Una vez dentro, la música clásica llegó a mis oídos, así como también aquel exquisito aroma a comida recién hecha. Todo allí era silencioso, reservado y costoso. No estaba del todo lleno, un par de meses y el resto completamente vacías. Caminamos un poco y llegamos hasta el fondo de aquel restaurante. Mi primera impresión fue su madre, quien llevaba con ella su hiyab. Conocía poco sobre ello, pero entre religiones y años de vivencia, le conocía de ese modo, y sabía que era frecuente en árabes y musulmanes. Su padre se parecía mucho a él físicamente, mandíbula marcada y fuertes brazos. Al igual que él, estaba de traje, camiseta negra y mirada fija en él. Casi evitando por completo mi presencia allí. —Hijo.—Susurró su madre al verle rápidamente.—Estás aquí.—Susurró poco a poco. Él s

