Cuando la mañana llegó, esperaba estirar mi cuerpo y recordar aquella noche, sabiendo que él ya no estaba allí y el peligro había pasado, pero en su lugar, abrí los ojos y estiré mi cuerpo, chocando con el suyo rápidamente. Puse los ojos en blanco, su automóvil seguía allí fuera y el sol ya estaba saliendo. Lo miré en silencio, su cuerpo desnudo ante el mío, sus brazos tras su cabeza y una respiración tranquila, él era casi perfecto, su cuerpo formado y los tatuajes por todo él. Quería detenerme y preguntar el significado de cada, pero probablemente no todos tenían uno, y el resto, jamás lo contaría. Estaba por despertarle cuando la puerta fue tocada ligeramente por mi madre, quién intentó pasar pero ante el seguro, no tuvo más que tocar. —¡Layla, es momento de despertar, hay que ir

