Una vez firmado, no hice más que respirar hondo y regresar mi mirada a él. Él se acercó poco a poco y firmó junto a mi. Luego dió dos pasos atrás, buscó otro cigarrillo y comenzó a fumar. —¿Y ahora?—Pregunté mirándole fumar. —Nada, disfruta el momento. Poco a poco tendremos el instante para que todo se dé. No te apresures, recuerda que hay mucho del cuarto rojo que no conoces aún.—Susurró acercándose a dejar salir su humo en mi rostro. —¿Y que esperas para mostrarme? Dijiste que me enseñarías, y yo ya muero por aprender.—Susurré. Él rió y ofreció aquel cigarrillo.—¿Fumas?—Preguntó sin más, pero segundos más tarde reiría y lo llevaría a su boca.—Como si las monjas fumaran.—Insistió. No hice más que quitar rápidamente el cigarrillo de su mano y llevarlo a mi boca. Inhalando poco a

