Así mismo, en solo cuestión de segundos, tomé su cuerpo con fuerza una vez más sobre el asiento. Siendo ágil y pasando mi cuerpo hasta el suyo, evitando chocar con partes del automóvil. Ahora mi cuerpo sobre el mío, no hice más que mirarle fijo.—¿A qué juegas, Hassam Vali?—Pregunté sin más.—Eres un puto laberinto sin final.—Susurré acercándome a sus labios. —Y tú eres capas y capas de sorpresa, señorita Layla.—Susurró intentando safar de aquel agarre. —Ni lo intentes.—Susurré ahora bajando mi otra desde su cuello, pasando por abdomen, desabrochando cada botón de aquella fina camisa y dejándolo completamente desnudo ante mi. Él rió y negó.—Eres peligrosa Layla, y yo que pensaba que solo eras una chica virgen y ya.—Insistió. —Te dije que era buena aprendiz.—Dije ahora llevando mis

