pellizca suavemente mi mejilla y yo manoteo su brazo para que deje de hacerlo— estoy aquí —pincha mi sien con el dedo índice—. Soy especial para ti, aún cuando lo niegues, sé que lo soy —no deja de sonreír y yo me encuentro mas que fastidiada con su insoportable forma de ser.
Desde que nos conocimos en el desayuno en su casa hace una semana se la ha pasado fastidiándome con total sutileza para que los demás no se den cuenta del doble sentido de cada uno de sus comentarios dirigidos a mí.
—Ferkon, ¿qué quieres? —lo cuestiono hostil. Él sonríe y se acerca a mí dejando su rostro casi pegado al mío, le mantengo la mirada para que sepa que no me intimida.
«¿Acaso piensa que su cercanía debe desestabilizarme?», seguramente el idiota está acostumbrado a que las chicas sucumban ante su linda cara y piensa que su absurdo método funcionará conmigo, que equivocado está el muy descerebrado.
—¿Ves que soy especial para ti, hermosa ojiazul?, sabes diferenciar entre Franko y yo.
—Son las dos caras de la moneda —hablo indiferente cruzándome de brazos.
Sería imposible confundirlos, son distintos a pesar de ser idénticos físicamente y lo particular en ellos es que Franko tiene los ojos más negros que jamás he visto, son extrañamente fascinantes.
Mientras Ferkon tiene esa sonrisa de chico idiota que no borra de su cara, es como si quisiera fastidiar a medio mundo fingiendo ser un chico agradable mientras a mí me fastidia a cada oportunidad, un autentico doble cara.
—Niégalo cuanto quieras, sé que soy especial para ti —me guiña un ojo provocando con su comentario que vuelva a volcar los ojos una vez más. Si sigo así terminaré bizca gracias a él.
—¡Cariño, ¿quién es?! —escucho la voz de mamá.
—Soy Ferkon, Fedra —responde sin alejarse de mí— Cami, me encanta como brillan tus ojos cuando te enfadas, así que da por hecho que seguirá siendo mi pasatiempo favorito —sin esperármelo estrella brevemente sus labios en los míos para después adentrarse a mi casa.
Hago de mis manos puños intentando controlarme para no romperle la cara. Es un completo idiota, ¿qué se ha creído? Camino detrás de él hasta el comedor sintiendo la sangre hervir y unos deseos enormes de asesinarlo.
Prometo que un día de estos no podré controlarme y terminaré estrellando mi palma en su “linda cara”, sin importarme que mis padres o Leonora se encuentren presentes.
—¡Buenos días! —se muestra amable al saludar a mis padres.
—Buenos días…, ¿Ferkon o Franko?—responde y cuestiona a la vez mi padre estrechando su mano.
—Es Ferkon —respondo acercándome a mi lugar, y por supuesto él sonríe con amplitud.
—Sí. Cami sabe diferenciarnos, lo cual agradezco puesto que Franko y yo, no somos los mejores hermanos, de hecho no nos soportamos.
—¡Lo lamento! —dice papá.
—¿Siquiera tu hermano te soporta? —cuestiono sonriente.
—No. Yo no soporto a los traidores y mi hermano es uno de los sujetos más mentirosos que jamás podrás imaginar. Créeme no es muy conveniente que te lleves con él.
—“Claro”, y se lo pregunto a Franko dirá que tú eres una mala influencia, lo cual es más creíble —Ferkon ya no dice más, sólo sé encoge de hombros mostrándose indiferente a mi comentario.
Si lo que pretende es que piense que Franko es un mal chico, sólo pierde el tiempo, su gemelo inteligente me ha demostrado que el que sean idénticos no los hace iguales. Franko es un chico amable y bastante caballeroso; todo lo opuesto que Ferkon.
No puedo evitar sonreír al recordar a Franko y su maravillosa caballerosidad, él es de los chicos a los que con facilidad se les da invadir tus sueños, vaya que si Franko ha estado en mis sueños las últimas noches. Él es versión bonita de Ferkon en todos los sentidos.
—¿Ya desayunaste? —cuestiona mamá con una enorme sonrisa al desviar el tema y regresándome al momento.
No comprendo como le puede agradar tanto el idiota de Ferkon. Bueno, sí entiendo, es un sujeto idiota que engaña con su boba sonrisa y su falda amabilidad, detestable en verdad.
—No, Fedra; te agradezco. Mamá me ha enviado para invitarlos a comer a un restaurante de comida brasileña, dice que te ha estado llamando al móvil, pero no respondes así que me ofrecí como voluntario hacerles la invitación —me ve y mamá sonríe al notar la mirada de Ferkon puesta en mí.
Espero que no esté pensando que entre este simio y yo pueda darse algo porque si hay algo que tengo plenamente claro es que jamás me fijaría en un sujeto tan nefasto como Ferkon. En todo caso preferiría enamorarme de Franko que es físicamente idéntico a él, pero con una forma de actuar totalmente distinta.
No pretendo que el primer chico con el que salga sea uno tan fastidioso. Yo quiero un amor romántico, como el de una novela, un amor bonito.
—Entonces siéntate —le pide mamá y ella se pone de pie—. Desayunaras con nosotros por ser el amable voluntario.
—Yo, iré por el plato —digo evitando que mamá se mueva de su lugar.
—Te acompaño —habla el imbécil caminado detrás de mí.
“Genial”, le he dado oportunidad para fastidiarme más. Escucho sus pisadas a mi espalda, prometo que intento controlar mis demonios internos para no asesinarlo, pero me resulta imposible cuando pareciera que sólo piensa en molestarme a penas me ve.
—Vuelves hacer eso y te prometo que no te quedarán dientes —le advierto acorralándolo a la pared y colocando mi antebrazo en su garganta en cuanto entra a la cocina. Él sólo sonríe con amplitud.
No soy una chica indefensa y eso debe de quedarle claro. Suficientes han sido los años en los cuales papá me ha enseñado defensa personal y es con Ferkon que me veré obligada a practicarlos si sigue portándose como un idiota.
—¿Qué no debo hacer? —me cuestiona y presiono más su cuello, aún así no hace maniobra alguna por alejarme o zafarse de mi amague.
—No estoy jugando, Ferkon. No sé con qué tipo de chicas estés acostumbrado a tratar pero yo no soy de las tontas que caen a los pies de un patán, que te quede claro, jamás he salido con nadie y un sujeto tan nefasto como tú no será el primero, no tengo tan poca estima para sucumbir al falso encanto de un imbécil como tú. Esto no será el amor cliché de una trágica novela que terminará en un felices por siempre.
—¿Qué no debo volver hacer? —insiste como si no hubiese escuchado nada de lo que he dicho. No respondo, sólo mantengo mi mirada en la suya y mi brazo presionando su garganta. Le rompería el cuello de serme posible.
¿Cómo puedo sentir tanta rabia por su actuar en cuestión de segundos? Ahora pienso que le ha sido muy fácil sacar de mi interior ese deseo que querer romperle el cuello pensando que es la única solución para que me deje en paz. Que horror pensar en convertirme en una asesina por este idiota sin neuronas.
—Si sabes lo que te conviene dejarás tu juego estúpido —quito mi brazo y me alejo de él para ir por el condenado plato.
—¿Qué no debo hacer? —vuelve a cuestionarme tomándome por la cintura y habiéndome girar estrepitosamente hacia él. Intento sacarme sus brazos sin tener que hacer un escándalo.
Puedo defenderme y terminarlo noqueando, pero eso sería demasiado, mis padres de seguro se alarmarían y sería todo demasiado comprometedor. No por culpa de Ferkon dañaré la posibilidad de asentarnos en Yeda.
No comprendo cómo el universo me trajo hasta aquí, de todos los lugares del mundo tuvo que enviarme a donde vivía este idiota con una sola neurona funcional y apunto de atrofiarse, cuanto lo detesto.